"El Mercurio" recorrió 6 recintos de la Región Metropolitana
Desde amenazas hasta balaceras: la violencia que tiene en alerta a los hospitales públicos

Enfrentamientos con armas blancas y de fuego en los pasillos de las salas de urgencia, e insultos y lesiones a los funcionarios son algunas de las situaciones que han aumentado en los últimos años, lo que ha obligado a reforzar los sistemas de seguridad.  

Ignacia Godoy y Paulina Mardones 

D os mujeres entraron rápidamente a la sala de urgencias del Hospital Padre Hurtado, en la comuna de San Ramón. Se dirigían hacia la habitación de uno de los pacientes. Un joven de 18 años estaba a punto de ser dado de alta cuando de su box salió una enfermera gritando: "¡Lo están matando!". Un carabinero entró al lugar y vio a las dos mujeres apuñalando al paciente. Ambas fueron detenidas, mientras que el muchacho tuvo que ser nuevamente internado. Aunque el episodio sucedió hace algunos años, los funcionarios del recinto aún lo tienen fresco en su memoria.

Violencia en los pasillos y en las afueras de las salas de urgencias, insultos y amenazas a los trabajadores se han ido transformado paulatinamente en un nuevo foco de problemas para los hospitales públicos. Fenómeno que se suma al déficit de especialistas a lo largo del país, a la deuda hospitalaria que este año llegaría a la cifra histórica de $325 mil millones y a la reducción de la meta de construir nuevos recintos durante el actual gobierno.

Si bien en los servicios de salud aclaran que no deben lidiar a diario con los hechos de violencia, sí reconocen que estos han generado que se refuercen las medidas de seguridad en varios establecimientos y que se instalen tecnologías nuevas para evitar algún peligro para los empleados. De hecho, en abril del año pasado, la Agrupación de Médicos Generales de Zona (MGZ) realizó un estudio de percepción de seguridad en recintos hospitalarios. Y los resultados arrojaron que el 40% de los trabajadores decían sentirse inseguros, sobre todo, en los servicios de urgencias y atención primaria.

Amenazas con pistolas o cuchillos

"Perfectamente podrían haber matado a alguien", cuenta el doctor Mario Henríquez, director del Hospital de Urgencia Asistencia Pública (HUAP, ex Posta central), al recordar la situación que se generó en el recinto que dirige tras el incidente en el centro de eventos Santa Filomena a mediados de abril de 2015. Esa noche, durante el concierto de la banda inglesa Doom, una avalancha humana dejó un saldo de tres muertos y nueve heridos, que fueron trasladados a la HUAP en la comuna de Santiago. Algunos asistentes, familiares y amigos llenaron el acceso de urgencias y, según relata Henríquez, varios de ellos se pusieron agresivos, por lo que tuvieron que llamar a Carabineros. El contingente llegó a los pocos minutos y controló la situación provocada por la demora en la atención de los afectados en el recital.

Los largos tiempos de espera son uno de los problemas que más se repiten en los servicios de urgencia, según los directores de algunos hospitales de la Región Metropolitana. Varios coinciden en que "existe un mayor empoderamiento de los pacientes y familiares". El director del Hospital Sótero del Río, de Puente Alto, Claudio Farah, asegura que los usuarios ya no se conforman solo con una explicación. "La gente sabe que tiene derechos, y no por estar atendiéndose en un sistema público pueden recibir lo que sea (información vaga)", agrega.

Área crítica

"Urgencias es el lugar más crítico de atención. Agresiones que van desde que te saquen la madre hasta amedrentamientos con pistola o cuchillo", explica el director del Hospital El Carmen de Maipú, Ramiro Zepeda.

Bajo su administración, un paciente aburrido de la espera para ser atendido, decidió manifestar su descontento de una forma particular: tomó una máquina para medir la presión sanguínea y, sin más, se la lanzó en la cabeza al técnico que le revisaba los exámenes.

Aunque los casos de este tipo se dan con mayor frecuencia en las salas de urgencia, también ocurren situaciones similares en otras unidades dentro de los hospitales. Dos años atrás, por ejemplo, en el Hospital San José, en Independencia, un hombre quebró un ventanal de la Unidad de Tratamientos Intensivos luego que se le comunicara la muerte de un familiar. El personal tuvo que contenerlo y curar las heridas derivadas del arrebato.

