Entrevista | Las obsesiones de un novelista
Juan Gabriel Vásquez a la caza de la historia

El escritor colombiano lanza La forma de las ruinas, una novela sobre crímenes políticos, misterios del pasado y teorías conspirativas que recorren el siglo XX de su país. Acá cuenta que todo partió cuando tuvo en sus manos una vértebra de Jorge Eliécer Gaitán.  

Roberto Careaga C. 

La vértebra estaba dentro de un frasco, flotando en formol, y el cráneo envuelto en un pañuelo. La primera había recibido una bala, el segundo un golpe contundente. Dos embestidas mortales. Eran restos que también eran el testimonio de crímenes históricos: pertenecían a Jorge Eliécer Gaitán y Rafael Uribe Uribe, respectivamente, dos políticos decisivos del siglo XX colombiano que murieron asesinados en pleno ascenso al poder. Deberían haber estado en un museo, pero ambas piezas habían llegado a manos de un doctor que las guardaba celosamente en su casa y que, tras leer una novela, decidió que su autor debería conocerlos. Entonces pasó: el novelista Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) vio y tocó esos restos, quedando tan impactado que se dio cuenta de algo instantáneamente: "No solo supe que tenía una novela, sino supe que tenía que contarla yo, desde mi biografía", cuenta el escritor.

Vásquez, que hoy vive en Bogotá, habla al teléfono desde Barcelona. Está de paso en la ciudad que hace 15 años lo vio llegar, instalarse y echar a andar una carrera literaria que alcanzó dimensiones internacionales con Los informantes (2004) y la consolidación con El ruido de las cosas al caer (2011, premio Alfaguara de Novela). En esas dos novelas -la parte sobresaliente de un catálogo que incluye cuentos, ensayos y biografías- se desplegó el motivo central de su obra: rastrear el imprevisible movimiento en que la historia de su país, o incluso del mundo, termina golpeando la vida privada de personas comunes y corrientes. En la primera, la II Guerra Mundial acaba dándole a una familia colombiana un secreto del cual avergonzarse, y en la segunda, una de las últimas balas de la violencia del narcotráfico llevaba a un estudiante a buscar el origen de la guerra de los carteles de droga.

Fue el interés de Vásquez por esas zonas oscuras de la historia colombiana lo que llamó la atención del doctor que tenía en su poder la vértebra de Gaitán y el cráneo de Uribe Uribe. Ambas muertes todavía concitan dudas y disputas sobre sus verdaderos responsables. Son, de hecho, fuentes de las más intensas teorías conspirativas que acusan la intervención silenciosa de poderes oscuros a lo largo de la historia de Colombia. Y esos restos, entendió Vásquez, podrían ser piezas sagradas de los fanáticos de las conspiraciones. Esa era la novela que imaginó: se llama La forma de la ruinas , acaba de llegar a Chile y en más de 500 páginas relata el encuentro del propio Vásquez con el inquietante Carlos Carballo, un hombre obsesionado con probar que el asesinato de Gaitán, y también el de Uribe Uribe, fue digitado por fuerzas en las sombras.

Aunque el personaje de Carballo parece ser una licencia de la ficción, en La forma de las ruinas Vásquez entronca su propia biografía como escritor y ciudadano colombiano con el controvertido relato oficial de las muertes de ambos políticos. "Toda la construcción de ese narrador que tiene mi nombre y mi biografía es muy apegada a los hechos reales, porque la novela nació ese día en que yo tuve en las manos la vértebra de Gaitán y una parte del cráneo de Uribe Uribe", cuenta Vásquez. "Yo conocí a un médico que es hijo de un gran profesor de ciencias forenses de los años 60 y ese profesor, al final de su vida, por distintas razones, acabó en posesión de estos restos. Su hijo los recibió como herencia y un día me invitó a su casa para mostrármelos", agrega.

-La novela también incluye un recuento de sus anteriores libros, como si fueran la antesala para llegar a "La forma de las ruinas".

