General Máximo Lira se apresta a cumplir tres meses en su cargo, mientras escalan violencia y clima de temor:
Actores clave evalúan al nuevo "sheriff" de La Araucanía

Jefe de la nueva Zona Araucanía-Control Orden Público y cara visible de la estrategia policial para combatir el violentismo enfrenta complejo panorama. Líderes locales notan un mayor despliegue de uniformados, pero acusan ineficiencia, reflejada en hechos como el ataque sufrido a principios de mes por un convoy de camiones en Tirúa que iba escoltado por carabineros. Sin embargo, casi todos coinciden respecto de las difíciles condiciones en que los policías deben cumplir su tarea, sin suficiente apoyo político ni capacidad real para operar en todo el territorio.  

Marcelo Pinto E.  La mayoría no lo conoce: quieren saber cuál es su estrategia

Los diputados de la comisión investigadora de la violencia en La Araucanía llegaron expectantes a su última sesión, el jueves de la semana pasada. Les interesaba especialmente oír a uno de los invitados: Máximo Lira Oetiker, general de Carabineros y, desde hace casi tres meses, responsable del orden público en esa convulsionada zona.

El escaso tiempo disponible, sin embargo, le impidió exponer. Y la cita acabó sin que los congresistas pudieran formularle una serie de interrogantes, justo cuando el conflicto indígena parece agudizarse.

Lira tuvo un doble debut a comienzos de enero pasado. Ascendió de coronel a general y fue nombrado a la cabeza de una repartición que antes no existía: la Jefatura de Zona Araucanía-Control Orden Público.

El territorio por el que responde es extenso. Comprende la IX Región, pero incluye, además, otras dos áreas golpeadas más recientemente por la violencia: el sur del Biobío y el norte de Los Ríos.

La entrada en escena de Lira fue seguida atentamente por distintos actores públicos que gravitan en el conflicto. Hasta ahora, sin embargo, para algunos de ellos, el general constituye en cierta medida un "enigma".

"No lo conozco", reconoce el senador por Temuco Eugenio Tuma (PPD). "No he tenido oportunidad de entrevistarme con él", coincide su colega Alberto Espina (RN). Entre los demás consultados, el planteamiento se repite, salvo en el caso de la presidenta de la Multigremial de La Araucanía, Angélica Tepper (ver relacionado).

Lira, cuentan, no se ha contactado hasta ahora con ellos. Por lo mismo, los diputados de la comisión investigadora ven esa instancia como un puente para hablar con el oficial. De hecho, ya lo invitaron para una próxima sesión que tendría lugar en abril, como anticipa uno de sus miembros, Germán Becker (RN).

En otros círculos también hay interés por poder contactarlo. Es el caso de la Conadi, donde, con algún grado de incomodidad, dos consejeros indígenas recién elegidos, Marcial Colín (PS) y Ana María Llao (Movimiento Ad-Mapu), reclaman un diálogo con Carabineros para analizar la manera en que esta institución aborda el conflicto: "Es lamentable que estos temas se manejen en círculos pequeños", dice el primero.

El interés por hablar con Lira apunta esencialmente a conocer la estrategia que aplica para intentar frenar la escalada de violencia. En la zona no hay claridad si los policías están operando con tácticas nuevas. O si, por el contrario, se limitan a repetir fórmulas.

"Veo que Carabineros está actuando como lo ha hecho siempre", opina Becker. Su colega Mario Venegas (DC), atacado hace un tiempo por violentistas en la zona, tampoco aprecia un golpe de timón y comparte el análisis de quienes notan en la policía uniformada una tendencia a ser "reactivos".

Tarea que le "fijan": mejorar trabajo de inteligencia

Una mayor presencia policial en terreno se cuenta entre las escasas novedades que algunos han detectado.

Es el caso de la consejera Llao, quien cuestiona el mayor despliegue de funcionarios. Lo valora, en cambio, el obispo de Villarrica, Francisco Javier Stegmeier, en cuya diócesis fue incendiado hace unos días un templo.

Como sea, en opinión de algunos, el nombramiento de Lira y la estrategia que está implementando tienen un alcance limitado de cara a la solución del conflicto.

"Estamos endosando los problemas políticos para que sean resueltos por Carabineros", resume Tuma. "Es injusto pedirle a un oficial que un conflicto que lleva décadas lo pueda solucionar en tres meses", coincide Espina.

Sin perjuicio de ello, el propio senador RN, igual que Becker, le fija al general una tarea urgente: mejorar el trabajo de inteligencia para poder anticiparse, de una vez por todas, a los atentados.

La misión que le traza el diputado Venegas es distinta: "revisar" la manera en que están trabajando él y su institución, para arrojar luces sobre el modo en que Carabineros emplea los recursos que tiene a su disposición.

Algunos plantean que al oficial no se le puede "endosar" la responsabilidad de zanjar un conflicto que iría más allá del control del orden público.Carabineros admiten en conversaciones reservadas que evitan enfrentarse con violentistas por temor a perder sus trabajos

La historia la repiten las víctimas de La Araucanía en voz baja: cuando están en confianza, algunos carabineros confidencian que, al enfrentar a los violentistas, se sienten "pisando huevos".

