Discusión laboral al rojo: Sindicalistas de empresas privadas tienen demandas que poco y nada se escuchan

Rechazan el clima de confrontación que se ha dado en el Congreso, se juegan por el diálogo, y advierten: la realidad de los trabajadores en el mundo de hoy es muy distinta de la que dibujan los políticos.  

Por Pilar Vergara 

Otras demandas, distintas de las que han enardecido los ánimos en el año y medio en que se ha debatido la reforma laboral; una aproximación mucho más amigable hacia las relaciones entre trabajadores y empresas; nuevas generaciones con intereses que se apartan de las tradicionales reivindicaciones originadas desde la Revolución Industrial, o las que defienden la misma CUT y los partidos políticos.

Eso es lo que encontré al conversar con dirigentes sindicales de empresas privadas, protagonistas de la discusión laboral del momento, pero que han estado abajo del escenario. Escogí a mis interlocutores aleatoriamente, entre empresas, todas muy conocidas y muy "reales": el inmenso Banco Santander; el gigante del retail que es Sodimac; AES Gener en su división de Ventanas; Lipigas, que tiene como dirigente a una mujer.

Bien dispuestos estuvieron con la posibilidad de entregar su visión de la realidad laboral que viven en sus empresas, y de la debatida reforma, la misma que los "empodera" fuertemente. Encontré en ellos apoyo para la huelga sin reemplazo y para el reconocimiento prioritario del sindicato como negociador de los beneficios y al cual a lo menos habría que pagarle las cuotas para sumarse a lo que consiga como mejoras. De la presidenta de la CUT escuché la opinión de que es inteligente, agradable, pero que su función es ser ideológica; de los políticos, que "no dan el ancho" para discutir el tema, porque no conocen las empresas. Como personas que sí conocen bien ese mundo, los dirigentes le ven a la reforma una suma de vacíos y deficiencias. Uno llegó a proponer que lo que se debió haber reformado es el Código del Trabajo completo, para ponerlo al ritmo de los tiempos. En forma pareja lamentan que la lógica del conflicto y la desconfianza cope el ambiente.

Ojo, que ellos muestran la realidad de las empresas "grandes", distinta de las medianas y pequeñas, que resienten, con razón, que se les apliquen las mismas varas. Uno de mis interlocutores me lo advertía: "lo que se discute en la reforma -salvo la negociación interempresas- no afecta a las grandes".

 "Las generaciones jóvenes aprecian sobre todo la calidad de vida"

La llegada de Carolina de Los Ríos (47) a la presidencia del sindicato Región Metropolitana-Rancagua de Lipigas fue una "revolución", y no solo porque una mujer presidiría a los trabajadores de una compañía mayoritariamente de hombres, sino porque las relaciones con la empresa estaban fatal y ella lo recuerda.

"Los trabajadores sentían la necesidad de un cambio de estructura sindical y la empresa tenía un mal concepto de lo que era un sindicato. Nuestra postura es la de un sindicato más de conversación, más de estar en la misma vereda de la empresa, de pensar que las mejoras vayan en beneficio de todos, desde el directorio hasta los gerentes y los trabajadores. En resumen, un trabajo amigable y no de confrontación como era. Intentamos convencerlos de que se podía tener buenas relaciones".

Eso fue el 2013, en que Carolina, que hoy lleva 16 años en la compañía, siempre en el área de mantención y posventa, llegó a la cabeza de una organización con 150 trabajadores y una trayectoria de 50 años.

"Hemos dado vuelta la situación que se vivía en Lipigas; a la empresa le ha hecho sentido la gestión nuestra. La primera negociación colectiva estuvimos a punto de irnos a huelga. Para ellos, la negociación era un mero trámite, sin diálogo. Nosotros contratamos un asesor y forzamos a la empresa a sentarse a conversar, a que se dieran el tiempo de atender a los trabajadores. Eso les golpeó; primero se cerraron como una ostra, y gracias a Dios, el día viernes antes de llegar a la huelga resolvimos el tema y salió bien. Distinta fue la negociación que tuvimos el año pasado, que finalmente fue un convenio más amigable".

-¿Cómo ha seguido usted, Carolina, el debate de la reforma laboral? ¿Se ha discutido en su sindicato? ¿Cómo lo ha vivido usted?

-Nosotros tenemos una postura bien antipolítica. Estamos enfocados en que la empresa surja, y con ella, nosotros; en temas precisos, como seguridad laboral, remuneraciones, calidad de vida. La política, de partida, nunca ha sido de mi interés. Entonces el tema lo hemos tocado, pero no consensuando ni para la derecha ni para la izquierda, sino mirando de qué manera nos va a servir.

