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La poeta falleció a los 85 años Una valiosa representante de esta corriente:
Rosa Cruchaga y la fecunda tradición de la poesía religiosa chilena

Domingo 27 de marzo de 2016

Rosa Cruchaga de Walker. En 1984, la poeta se convirtió en la primera mujer en ser nombrada miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua.

En este Domingo de Resurrección, reconocidos escritores y críticos revisan su legado y destacan a otros exponentes de la lírica nacional que han plasmado en sus versos una preocupación por el misterio de lo trascendente o el sentido de la existencia.
 


Maureen Lennon Zaninovic 

"Ah, que de ella (mi poesía) hablen mis lectores. A mí dejó de interesarme, y dejó de serme necesaria, desde que me amigué profundamente con el Maestro. Porque el 'solo Dios basta' no me parece una exageración teresiana. Puedo jurarlo".

En una entrevista concedida a "El Mercurio" en 1992, la poeta Rosa Cruchaga de Walker (1931-2016) reveló una fe viva, sintetizada tanto en su vocación literaria, como en la educación.

Estudió Pedagogía a fines de los 70 en la Universidad Católica y hasta 1995 hizo catequesis en el colegio Manuel de Salas, autora de elogiados volúmenes como "Descendimiento" (1959), "Elegía jubilosa" (1977) y "Bajo la piel del aire" (1979), entre otros; y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua (la primera mujer en ejercer este cargo), Rosa Cruchaga falleció el pasado jueves 17 de marzo a los 85 años y -junto con ello- no sólo se apagó una voz clave del soneto chileno, sino que también una destacada exponente de una poesía religiosa. Pero como advierten los estudiosos de su trabajo, si bien se sintió atraída por el misterio, siguió fuertemente ligada al mundo terrenal.

"Pasó desde un hermetismo oscuro y elíptico hacia el ingenio y la claridad lírica de lo cotidiano reconocible", escribió el crítico de "El Mercurio" Ignacio Valente, a propósito de su obra.

Roberto Onell, poeta y docente de la Facultad de Letras de la UC, considera que la autora no legó poemas beatos o una suerte de catequesis en verso. "Por el contrario, supo dar voz a una serie de preguntas radicales. Se instaló desde una inquietud profunda del ser humano, como mujer, como mamá, como hija; y desde ahí habló. Y al hablar desde esa profundidad, nos interpeló a moros y cristianos", señala Onell, y añade que se hace necesario contextualizar la producción de Rosa Cruchaga dentro de una familia poética más amplia, "una familia que se remonta a Gabriela Mistral y que también incluyó a Eliana Navarro (1920-2006) y Miguel Arteche (1926-2012), entre otros poetas nacionales. Estamos ante una rama ligada al verso castellano clásico peninsular y que sumó una serie de ingredientes más criollos, como el coloquio campesino chileno y los giros urbanos".

En esa línea, Adriana Valdés, vicepresidenta de la Academia Chilena de la Lengua, afirma que Rosa Cruchaga de Walker tuvo una sensibilidad poética y una manera de versificar "próximas a la tradición hispánica y católica en el verso, como Miguel Arteche, uno de los maestros que reconoce, y además la gracia poética de un Juan Guzmán Cruchaga, pariente suyo". Valdés agrega que como sucede con la obra de Cecilia Casanova, "no suele considerársela una voz poética de la llamada 'generación del cincuenta', en la que se citan constantemente los nombres de Lihn, Teillier, Uribe o Barquero. Su poesía, a diferencia de la de ellos, está hecha 'puertas adentro', en una dimensión íntima, limitada. La misma forma del soneto es descrita por ella como 'un corsé', que evita cualquier desparramo".

El poeta Juan Antonio Massone, autor del volumen "Rosa Cruchaga o el eco de la transparencia" y quien habló en la misa que celebró el pasado sábado 19 de marzo en el Colegio San Ignacio (El Bosque), comparte este análisis y complementa que Cruchaga "aportó una forma condensada de lo poético. Fue una autora de lo esencial, teniendo en cuenta que lo esencial se puede apreciar tanto en lo pequeño, como en lo grande. Sus poemas más destacados nacen de una observación de un episodio menor, como el fallecimiento de alguien desconocido. De una escena urbana, consiguió ver en ella una manifestación de lo humano más profundo y significativo".

Onell cita como un ejemplo de ese espíritu esencial "La jarra oscura": un poema -sostiene el académico- "engañoso, lleno de silencios, pero que es eminentemente religioso. Tras mirar un objeto, una jarra: una escena despojada, con muy pocos elementos; Rosa Cruchaga ve la jarra y el agua. Consigue en su contemplación identificarse con un objeto, pero también nos comunica con otra historia, con un sentido que trasciende la materia".