Las agresiones, además, comentan los directores de hospitales, suelen tener como destinatarios frecuentes a los guardias, auxiliares o enfermeras, quienes son los primeros en atender a un paciente.

"Rescate" de reos y refugio de indigentes

Cada vez que un preso de la cárcel Colina II debe ser operado u hospitalizado, es trasladado al Hospital San José. Cuando el director del recinto recién había asumido en su cargo, recibió la noticia de que un grupo de personas vendría a "rescatar" a uno de los reos que estaba internado. De inmediato se ordenó la implementación de un plan de contingencia: se trasladó al interno a la última sala de la unidad de cuidados intensivos y fue vigilado por dos gendarmes durante un día entero. Aunque finalmente el "rescate" no se produjo, el procedimiento se ha repetido cada vez que deben tratar a alguien del penal, para evitar una posible huida.

El entorno en el que se encuentran algunos hospitales complica a varios a la hora de resguardar la seguridad en el recinto.

Es el caso del Hospital Padre Hurtado, que ha tenido que lidiar con incidentes violentos dentro y fuera del lugar.

Una tarde, por ejemplo, en los estacionamientos del mismo hospital, una persona se bajó rápidamente de su auto con un machete en la mano. Los testigos de la escena no pudieron intervenir cuando el hombre se acercó a otro y comenzó a darle machetazos. Al terminar la agresión, los funcionarios del recinto ingresaron a la persona herida a urgencias.

Sensación de inseguridad que también se palpa en jornadas complejas, como el Día del Joven Combatiente. La instrucción en el hospital es clara: cada vez que se escuchen balazos, los funcionarios deben tirarse al piso, para evitar cualquier accidente.

En las afueras de la ex Posta, en tanto, se instalaban hasta el año pasado varios indigentes con carpas y colchones para dormir. En 2014, la situación se tornó crítica, cuando los asaltos y agresiones se hicieron habituales todas las noches en los estacionamientos del lugar. Incluso, se generó una red de narcotráfico afuera del establecimiento médico. Lo que agravó aún más la situación fue que los indigentes comenzaron a utilizar la sala de espera de urgencias para escapar del frío durante el invierno. Ocupaban el espacio de los pacientes, pero además se produjo destrucción de baños, con el robo de chapas y daños en los lavamanos. Cuando el personal intentaba sacarlos, recibían insultos y hasta escupitajos.

El tema, finalmente fue solucionado el año pasado, pues el director del establecimiento se coordinó con Carabineros y la Municipalidad de Santiago para reubicar a las personas en situación de calle en un albergue.

Ajuste de cuentas del narcotráfico

En el Hospital Sótero del Río aún recuerdan a un paciente que llegó al lugar con diversas fracturas tras un "ajusticiamiento" de una banda rival. Luego de ser hospitalizado, llegaron al recinto varias personas a "tirar balazos" con la intención de matarlo. "Fue una situación bien traumática para los pacientes que estaban al lado", dice el director Farah.

Finalmente, una bala hirió en el abdomen al sujeto que era blanco del ataque, pero fue ingresado a pabellón y lograron salvarlo. Sin embargo, después de ser dado de alta, la misma banda lo mató afuera del hospital.

Episodios similares son los que observan los trabajadores del Hospital El Pino, en San Bernardo, donde los grupos de narcotraficantes suelen llegar con un herido con arma blanca o de bala para ser atendido de urgencia.

Tres años atrás arribó un paciente malherido, y varios pasos detrás una persona lo venía siguiendo. "En ese momento pensamos que era su mamá", comenta el subdirector del recinto, Mauricio Shokiche. Pero la mujer venía con un cuchillo para "rematar" al hombre. La doctora que en ese momento estaba de turno, intentó detener a la agresora, recibiendo un corte en su mano. Finalmente, gracias a la intervención de Carabineros, la situación se normalizó y el paciente fue hospitalizado.

Shokiche, quien lleva 23 años en urgencias, explica que varias veces llegaban grupos de cinco y hasta diez personas armadas junto con un traficante lesionado. "Uno trata de atender al paciente y buscar entre ellos al menos drogado para que ayude a calmar a los demás", asegura.