-Y en ese sentido, ¿qué apoya y qué no de la reforma?

-A nosotros nos conviene que se reafirme el derecho a la huelga, no permitiendo que se reemplace a los trabajadores. También me hace sentido que la extensión de beneficios no sea para todos; no me parece justo que la gente que no pague cuotas sindicales, igual reciba los beneficios.

-¿Cómo aprecia usted, como dirigenta, la diferencia de intereses con que llegan los jóvenes a la vida laboral?

-El cambio es total. En Lipigas ha habido mucha rotación y, por lo tanto, mucho personal joven, que lo que más aprecia es la calidad de vida, compatibilizar la vida familiar con el trabajo. Antiguamente eso no se valoraba. En mi generación, vivíamos para trabajar. Entonces, en ese sentido, en la empresa hemos instaurado que los días viernes tenemos la posibilidad de salir a las 4 de la tarde. También tenemos los llamados "lipipuntos"; la empresa da 10 mil puntos anuales, canjeables por tiempo libre para ti, que te puedes ir tomando durante el año. Ese beneficio es muy bien acogido por la gente. La gente nueva trabaja de otra manera, por objetivos, más que por jornada laboral: a mí me piden tal meta, yo voy a la oficina, la cumplo y vuelvo a mi casa. Y también hay un ímpetu distinto. En mi generación somos más respetuosos en cuanto a esperar los tiempos, a tener más paciencia; los jóvenes quieren todo al tiro, ya. En mi sindicato tengo que compatibilizar a gente que trabaja hace 35 y más años, y chicos nuevos... y ahí hay que estar tratando de que generaciones tan distintas se entiendan.

"Una reforma que empareje el piso a los buenos empresarios"

Con Ramón Guzmán conversé desde Ventanas, donde está su sede laboral -se desempeña en el área de operaciones y está dedicado a la capacitación-. Es un dirigente de los antiguos, presidente de un sindicato de profesionales -lleva 30 años en la empresa-, pero debe batirse fundamentalmente con gente joven, que es la que mayoritariamente ha llegado a AES Gener, de la mano de los nuevos proyectos. "Es gente con otros intereses y otros paradigmas; están siempre listos para cambiarse de pega rápido, se comunican también más rápido... y tenemos que ver cómo encantarlos para que quieran ser parte de nuestros sindicatos".

-¿Cuánto y cómo ha seguido usted la discusión de la reforma laboral?

-Nosotros no hemos jugado ningún papel; solo me informo por la prensa. Y estoy a la espera de lo que salga para reformar nuestros estatutos. Ahora, lo que me parece interesante es que la reforma busque hacer algo que nosotros como trabajadores, y la empresa, hemos hecho hace tiempo, que es diálogo permanente, que haya una mejor relación. Y veo que algunos actores llevan la conversación más bien hacia el conflicto.

-¿Algo que echa de menos en la discusión?

-Yo veo que se discute mucho sobre el reemplazo en huelga, cuando, previo a eso, debiera haber preocupación e incentivo a la escuela sindical. Porque de lo que se trata es de que haya verdaderas negociaciones producto de un diálogo y no que se llegue enojados a conversar.

Al frente tengo a un personaje positivo y satisfecho con las formas de hacer las cosas en su empresa. "Diálogo permanente", asegura. Una gerencia de recursos humanos siempre de puertas abiertas. Claro que hay problemas de inequidades -reconoce-, pero los beneficios que obtiene uno de los sindicatos, muchas veces son homologados antes de la negociación para los demás. "Los ejecutivos de esta empresa no están para nada preocupados de la reforma laboral".

-Las empresas medianas y chicas son las preocupadas...

-Sí, porque los temas que se están conversando no afectan a las grandes, salvo lo de la negociación interempresas. Pero los buenos empresarios chicos y medianos no debieran tenerle miedo a conversar con sus trabajadores; si dialogan de buena fe, con transparencia, no van a tener conflicto.

-¿Y usted le asigna algún efecto, bueno o malo, a la reforma?

-Yo lo que veo es que se le pondrá una base jurídica a una práctica que hoy es voluntaria. Leyes que nos ayuden, que nos formen, que nos guíen. Que a los malos empresarios, que los hay, los pongan en su sitio. Y que emparejen el piso a favor de los buenos empresarios. Cuando un buen empresario está bien dispuesto, da participación y buenos beneficios a sus trabajadores, se ve limitado por el que da el mínimo que exige la ley. Y el que da más, se sale de mercado, deja de ser competitivo. Para los trabajadores también debe haber sistemas efectivos de evaluación, transparentes.