Se refieren a que son cuidadosos. Que hacen lo posible por evitar el uso de su armamento. Para no meterse en "líos" y terminar sumariados, echados o incluso condenados, como les ha sucedido a algunos que han baleado a comuneros mapuches.

El obispo de Villarrica, Francisco Javier Stegmeier, y el senador Alberto Espina (RN) conocen de primera mano el tema. Porque, con mayor o menor detalle, algunos policías han conversado personalmente con ellos.

"Lo que yo percibo conversando con carabineros es que sienten que cumpliendo con su deber no están suficientemente protegidos en su continuidad en la institución", plantea el religioso.

Misma impresión que tiene el congresista opositor, a partir de sus charlas con otros policías: "Sienten verdaderamente dificultades para hacer uso de las herramientas que tienen. Porque saben que si llegan a disparar y dejan a un violentista herido, la regla general es que sean suspendidos y que terminen sus carreras con conflictos enormes", cuenta el senador.

Lo anterior redundaría en que los policías se "inhiban" cuando desempeñan sus tareas en la "zona roja". Al sentir que no cuentan con un "respaldo político", como apunta, entre otros, el líder de los camioneros, Sergio Pérez: "Lo primero que tendría que hacer el general director de Carabineros es pedir apoyo concreto al Gobierno. Y con ese apoyo, ordenar que sus hombres actúen con mayor severidad".

"Balas de goma"

El armamento que en ocasiones operan evidenciaría también la supuesta falta de "respaldo" a los policías. Quienes, según afirma el diputado Germán Becker, "actúan con balas de goma", frente a violentistas que los atacan hasta con fusiles.

Aquí, las evaluaciones se dividen. Porque congresistas como el senador Eugenio Tuma, el diputado Mario Venegas o los consejeros Ana María Llao y Marcial Colín (Conadi) estiman que los uniformados cuentan con apoyo suficiente de la autoridad. Lo que no debe confundirse, dicen, con amparar eventuales excesos.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), entidad que acumula decenas de acciones judiciales contra Carabineros, aparece también en los análisis sobre las complicaciones que tienen los uniformados para cumplir sus tareas en medio del conflicto.

"Creo que la percepción que tiene el Instituto no es la adecuada en relación con lo que realmente acontece en la zona", plantea el obispo Stegmeier.

El senador Espina va todavía un paso más allá, al afirmar que ese organismo público se ha transformado "derechamente" en un "adversario" de las policías y de las víctimas.

El INDH, en todo caso, también suma respaldos. Legisladores como Tuma o Venegas consideran que, al entablar las acciones en contra de la policía, solo ha cumplido con su tarea.

"La percepción que tiene el Instituto Nacional de Derechos Humanos no es la adecuada en relación con lo que realmente acontece en la zona", dice el obispo Stegmeier.Ataque a convoy en Tirúa, el peor golpe

El diagnóstico es unánime: la emboscada que el 2 de marzo pasado afectó a una caravana de camiones madereros en Tirúa, al sur de la Región del Biobío, constituyó un "fracaso" para Carabineros.

Ese día, los policías que escoltaban el convoy no pudieron impedir que un grupo de encapuchados incendiara seis de los 18 vehículos de la columna, y baleara a una mujer.

Cauteloso, el líder de la Confederación Nacional del Transporte de Carga (CNTC), Sergio Pérez, quien el año pasado encabezó una marcha hacia Santiago en protesta por la violencia del sur, habla de un posible "error de procedimiento" en Tirúa. Porque, según él, la caravana incluía un número de transportes mayor que el estipulado. Menos conciliadores, los senadores Espina y Tuma emplean las expresiones "negligencia inexcusable" y "chiste de mal gusto" para evaluar el desempeño de los uniformados.

Diputado: "No se ve una mejoría"

Más allá de las equivocaciones que pudieron cometer los carabineros, ese atentado se cita de modo recurrente como argumento de que la creación de la jefatura encabezada por Lira no ha disminuido los atentados.

"El cambio no es significativo. Han seguido ocurriendo hechos muy graves", sentencia el diputado Mario Venegas (DC). Aunque de partidos distintos, su par en la comisión investigadora de la violencia en La Araucanía, Germán Becker (RN), concuerda con él: "No se ve una mejoría, para nada"

Áreas "restringidas"

En ese marco, algunos de los consultados alertan frente al hecho de que los policías no podrían circular libremente por todos los sectores, en especial aquellos con fama de "conflictivos".

"Hay zonas donde, quiero decirlo con franqueza, eso no se logra", reconoce Espina. Temucuicui y Chihuaihue, en Ercilla, "zona roja" del conflicto, se cuentan entre los sitios que menciona el diputado Becker.

El parlamentario que si los grupos conflictivos fuesen monitoreados permanentemente -con drones u otros dispositivos-, "no podrían hacer ninguna acción".

