Reportaje Cambio de época
La tensa ruta hacia la cultura libre de Cuba

La visita de Barack Obama a La Habana cristalizó el momento de apertura al mundo que atraviesa la isla. En el campo de las artes y la cultura, sin embargo, el flujo libre de las ideas se topa con las aprensiones y restricciones del Estado cubano. Escritores y artistas opinan sobre el destino de su país.  

Roberto Careaga C. 

Antes de que el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegara a Cuba para cerrar un ciclo histórico y poner en marcha otro, centenares de estadounidenses ya habían tratado de hacer lo suyo: impulsados por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países tras 50 años de tensiones y conflictos, grupos de empresarios de múltiples rubros, pero sobre todo del turismo, han estado gestionando su arribo a la isla. Según informaba The Wall Street Journal, el gobierno cubano espera recibir cerca de dos mil millones de dólares de inversión extranjera en los próximos años. Es la nueva Cuba. Y todos quieren estar ahí. Incluso, la industria editorial.

A fines de febrero, una delegación particular participó en la Feria del Libro de La Habana: un grupo de 40 distribuidores de libros, agentes literarios, libreros independientes, escritores y editores provenientes de Estados Unidos, entre ellos, de los grandes grupos Penguin Random House, Hachette, Simon & Schuster. Pasaron dos días conociendo a quienes esperan sean sus futuros socios: autores, editores, académicos, estudiantes, lectores. De vuelta a su país, la delegación elevó una petición ante la Casa Blanca: que levantara el embargo hacia Cuba respecto de todo lo relacionado con la producción de libros. "El embargo comercial de EE.UU. es perjudicial para la cultura del libro y va en contra de los ideales americanos de libertad de expresión. Los libros son catalizadores para una mayor comprensión intercultural, el desarrollo económico, la libertad de expresión y el cambio social positivo", declararon junto a la solicitud.

De inmediato hubo quienes vieron en el movimiento el eco del dinero: editores ansiosos por un nuevo mercado. Un mercado atractivo: los cubanos son un pueblo con un 100% de alfabetismo. Pero también con un problema: una ya estructural restricción de libros que leer. Más que el embargo estadounidense, tras esa limitación está el Estado cubano, que ha controlado los títulos que circulan oficialmente por la isla. Extraoficialmente, dicen desde allá, prácticamente todo se consigue. Pero solo dentro del marco regular, no existe distribución de editoriales extranjeras, ya sean latinoamericanas, españolas o europeas. De hecho, fue en la reciente feria del libro donde por primera vez se publicó en el país "1984", la novela de George Orwell sobre los totalitarismos, originalmente lanzada en 1949. Apareció en el evento y tan rápido como llegó se fue.

"La Editorial Arte y Literatura, al publicar esta novela, se ha metido en una empresa editorial seguramente polémica en la sociedad cubana actual, pero que estoy seguro activará un debate intelectual que ojalá fuera público y que, al menos, cada lector sostendrá consigo mismo", anotó el escritor Pedro Pablo Rodríguez en el prólogo de la edición cubana de "1984". Sería un debate viejo, casi del pasado, pero pareciera que no hay mejor hora para sostenerlo: la visita de Obama a La Habana cristaliza el momento de apertura al mundo que atraviesa Cuba y que, más allá o más acá, tendría que terminar con las restricciones a las artes y la cultura que aún persisten.

La formas de la censura

"Se siente distinta mi isla después de las palabras y gestos agudos y puntuales de Obama. Su dulzura aún está en el aire. Muchas gracias", tuiteó el miércoles la escritora cubana Wendy Guerra (1970). Residente en La Habana y autora de uno de los testimonios más reveladores del ánimo de su generación, la novela "Todos se van" (2006), Guerra cree en los gestos, está dispuesta a atesorarlos, pero no tanto en cambios a la vuelta de la esquina. Por ejemplo, el masivo concierto gratuito que dio el viernes The Rolling Stones en La Habana, para Guerra fue "un pase de cuentas histórico". Y agrega: "Es un modo de devolverle la razón estética generacional a mis padres y abuelos; creo que esto es una manera de decir: a bailar con nuestras equivocaciones".