La periodista y magíster en letras María Ester Roblero (la entrevistó para este diario en 1992) comenta que "hoy, y después de haber conversado con ella hace más de 20 años en su casa, me parece que fue una poeta impresionantemente moderna. Su poema 'Creo' dice precisamente 'creo en lo contradictorio' con lo cual se paró frente a las letras sin pudor de mostrar ese universo femenino tantas veces incomprensible para el hemisferio izquierdo pensante. Tiene unos versos muy desafiantes para los creyentes: '¡Qué serías mi Dios si te midiera no con ojos llorando: sino abiertos'. Pero en lo personal, admiro su 'retirada', su acto poético rotundo al decir que su propia obra dejó de interesarle. Pienso que ese acto sí que ilumina el universo femenino, porque implica un no mirar atrás, aligerar la carga, quedarse con lo esencial de lo que uno quiere ser".

Otros nombres de esta tradición

¿Qué se entiende por poesía religiosa? Roberto Onell sostiene que "cuando la poesía se ejerce desde las inquietudes más hondas del hombre -a dónde vamos, de dónde venimos, qué sentido tiene trabajar o sufrir- es religiosa". María Ester Roblero considera que "ha habido épocas de poesía religiosa de adoración, de invocación y hoy, quizá de blasfemia, pero en su negación de Dios o desesperación, por sentirse arrojado a una existencia brutal, el poeta sigue alumbrando ese sótano del alma".

Para conocer más a fondo la obra de algunos escritores nacionales que han seguido esta línea, la periodista destaca como un libro de referencia "Antología de la poesía religiosa chilena", de Miguel Arteche y Rodrigo Cánovas (Ediciones Universidad Católica de Chile). Un voluminoso texto que -entre otros- recoge los poemas de Gabriela Mistral, del propio Arteche, Rosa Cruchaga, Delia Domínguez, Armando Uribe, Eduardo Anguita, José Miguel Ibáñez Langlois y Andrés Morales.

Onell también destaca dentro de esta tradición a Efraín Barquero (1931). "Nadie diría de manera sensata que fue un poeta religioso. En sus inicios la causa comunista estuvo muy presente en su obra. Cuando toma un camino más propio, ahí decide escribir -como lo hizo Rosa Cruchaga- desde la contemplación. En su libro 'A deshora', Barquero contempla objetos cotidianos con un amor, una dulzura y una paciencia impresionantes".

De los nuevos exponentes de poesía religiosa, posteriores a Andrés Morales (1962), el académico de la UC cita el trabajo de Rafael Rubio (1975). "Especialmente su poemario 'Luz rabiosa'. Ese libro es como una rabieta frente Dios, un pataleo permanente. Queda claro que, para él, Dios es un personaje muy importante, tan importante que hay que pedirle explicaciones. También valoro el trabajo de Juan Cristóbal Romero (1974) y de David Preiss (1973) que también pasó por la lectura de Miguel Arteche. De hecho, este último hizo notar su relevancia como uno de los poetas que había que tomar en cuenta desde la tradición judía. Y, en años más recientes, destaco a Sebastián del Pino Rubio (1987), con una obra donde lo religioso está teñido de armadura e irritación".

Juan Cristóbal Romero, Premio Pablo Neruda, puntualiza a "Artes y Letras" que, en la actualidad, "no reconozco a nadie en cuya poesía sea posible detectar ese rasgo de manera dominante. Sin embargo, hay varios poetas que están indagando seriamente en el misterio del origen, de la muerte, de lo humano. Pienso, por ejemplo, en Cristóbal Joannon, David Preiss, Roberto Onell y Rafael Rubio, quien, a pesar de no declararse creyente, ha ahondado en la comprensión de la muerte como pocos poetas abiertamente cristianos".


 El Cristo hueco

"Edades grises, clavos espectrales,

lívidas oquedades y tornillos,

herrumbes y troneras,

cicatrices de muros.

¡Cerrad ventanas, tabicar las puertas:

que no vea, en cenicienta máscara,

la roña, el moho, los óxidos mortales,

el cardenillo de los siglos!

Metido en su cajón abandonado,

o en muchas cajas (mas tapiadas siempre),

estiletazos en la cara,

la estúpida nariz, nariz risible,

y anónimo rincón en donde vive.

O mejor, ya no vive: se desvive;

o se murió y a su agonía nadie asiste,

tirado contra el hueco de la puerta,

rota la mano que anteayer sanaba,

vacío y coronado de la espina.

¡Oh cárdenos desiertos de los ojos cegados!

¡Allí está el Cristo de este mundo el Hombre!"

Miguel Arteche (1926-2012). Premio Nacional de Literatura 1996

Creo

"Creo en lo contradictorio

de mi único ojo dividido

y en la puerta rasgada por sedas

y en el hierro horadado por carne

y en las bocas con lágrimas:

porque los ojos se besan.

Creo que el veloz candado

nos llevará al claustro primero.

Donde retrocederemos virginales:

hasta morir de nacimiento.

¡qué serías mi Dios si te midiere

no con ojos llorando:

sino abiertos!"

Rosa Cruchaga de Walker (1931-2016)

De "Túmulo de Magallanes"

"Cinco heridas graves guardo

y de todas, la de menos

es mortal.

Me han herido cinco dardos

con su filo y su veneno por igual"

Juan Cristóbal Romero (1974)