A esto se le suma el ambiente que, de acuerdo al subdirector de San Bernardo, se repite todos los fines de mes o fines de semana largos, cuando saben que los que han recibido su sueldo y se lo han gastado en drogas, llegarán a urgencias con sobredosis.

Carabineros versus guardias poco capacitados

Por protocolo, cada hospital tiene un carabinero asignado en urgencias que se encarga de constatar lesiones. Aunque varios directores coinciden en que la tarea del uniformado no es intervenir en situaciones de peligro -deben esperar refuerzos para actuar-, algunos recintos tienen un trabajo más coordinado con la policía.

Es el caso del Sótero del Río: en el mismo terreno de sus instalaciones se ubica una comisaría que -según el director Farah- "es un factor disuasivo para las personas que quieran generar hechos de violencia".

El subdirector Shokiche coincide en la importancia del rol de los uniformados. El médico explica que la coordinación con ellos ha sido clave para disminuir situaciones peligrosas en el recinto. Hace cinco años, por ejemplo, un enfermero recibió amenazas de parte de los familiares de uno de los pacientes. Ese mismo día, al terminar su turno, fue golpeado mientras esperaba un bus en el paradero. Desde entonces, Carabineros ha aumentado las rondas por el sector entre las 20 y 21 horas, período en que se realizan los cambios de turno en el hospital. La policía también se encarga de evitar enfrentamientos entre familias cuando son hospitalizados dos miembros de bandas de narcotraficantes.

Además de la ayuda de Carabineros, la gran mayoría de los hospitales trabaja con empresas externas que se encargan de administrar el personal de seguridad y contratar guardias. Varios directores coinciden en que la rotación anual que tienen estos dentro de los recintos no les permite adecuarse a la unidad en la que fueron asignados, y que tampoco logran internalizar los protocolos que se manejan en los hospitales ante situaciones de peligro. Incluso, en el Hospital El Carmen hay algunos que se encargan de llamar a los pacientes cuando deben ser atendidos.

En el caso de la ex Posta Central, durante la administración anterior, ocurrió un problema que los obligó a cambiar de compañía. En 2014, los habituales indigentes que frecuentaban el área de urgencias comenzaron a aparecer como guardias de seguridad. "Habíamos echado a una persona en situación de calle recién y después lo veíamos como guardia", dice Mario Henríquez.

La empresa externa encargada había contratado a las personas ubicadas fuera del hospital para la labor, sin capacitarlos. Ante esto, la dirección de la HUAP cambió de compañía y sumó nuevos estándares para el servicio.

Los "voceros de urgencias"

A pesar de que estos hechos son catalogados como "aislados", los directorios de los recintos públicos se han preocupado de tomar medidas y preparar al personal en caso de que se produzcan episodios que revistan peligro.

En la ex Posta Central comenzaron a implementar un protocolo de atención para patologías menores; por ejemplo, resfriados. Según Henríquez, la gran mayoría de las personas que asisten a urgencias no tienen nada de gravedad y deberían asistir a consultorios. Para agilizar ese tipo de casos, tienen un box especial para estos usuarios, con el fin de atenderlos más rápido. "Las modificaciones se han hecho para que la categorización sea más eficiente y no se aglomeren pacientes afuera, así procuramos sacarlos en menor tiempo", dice Henríquez.

En el Hospital El Carmen, parte de estas reacciones de los pacientes o familiares deriva de la escasa información que manejan sobre las demoras o los procedimientos, por lo que han implementado sistemas para informarle a la gente cómo será el proceso. "La idea es ir anticipando lo que sucede con el paciente, desde la evaluación de su patología hasta que tiene que ser atendido por un médico", dice el director Zepeda. Lo mismo intentan en el San José, donde tienen a los "voceros de urgencia", enfermeras que les comunican cada cierto tiempo a los familiares y usuarios cómo se desarrolla el proceso de atención.

En el Hospital El Pino, de San Bernardo, intentan solucionar el mismo problema. Por lo que esperan, en tres semanas más, contar con pantallas de televisión dispuestas en las salas de espera que irán informando del avance o las demoras de las consultas. Además, en el recinto han instalado puertas de seguridad con huellas dactilares. Esto, con el objetivo de evitar que personas no autorizadas ingresen a los box donde se encuentran los pacientes. Ahora, con la incorporación de este nuevo acceso, como cuenta el subdirector Shokiche, han disminuido los hechos que involucran a grupos armados dentro del hospital.

