Siete cronistas recibirán este lunes el Premio Revista de Libros

Para celebrar sus 25 años de existencia, el tradicional concurso organizado por "El Mercurio" y Empresas CMPC reconoció por primera vez el género de la Crónica y abrió su convocatoria a América Latina y España. El premio se dividirá entre dos chilenos y dos argentinos, y también se entregarán tres menciones honrosas.  

M.T.C. 

Fue una total apuesta. Y como tal, tuvo riesgos. En su vigésima quinta versión, el Premio Revista de Libros de "El Mercurio" se otorgaría por primera vez al género Crónica y, también por primera vez, ampliaría la convocatoria a concursantes de Latinoamérica y España. ¿Llegarían suficientes trabajos? ¿Despertaría interés en el extranjero? Internet y el Grupo de Diarios de América, GDA, fueron una gran ayuda para la difusión, y sin duda contribuyeron a que, finalmente, se presentarán 393 crónicas, la mayoría de autores nacionales y más de un cuarto provenientes de Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Cuba, Brasil, Bolivia, Puerto Rico, Venezuela, España...

Este lunes, "El Mercurio" y Empresas CMPC entregarán el premio según lo resuelto por el jurado en enero. En esa oportunidad, el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos y los escritores chilenos Jorge Edwards y Roberto Merino acordaron premiar cuatro crónicas: "Elogio de la sombra", "Ajedrez", "El efímero vuelo de Aviación" y "Orates, fantasmas y fabuladores del Haití", cuyos autores -los argentinos Marcelo Moreno y Leo Aramburú, y los chilenos Nicolás Vidal y Sergio Mardones, respectivamente- compartirán $15.000.000. Asimismo, recibirán menciones honrosas "Crónica de un secuestro", de Carlos Basso; "La esquina frita", de Patricio Araya, ambos chilenos, y "Vendedor de Internet traficante de historias", del argentino José Montero. Estas siete crónicas forman parte del volumen "La memoria del día", publicado bajo el sello Ediciones El Mercurio y ya disponible en librerías ($11.900).

Un nuevo paso que confirma la solidez y el prestigio del Premio Revista de Libros, adquiridos en estos 25 años de trayectoria.

 Sergio Mardones (Rancagua, 1953)

"Soy un convencido de que el objetivo de la crónica es la búsqueda de la belleza, tanto más que de la verdad", dice el autor de "Orates, fantasmas y fabuladores del Haití", periodista de LUN titulado en la Universidad de Chile. Y explica: "El periodismo busca la verdad como una religión y por hacerlo se enceguece. No pocas veces, al ver, oír y leer las noticias, me atrevo a pensar que mientras la belleza se asemeja a ese Dios que escribe derecho con renglones torcidos, el periodismo viene a ser un diablo que escribe torcido con renglones derechos".

Su crónica aborda las tertulias del mítico Café Haití y los curiosos personajes que todavía toman parte en ellas. "Desde que empecé a reportear, allá por el año 1975, descubrí que cada entrevistado era en sí mismo una historia fabulosa, y que solo debía dársele la oportunidad para contarla. Descubrí también que mientras menos vestidos tuviese el personaje, con mayor facilidad afloraría su alma. En esto me sumo a lo que alguna vez le leí a Chesterton: 'La vida pública toda, la fama, la sabiduría, son cosas frías, angostas, diminutas. Solo a la gente desconocida le es dable crecer en todas direcciones, como un árbol exuberante'".

En cierto sentido, el ambiente que describe parece en vías de extinción. "Espero que el café Haití y sus clientes no lo vean de ese modo. A todo ese mundo le deseo larga vida", dice. Y asegura sentirse "enormemente agradecido" de la opinión que el jurado tuvo sobre su crónica. "Sé perfectamente lo que es postular a concursos y perder, e intuyo que, sin sospecharlo, los señores Edwards, Merino y Salcedo han reconocido una trayectoria", afirma.