Los consejeros mapuches Llao y Colín conocen la versión de que la policía tendría "vedado" el ingreso a ciertas comunidades. Pero le restan crédito, argumentando que los carabineros entran a cualquier sitio, incluso de madrugada.

Senador Tuma (PPD): "Sí, hay terrorismo; se provoca terror"

El comentario se lo hizo un mapuche al obispo de Villarrica, Francisco Javier Stegmeier, hace un par de años, cuando violentistas incendiaron una escuela rural en Puerto Domínguez, en La Araucanía.

"Si me robo un saco de papas, seguro que termino preso. Pero si quemo una escuela, no pasa nada...", le dijo el comunero.

Y el tiempo -dice el prelado- le dio la razón al hombre. "Da la impresión de que cuando se enarbola la causa mapuche, como que uno tiene una cierta inmunidad", comenta el obispo. Hecho que para él quedó en evidencia, a propósito de los mortíferos bombazos de esta semana en la capital belga.

"Lo que acontece en otro país fácilmente es llamado terrorismo. Acá pasan cosas parecidas, pero se evita llamarlo así", reflexiona.

El problema que plantea el obispo está en el centro del escenario que enfrenta el general Máximo Lira. Porque mientras desde el Gobierno se habla generalmente de "delincuencia", otros usan la palabra terrorismo.

Como el senador Eugenio Tuma (PPD). En su opinión, al menos una parte de los ataques en su zona van más allá de la criminalidad corriente. "Sí, hay terrorismo. Porque se provoca terror, porque queman personas vivas, queman propiedades", enumera.

Detrás de algunas acciones -aseguran- hay una motivación ideológica. Como lo comprobó el obispo Stegmeier al conversar con activistas implicados en tomas de recintos eclesiásticos.

"Lo que ellos plantean es crear una nación mapuche. Uno descubre un lenguaje de lucha de clases, de enfrentamiento; ahí entra esta lógica de atentados", argumenta el obispo.

La convicción de algunos en el sentido de que hay terrorismo "choca" con la percepción que en su mayoría tiene el mundo indígena. Más allá de que en algunos casos hayan sido detenidos mapuches, los consejeros de la Conadi Ana Llao y Marcial Colín dicen que no hay claridad respecto de que la etnia esté detrás de la violencia.

Más aún, dan a entender, sin decirlo abiertamente, que algunos de los delitos podrían ser responsabilidades de personas u organizaciones que quieren desacreditar al mundo mapuche.

Conscientes de que ese debate está lejos de zanjarse, desde el mundo político abogan por una solución de fondo, que vaya más allá de las tareas del general Lira.

Los senadores Tuma y Espina apuntan a una estrategia amplia, de largo plazo. Este último lo resume así: "Mientras el Gobierno no lidere una propuesta de paz social, perderemos la oportunidad de solucionar el conflicto. Presentamos una hace 18 meses. Y no hemos tenido ni una respuesta".

"Si me robo un saco de papas, seguro que termino preso. Pero si quemo una escuela, no pasa nada...", le dijo un comunero a un religioso."Estrategia no ha sido eficiente"

Angélica Tepper, presidenta de la Multigremial de La Araucanía, se reunió con el general Máximo Lira cuando este recién había asumido el cargo, a comienzos de año.

En ese minuto -dice- tuvo la esperanza de que la situación variaría. Pero casi tres meses después, el panorama -asegura- sigue siendo el mismo. O tal vez peor.

"La violencia ha ido en aumento. Creemos que la estrategia (de Carabineros) no ha sido eficiente", advierte.

En su opinión, la principal falla de la policía uniformada radica en que ha sido incapaz de "desarticular" a los agresores. Lo que la Multigremial y las víctimas vienen reclamando desde hace años.

Muy por el contrario -plantea-, estos grupos parecen revestidos hoy de "mayor fuerza".

Ello explica, a su juicio, que las medidas policiales de protección que cumple Carabineros por orden de los tribunales se hayan multiplicado, al punto que actualmente ocupan al 72% del personal de la institución en La Araucanía.

Tepper afirma que coincide con otros actores del conflicto en cuanto a que la institución no cuenta con el respaldo político suficiente para cumplir con sus tareas.

La dirigenta dice entender que el general Lira no dé a conocer cuál es la estrategia que aplica para controlar la violencia.

Sin embargo, a partir de los resultados de su gestión -afirma- parece válido deducir que la táctica estaría errada: "Lo ocurrido en Tirúa muestra a una policía sobrepasada. Los violentistas se están riendo de todo el mundo".

Tepper hace una reflexión: "Si tú tratas un cáncer como si fuera una pancreatitis, no funciona. A buen diagnóstico, buen remedio. Si estamos con diagnóstico errado, el remedio nunca será efectivo".



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<p> El ataque del 2 de marzo en Tirúa marcó un punto crítico, sostienen los entrevistados. Una demostración de que no se ve mejoría.<br/></p>

 El ataque del 2 de marzo en Tirúa marcó un punto crítico, sostienen los entrevistados. Una demostración de que "no se ve mejoría".


Foto:MARIO QUILODRAN

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