En el caso del Hospital Sótero del Río han invertido en cámaras de vigilancia dentro del lugar. También en la iluminación en las afueras del recinto, "que en el pasado era lugar de robos habituales", dice el director Farah, quien agrega que el concesionario de los estacionamientos también ha puesto personal de seguridad en la noche, para evitar problemas.

Otra medida que está implementando el Hospital El Carmen apunta a ayudar a los funcionarios después de haber sufrido algún tipo de agresión. Como cuenta el director Zepeda, se le hace un seguimiento al agredido para conocer posibles secuelas y luego un acompañamiento psicológico en caso de que fuese necesario. Además, cuentan con un staff de abogados para apoyar las causas legales, que también tienen otros hospitales, como El Pino.

La cantidad de dinero invertida en el ítem de seguridad varía según el recinto. Aunque no todos especificaron la cifra exacta, sí admitieron que era "significativa". En El Pino aseguraron que son $500 millones anuales los que se gastan para contratar a los guardias de seguridad, cifra similar a los $552 millones que invierte la ex Posta Central.

 Críticas a guardias de empresas externas

Uno de los problemas que vislumbran desde las asociaciones de salud es la contratación de los guardias vía empresas externas. Ello, pues estarían desarrollando una labor "muy deficiente". El doctor Mauricio Cofré, presidente de la Agrupación de Médicos Generales de Zona (MGZ), explica que la razón sería que los guardias contratados están poco preparados para el trabajo y no saben a lo que van.

"No conocen el entorno del hospital y cómo reaccionar ante situaciones peligrosas. Este tipo de guardias no es lo que uno esperaría en el sistema público", dice Cofré. Agrega, además, que en ocasiones a muchos de ellos los pacientes "se los comen vivos", pues solo saben dar información.

Coincide con este análisis el médico Jaime Araya, quien encabeza la Confederación de Trabajadores de la Salud (Confenats). Asegura que antes en algunos recintos se contrataban internamente, lo que favorecía el conocimiento del lugar en el que tenían que trabajar, a diferencia de la situación actual. "Van circulando y no conocen la vida en el recinto, lo que antes sí pasaba. Eran más confiables en cuanto a su labor como guardias. Ahora trabajan dos meses y se van. Yo, de verdad, los calificaría con una nota tres", dice Araya.

El mismo problema sindican en la Federación de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud. Su vicepresidente, Yamil Asenie, explica que el cambio de contrato constante a estos profesionales hace complejo que puedan "ir aprendiendo la lógica del mismo hospital".

Al problema de la rotación, se suma que no son capacitados con un protocolo adecuado. "Les falta psicología para tratar con el paciente cuando es agresivo. Lo que aporta a un sistema más riesgoso, porque no tienen idea y la gente se enoja más", señala el líder de la Confenats.

La falta de seguridad, junto a la complejidad propia de la profesión, de acuerdo a la visión de los gremios, sería la mezcla que explicaría, en parte, el déficit de especialistas que exhibe hoy el servicio público de salud.

Araya atribuye a la vocación el por qué pocos médicos eligen este sector, pues las situaciones complejas a las que se tienen que enfrentar son mayores que en los recintos privados. Y explica que este escenario influye en que los profesionales no quieran trabajar en los hospitales públicos y jóvenes recién egresados "estén dos meses y se vayan".

"Hay gente que tiene vocación, y yo me saco el sombrero ante esas personas, porque no hay carabineros ni guardias buenos que te sirvan y te saquen de apuro", agrega el presidente de la Confenats.

Mismo panorama que visualiza Cofré, quien dice que atender en algunos lugares es un trabajo "muy duro". "Pasa que hay colegas que están atendiendo en un hospital con balazos afuera mientras asisten a un líder de esa banda de narcos", comenta. Además, dice que hay que "atreverse y tener cojones" para trabajar en esas condiciones.



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<p>Desde el Hospital San José se escuchan balazos durante los funerales de narcotraficantes en el Cementerio General. En la foto, frente al recinto, se observa un campamento de indigentes.</p>

Desde el Hospital San José se escuchan balazos durante los funerales de narcotraficantes en el Cementerio General. En la foto, frente al recinto, se observa un campamento de indigentes.


Foto:JUAN EDUARDO LÓPEZ

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