Marcelo Moreno (Buenos Aires, 1951)

El autor de "Elogio de la sombra" se enteró de este concurso por una información publicada en Clarín, el diario en el que trabaja hace 25 años. "Me pareció un buen desafío para un periodista veterano como yo, y profesor de periodismo, ponerme a prueba", señala poco antes de viajar a Santiago.

Su crónica recrea un encuentro con Jorge Luis Borges ocurrido hace 40 años, y revela una faceta íntima y, por lo mismo, más desconocida del autor argentino. Marcelo Moreno dice que la elección de este tema tiene una explicación sencilla: "Borges es un personaje central en mi vida, es el mayor de los escritores que he conocido y uno de los más grandes que he leído. En mi escritorio, frente a mi mesa de trabajo, hay retratos de cinco maestros, en dos de los cuales está Borges. Las anécdotas con él me han acompañado a lo largo de mi vida y son una inspiración inagotable".

Para escribir su crónica recurrió, sobre todo, a la memoria, pero aclara que "más allá de la anécdota, en el texto trato también de reflexionar sobre el efecto Borges en las generaciones de escritores argentinos".

En cuanto al significado de este premio, dice que "es un orgullo que me acompañará siempre". Y agrega: "Si no me pongo muy pedante o demasiado oscurantista, podría afirmar que no importa tanto haber ganado como haber participado con colegas de América Latina y España, con los cuales, de alguna manera, estamos construyendo algo de lo cual sabemos, por ahora, poco y nada".

Nicolás Vidal (Santiago, 1979)

Abogado de profesión, el autor de "El efímero vuelo de Aviación" empezó a escribir crónicas hace poco más de un año, en la revista digital DeCabeza, de la que es editor general. "Me gusta mucho escribir sobre la realidad, pero desde una perspectiva distinta", afirma. "Y la crónica pone a tu disposición todos los elementos que son más propios de la ficción, como la creación de una imagen de gran potencial simbólico, la escenificación de una atmósfera, la elipsis, incluso el diálogo, y a través de ellos te permite contar una historia de manera única, hacer que el lector se adentre en un hecho real como si estuviera leyendo un cuento".

Así abordó una faceta más bien desconocida del general Alberto Bachelet durante un momento clave y dramático de la historia chilena. "Un equipo de fútbol que representa a la Fuerza Aérea de por sí resulta muy llamativo, pero la impronta que le daba el general Bachelet como vicepresidente del club lo transformó en un fenómeno que superaba con creces los límites de la cancha. Que alguien de la dimensión histórica del general Bachelet haya tenido tanto interés por el fútbol y que viera al deporte como una manera de tender puentes entre el pueblo y el mundo militar, me llamó mucho la atención", explica. Y se convenció de escribir esta crónica cuando descubrió situaciones de mucho simbolismo, "como, por ejemplo, al general Bachelet en su oficina del Ministerio de Defensa, redactando su carta de renuncia a la Vicepresidencia del Club Aviación el 11 de septiembre de 1973, frente a La Moneda en llamas".

Dice que el premio fue inesperado, pero que le dio "una alegría enorme que un jurado de esa calidad, con verdaderos maestros del género, haya elegido mi crónica entre tantos participantes".

Leo Aramburú (Buenos Aires, 1963)

Fue una amiga, la escritora chilena Cynthia Rimsky, quien impulsó a este director, fotógrafo y guionista a concursar con "Ajedrez". "Teniendo en cuenta que profesionalmente me ocupo de otra cosa, este premio me pone en un lugar que no tenía hasta ahora", dice Leo Aramburú desde Porto Alegre, en pleno rodaje de una película.

"Los guiones son de alguna manera escritos incompletos, porque no tienen mucho sentido sin la película, y hacer películas es bastante más complejo y caro que escribir guiones. Además, en general no tienen valor literario, solo argumental. Por eso hace tiempo que empecé a escribir piezas literarias: cuentos, relatos y crónicas, para que la obra valga por si misma", explica. Sin embargo, reconoce que "la práctica de la dramaturgia que se desarrolla en un guión me ayudó mucho en los diálogos, en la descripción de los espacios, en la construcción del clima de las escenas, en el manejo del suspense y en la construcción de los personajes".