-Si todo es tan positivo, ¿por qué cree usted que el debate ha sido tan agudo?

-Porque eso pasa cuando las posiciones se ideologizan: cuando se sostiene algo porque soy del bando uno y el del frente está en lo contrario, porque pertenece al otro bando, independientemente de lo que esté en discusión. Yo les diría que pensemos en el lindo país que tenemos. Y que si una ley laboral es necesaria, con eso no basta: hay que reformar también los corazones, la forma como nos relacionamos. A veces hay cosas que no quedan bien hechas, pero esas después se arreglan. La mejora tiene que ser continua. La innovación lleva cambio y el cambio, a veces, lleva a error. Si no fue lo que quisimos... corrijamos.

"Lo que correspondía hacer era un Código para el nuevo mundo del trabajo"

Con 8 mil afiliados, el de Homecenter-Sodimac es el segundo sindicato más grande del país, después del de BancoEstado. Al frente, José Luis Ortega, un "titulado" en el tema. Hoy es también presidente de la Confederación de Trabajadores del Comercio. Antes fue consejero de la CUT, entre 2004 y 2008, y lo dejó por postular dos veces, con mala suerte, para concejal en Lo Barnechea por la DC. Este año quiere volver a la CUT.

-Me imagino que usted ha ido al Congreso para seguir en vivo y en directo la discusión de la reforma laboral...

-Fuimos a la Cámara de Diputados en marzo del año pasado, y estamos en conversación permanente con las distintas Cámaras de Comercio. Atentos al desarrollo de los hechos, a pesar de que a mí no me gustó la reforma desde un principio. Siempre creí que lo que correspondía hacer no era reformar única y exclusivamente el título cuarto del Código -el de la negociación colectiva-, sino que había que hacer un código totalmente nuevo, que involucre a los distintos sectores de la economía. Uno que adecue la realidad de este nuevo mundo del trabajo. Esa visión fue compartida por el presidente de la Cámara Nacional de Comercio. Pero como se han ido dando las cosas, he preferido esperar más que ser sensacionalista, y ver cómo salen los temas que nos competen.

-¿Qué plantearon en la Cámara de Diputados?

-Eso, de que la transformación debería ser mayor y distinta, y que le encontrábamos razón al pequeño empresariado, porque para ellos el trato ha sido bastante desigual en todo, incluso en los tributos. El pequeño empresariado tiene que cumplir con la misma norma del grande. Y eso es complicado, porque hay gente que con lo que hace le da para mantenerse.

-Usted dice que el cambio del Código del Trabajo debiera ser una cirugía mayor. ¿Cuáles son las demandas principales de sus representados?

-Hay una demanda que es muy de fondo: las indemnizaciones. La pérdida de la indemnización, con el correr del tiempo, ha sido atroz. Hoy, poco más del 10% de los trabajadores tienen derecho a ella, y todo el resto está por obra o faena. Ahora me enteré de que se está legislando por fuera de la reforma. Un segundo tema, neurálgico para nosotros, tiene que ver con el libre albedrío que tiene el empresariado para sacar a los trabajadores por el artículo 161, "por necesidad de la empresa". En Sodimac sacan a 400 trabajadores todos los meses, y a nadie se le mueve una pestaña. Cuando la economía se ve compleja, medio agrietada, los primeros que sufren son los trabajadores.

-En la hora de la verdad, ¿usted cree que la reforma va a ayudar a construir mejores relaciones laborales, o lo va a dificultar?

-Si no cambiamos la mentalidad ambos grupos -el mundo sindical y el empresarial-, la verdad es que las reformas que haya serán un saludo a la bandera. Si hacemos una mera declaración de diálogo social, no habrá reforma que pueda juntar a las partes. Tiene que haber el convencimiento de buscar acuerdos. Nosotros lo hemos hecho con las distintas cámaras de Comercio. Si no logramos acabar con la desconfianza, se seguirá plasmando en el futuro.

-¿Y usted cree que habrá más o menos huelgas?

-Hay un tema de estigmas de por medio con el tema de más y menos huelgas. Creo que las huelgas llegan por intolerancia a sentarse a negociar y a repartir la riqueza. Yo no creo que haya un conjunto de dirigentes destinado a andar haciendo huelgas por hacer huelgas. Puede existir algún caso, pero hay muchas ocasiones en que el empleador se resiste a sentarse a la mesa y espera que los tiempos se cumplan. En la medida en que no podamos hacer diálogo social desde el interior de la empresa, serán los partidos políticos, ONG y terceras personas a los que demos la posibilidad de implementar cosas que no van a favor de la empresa, pero sí con esos grupos.



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