De enmendar esos errores, ella no está tan segura. Publicada por las editoriales Bruguera, Alfaguara y Anagrama, Guerra cree que son aquellos sellos los que le han dado una patria como escritora. En Cuba sus novelas no se encuentran, al menos oficialmente. "Yo desde Cuba, como cualquier autor cubano censurado a medias o completamente, soy una autora sin país. Mis editores han construido un país para una autora a la que las autoridades de su país niegan. Es un padre que no comparte las aptitudes de un hijo y a veces lo presenta, otras veces lo veta y todo el tiempo le descalifica. Soy una autora latinoamericana que padece el machismo de una sociedad machista; hasta que no escriba lo que el 'padre' desea leer, no seré completamente asumida, editada, tomada en cuenta", asegura en un correo electrónico. Y agrega: "Por esas razones creo que editoriales extranjeras no podrán ser invitadas a poner sus casas en Cuba, a no ser que estas decidan hacer un pas de deux de censuras con las autoridades de mi país".

Si es que hay censura en Cuba tiene formas especiales de operar. En julio del año pasado, fue retirada de la cartelera del Centro Cultural Bertold Brecht la obra "El rey se muere", dirigida por Juan Carlos Cremata. Solo alcanzó a montarse dos días; le quedaban varias semanas de funciones. Clásico de Ionesco, se centra en un rey que se eterniza en el poder. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas decidió "suspenderla (...) en pos de lograr estadios más propositivos entre las obsesiones poéticas de nuestros creadores y la política cultural de la Nación". Poco antes, en el 36° Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el Ministerio de Cultura cubano resolvió retirar de la programación, en momentos que ya estaba impresa, la película "Regreso a Ítaca", del francés Laurent Cantet, con guión de Leonardo Padura. Retrato de la vida contemporánea en La Habana solo se pudo ver en una función en el cine Charles Chaplin.

A veces hay acosos más evidentes. Durante la Bienal de Arte de La Habana 2015, la reconocida performer y activista política Tania Bruguera fue detenida cuando intentaba montar en la Plaza de la Revolución la obra "El susurro de Tatlin". El plan era abrir un micrófono para que ciudadanos cubanos dijeran en voz alta lo que esperaban para el futuro de su país. El Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba calificó de "inaceptable" la propuesta y Bruguera fue detenida, acusada de alterar el orden público. Fue demasiado lejos: dos años antes, también en el marco de la bienal, la artista montó la obra en el Centro Wilfredo Lam y no hubo ruidos. Es más, Bruguera está por regresar a la ciudad y esta vez para instalar el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, que tal como su nombre lo indica, combina activismo político con arte.

Actualmente, el instituto está recolectando fondos a través de un crowfunding , pero ya cuenta con los permisos requeridos. "El instituto de arte y activismo que estoy abriendo en La Habana surgió al comprender que mucha de la violencia que existe en el mundo se genera a partir del miedo como respuesta a las cosas que no sabes que puedes manejar, que no ves de manera clara", dice Bruguera. "Para poder entender lo que pasa a nuestro alrededor se necesita tener las herramientas; el arte no es solo una herramienta para el cambio social que funciona de forma conceptual, sino también de forma tangible, humana, a partir de la cual las personas pueden tener fe en que las cosas pueden ser diferentes porque ellos así lo quieren y porque van a intentar cambiarlas", agrega.

No rebasar los límites

En el otro lado de la moneda, hace tres años, editorial Luminaria, en conjunto con la estatal Letras Cubanas rescataron la obra de Heberto Padilla, símbolo de la censura castrista. Su caso dividió a la intelectualidad del mundo que, hasta entonces, se rendía ante la Revolución Cubana. En 1968, Padilla publicó el poemario "Fuera de juego", que aunque ganador del premio de la Unión de Escritores y Artistas Cubano, terminó por indignar a las autoridades por el duro retrato que hacía de la vida en la isla con Fidel Castro a la cabeza. El poeta fue detenido por realizar "actividades subversivas" y obligado a leer una denigrante declaración, donde renegaba de sus libros. Pero 40 años después, la obra completa de Padilla, reunida en "Una época para hablar", está disponible en las bibliotecas cubanas. No se vende, eso sí, pues la viuda del escritor no cedió los derechos.