"Ajedrez" tiene como personaje central a un niño, Leo, cuyo aprendizaje de la vida y de los adultos está estrechamente relacionado con su pasión por el ajedrez. "Esta historia sucedió en un momento clave de mi vida y la de mi familia, por lo que siempre fue importante para mí. Un día decidí escribirla y salió casi de un golpe". Después de guardarla por mucho tiempo, la mandó al concurso. "Que un jurado de este nivel reconozca mi escritura y la premie es algo que me llena de orgullo y me da un gran empujón hacia adelante; me da seguridad y ánimo para seguir escribiendo", señala. Y agrega que la publicación de su crónica en un libro "marca un hito en mi historia y me deja tranquilo para enfrentar a la muerte, ya que hijos tengo, tres, y árboles planté varios".

Menciones honrosas

Tres periodistas obtuvieron las menciones honrosas de este premio y cada uno de ellos entrega su visión acerca de las posibilidades literarias y periodísticas que les ofrece la Crónica.

José Montero ( Buenos Aires, 1968), autor de "Vendedor de Internet, traficante de historias": "La crónica le brinda al periodista el espacio. Nos salimos del género noticioso de todos los días y tenemos una mayor cantidad de páginas. El tema es no desaprovecharlas, porque el lector no perdona. Donde no se enganchó, chau. Ahí es donde juegan las herramientas literarias. Las tenés que usar a tu favor, exprimirlas. El objetivo para mí es sujetar al lector y no soltarlo. Pero hay que hacerlo amablemente".

En su texto, Montero explora el mundo de la compra y venta por internet: "El vendedor de internet que retrato es un amigo. Siempre me enganchaba cuando me contaba episodios aislados de sus operaciones. Y, cuando yo lo contaba a otras personas, veía caras de fascinación y asombro. Ahí había algo, pero faltaba el medio. El Premio Revista de Libros fue el estímulo para contarlo. Y como hay cosas de las operaciones de Mercado Libre que cuesta entender a menos que uno se involucre, también compré algunos artículos y vendí unos viejos patines que había en mi casa. Eso fue fundamental para la comprensión de ese mundo paralelo".

Patricio Araya (Valparaíso, 1961), autor de "La esquina frita": "Lo más atractivo de la crónica es que permite al periodista darle un tratamiento más subjetivo a la realidad, que va más allá del género interpretativo; la realidad per se es difícil de digerir, de manera que narrarla valiéndose de ciertas licencias literarias alivia la carga de una realidad muy prepotente y cortoplacista".

Araya se encontró con su historia cuando estudiaba en la U. de Santiago, su alma mater junto al Instituto Nacional. "Yo había presenciado varias redadas que se efectuaban en la esquina de Alameda con Echaurren, y me pareció que hubo una en particular que, debido a su dramatismo, debía ser registrada. En esa época se iba a efectuar el Apec en Santiago y había una verdadera fiebre gubernamental por 'limpiar' las calles de todo aquello que 'afeara' la ciudad".

Carlos Basso (Santiago, 1972), autor de "Crónica de un secuestro": "Veo a la crónica como el punto de encuentro del periodismo, la historia y la literatura, sobre todo en lo que tiene que ver con la morfología del texto, con la cadencia, con la belleza del mismo. Ahí tenemos a don Joaquín Edwards Bello, la muestra patente de ese sincretismo al que me refiero. Desde este punto de vista, cualquier amante de la literatura, el periodismo y la historia debería convenir conmigo en que no existe nada más apasionante que una buena crónica".

La suya es, en primer lugar, un homenaje a uno de sus maestros, Hernán Osses, "pero también es un homenaje a ese sistema de entrenamiento de antaño, esa transmisión de conocimientos de maestro a aprendiz que se daba en las viejas redacciones". Al mismo tiempo, hay un rescate del periodismo de provincia, en el que el reportero trabajaba hasta altas horas de la noche o la madrugada, con la única motivación de "golpear" a la competencia, "sin medir lo peligrosas que eran las aguas en que se nadaba".



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