-La novela está muy anclada en la narración de los crímenes de Uribe Uribe y Gaitán, en la investigación de teorías conspirativas que existen sobre los casos, y por eso para muchos lectores eso es lo central del libro. Para mí no es así: La forma de las ruinas para mí es una reflexión sobre la manera en que los ciudadanos privados heredamos el pasado violento y eso se cuenta a través de mi propia experiencia, de cómo yo mismo he heredado el pasado violento de Colombia. Por eso es que entran mis libros ahí. Y, también, por eso está escrita desde mi propia biografía: inventarme una máscara ficticia habría disminuido la potencia de lo que significó para mí ver esos restos.

-¿Qué puede hacer la literatura ante el dilema de cómo contamos la historia?

-Hay una frase de Chejov que siempre ha sido una especie de brújula para mí: la literatura no da respuestas, se contenta con proponer las preguntas más complejas y más interesantes. Pero a partir de ahí, creo que la literatura puede iluminar la relación con el pasado. Creo que la ficción es el intento que hacemos las personas comunes y corrientes por recuperar el derecho de contar nuestra historia. Nuestros gobiernos, nuestros estados, nuestras iglesias, todo el tiempo están tratando de imponernos su versión de la historia, y contra todas esas posibles versiones oficiales lo único que podemos hacer los ciudadanos para controvertir la versión oficial es apropiarnos de nuestra historia. Y muchas veces el mejor terreno para hacerlo es la literatura. Cuando sospechamos que la versión que nos han heredado de los hechos del pasado es mentirosa o incompleta, muchas veces reaccionamos con teorías conspirativas, y a veces con novelas.

-¿Cuál es su relación con las conspiraciones?

-Como cualquier persona que se haya interesado por la historia de su país, he crecido acompañado de ciertas teorías conspirativas. En todos los países hay esqueletos en los armarios y hay hechos del pasado que se ha tratado de distorsionar. Podemos estar hablando del asesinato de Kennedy en Estados Unidos o del 23 de febrero en España; ahora mismo en Argentina hay teorías que circulan por todo el país sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman. Todos los países tienen estas teorías porque son una especie de mecanismo de defensa: surgen cuando intuimos que no nos están diciendo toda la verdad. Siempre las he mirado con algún escepticismo, pero también maravillado por la apariencia de verosimilitud que muchas veces toman e inquieto por la posibilidad de que nunca puedes descartar que tengan algo de verdad.

-¿Ve alguna similitud entre el escritor y quien formula una teoría conspirativa ?

-Escribiendo la novela caí en la cuenta de que muy posiblemente los novelistas somos simplemente "conspiranoides" que no se creen totalmente lo que están contando y, al mismo tiempo, un creyente en las conspiraciones no es más que un novelista que no ha escrito lo que cree.

-¿Se siente lejos de su generación en la narrativa latinoamericana? Se lo pregunto porque sus libros se hacen cargo de los grandes hechos de la historia de su país, algo que pareciera haber sido abandonado por otros autores a favor de una versión más íntima y privada de la realidad.

-También veo eso. Veo en los novelistas que más me interesan de mi generación una voluntad de cerrar el lente, de mirar las cosas con microscopio. Quizás es que mis influencias van más por otros lados; los libros que me han ayudado a darles forma a mis demonios, como diría Vargas Llosa, son los de Philip Roth, Don DeLillo o el mismo Vargas Llosa. Mis libros son novelas de personajes y me interesa rastrear la historia en su intimidad. Investigar el lado privado, el lado invisible de los hechos políticos. Creo que hay una exploración de la gran historia que no veo con frecuencia en otros autores, lo que tal vez me convierta en un anacronismo, cosa que tampoco me preocupa demasiado. Pero leo con mucho placer a toda mi generación, gente como Alejandro Zambra o Patricio Pron, que también se preocupan por lo que llamamos historia de maneras distintas. Es fantástico que tengamos puertas de entrada distintas a ese monstruo.

-¿Dónde están ahora la vértebra de Jorge Eliécer Gaitán y el cráneo de Rafael Uribe Uribe?

-Siguen en poder del médico que me los mostró, el doctor "Francisco Benavides". Su nombre en la vida real es Leonardo Garavito. Ha estado recibiendo demostraciones de interés de varios museos, pero todavía no en las condiciones que él quiere, así que las sigue conservando en su casa.

 


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Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano.
Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano.

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