"Siempre publican a los muertos", dice desde Miami el escritor y periodista Norberto Fuentes. Su historia con el castrismo es de altos y bajos: por su primer libro, "Condenados de condado" (Premio Casa de las Américas 1968), fue condenado al ostracismo por 15 años. Pero con el apoyo de García Márquez en los 80 consiguió entrar al círculo de confianza de los hermanos Castro, del cual salió a fines de la década, por pugnas internas de poder. Desde 1993 vive en Estados Unidos y sigue atento los movimientos de su país: "Está habiendo una gran apertura. Hay cosas que ya no tienen ninguna importancia. La confrontación contra Estados Unidos, para empezar. Incluso al gobierno le conviene una apertura cultural, porque deja sin argumento a los americanos. Y en eso Raúl Castro es muy sabio", cuenta.

Fuentes conoce bien a Raúl Castro. A fines de los 80 estaba con él y Carlos Aldana, por entonces jefe del Departamento Ideológico, evaluando un proyecto en que podría participar Fuentes. Entonces Aldana recordó el episodio de "Condenados de condado", ante lo que Raúl respondió: "Aldana, haz una película con el libro. Que los estudios cinematográficos de las Fuerzas Armadas filmen el cuentito. Se acabó el lío". "Menos mal que no lo hicieron, porque ahora puedo decir que escribí un libro disidente", ríe el escritor, que agrega: "Esa es la forma de pensar de ellos, son habilidosísimos políticos. Fidel es mucho más represivo, es el arte permanente de la confrontación. Pero Raúl, no. Tiene otra cosa en su cabeza: se da cuenta de que en la amplitud quedan menos flancos abiertos".

Para Antonio José Ponte, la apertura aún es relativa. Autor de libros como "Contrabando de sombras" y "La fiesta vigilada", en 2003 fue expulsado de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, por sus ideas anticastristas. Hoy vive en Madrid y aunque cree que la literatura cubana ha expuesto las grietas del sistema, le parece que aún es insuficiente. "Si la crítica va más allá de lo permitido, si toca alguna arista todavía no permitida por las autoridades, el escritor sufrirá censura y represión. Valgan como ejemplo las cautelas de dos escritores suficientemente reconocidos internacionalmente y residentes en La Habana: Leonardo Padura arremete en su novela "El hombre que amaba a los perros" contra el estalinismo soviético, lo cual ya está permitido, pero se cuida de hacer lo mismo con el estalinismo cubano, al que si acaso alude con cuidado. Y, otro ejemplo, Pedro Juan Gutiérrez critica en una entrevista a Obama en tanto político y cuando le preguntan por Raúl Castro dice que prefiere no comentar de ello. Ambos, Padura y Gutiérrez, saben no rebasar ciertos límites", sostiene.

En cualquier caso, Ponte cree que el nuevo trato entre Cuba y Estados Unidos va a terminar por abrir la situación cultural de su país. "Lo que no calculo es en qué plazo", dice. Tampoco la novelista Wendy Guerra sabe cuándo circulará libremente el arte, pero sabe de lo que hay que liberarse. "La mayor cadena en nuestro proceso ha sido autoimpuesta y ha sido el cultivo exhaustivo de los miedos, la incubación de fantasmas políticos. Todo eso ha detenido el intercambio natural, el flujo cotidiano de información y confrontación con el resto del mundo. No solo en el arte, en los descubrimientos científicos esenciales nos hemos quedado atrás. Con tal de mantenernos inmunes al capitalismo, nos hemos quedado profundamente solos y sin ninguna posibilidad de saber por dónde vamos y por dónde va el resto del mundo", asegura.

"Los Rolling Stones en Cuba es un modo de devolverle la razón estética generacional a mis padres y abuelos; creo que esto es una manera de decir: a bailar con nuestras equivocaciones". (Wendy Guerra)

"En la reciente feria del libro, por primera vez se publicó en el país "1984", la clásica novela de George Orwell sobre los totalitarismos. Apareció en el evento y tan rápido como llegó se fue".

"Fidel es mucho más represivo, es el arte permanente de la confrontación. Pero Raúl, no. Tiene otra cosa en su cabeza". (Norberto Fuentes)

"Creo que editoriales extranjeras no podrán ser invitadas a poner sus casas en Cuba, a no ser que estas decidan hacer un pas de deux de censuras con las autoridades de mi país". (Wendy Guerra)

 


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Foto:EFE

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