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A 10 años de la "revolución":
Lanzan primeras memorias "pingüinas"

Domingo 8 de mayo de 2016

El libro recoge una crítica visión de la actual reforma educacional.

Ex dirigente del Instituto Nacional, publica libro sobre educación, donde incluye un capítulo con la historia del movimiento que enfrentó al primer gobierno de Bachelet.
 


 

E pisodios desconocidos de la "revolución pingüina", las manifestaciones de estudiantes secundarios que en mayo de 2006 pusieron en aprietos al primer gobierno de Michelle Bachelet, revela el libro "Educación, una transformación pendiente", del ex dirigente pingüino Julio Isamit, que Libertad y Desarrollo lanzará en los próximos días. El texto recoge la crítica visión de Isamit -hoy coordinador del movimiento Republicanos- respecto de la reforma educacional en marcha, pero dedica todo su primer capítulo a recordar los sucesos de 2006.

Así, el libro da cuenta de una peculiaridad del movimiento, como fue que la directiva del más emblemático de los liceos públicos, el Instituto Nacional, haya estado encabezada por independientes de centroderecha (la mesa era presidida por Germán Westhoff e Isamit era secretario ejecutivo). El autor cuenta que ello fue el producto de un arduo trabajo, con la experiencia acumulada de sucesivas derrotas y levantando un discurso que hoy suena paradójico: "no queremos más paros ni tomas".

Pero pese al triunfo, su sector siguió siendo minoría en el Consejo de Delegados de Curso, dividido en tres tercios: la Concertación, los movimientos de izquierda radical y, como la fracción más pequeña, los independientes y cercanos a la centroderecha, lo que obligó a la mesa a construir alianzas distintas para enfrentar cada votación.

Similar división se daba en la Asamblea Nacional de Estudiantes, que reunía a los líderes de los principales liceos emblemáticos, y la misma estrategia seguían allí los dirigentes del Instituto Nacional. De hecho, cuenta Isamit, sus primeros pactos fueron con la izquierda más radical, para enfrentar a los socialistas, el sector dominante, que encabezaba César Valenzuela (del liceo Confederación Suiza), cuya cercanía con el Gobierno despertaba reticencias en unos y otros.

El libro relata cómo ya a fines de 2005 los estudiantes discutían el pliego de demandas que levantarían al año siguiente; este fue fruto de una intensa negociación, con mutuas renuncias, y consideraba una agenda corta (gratuidad de la PSU, pase escolar todo el año), y otra larga, que incluía el reemplazo de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (la Loce).

En ese contexto, partieron en abril de 2006 las primeras manifestaciones. Los dirigentes del Nacional se jugaban en ese momento por contener el movimiento y evitar un paro nacional, pero dos hechos los hicieron revisar la inicial decisión de "no a las tomas". Uno fue la difusión del caso del Liceo Carlos Cousiño, de Lota, el famoso "liceo acuático" por las filtraciones y deplorable estado de su infraestructura, que despertó solidaridad generalizada.

El otro hecho fue el discurso presidencial del 21 de mayo. Luego de que las primeras movilizaciones suscitaran atención ciudadana, los jóvenes esperaban que la Presidenta les hiciera un gesto. En lugar de ello, solo hubo un llamado de atención a los estudiantes. Vino entonces una masiva indignación juvenil. En el caso del Nacional, le pusieron un ultimátum al Gobierno: una semana de plazo para responder el petitorio y conformar una comisión que estudiara la reforma educacional. Se inició un período de marchas y contramarchas con la autoridad, sin llegar a resultados, lo que derivó, el 30 de mayo, en un gran paro nacional, que reunió entre 600 mil y un millón de manifestantes en todo el país. Entonces, el 1 de junio, los pingüinos finalmente tuvieron respuesta, cuando la Presidenta anunció en cadena nacional la acogida a sus planteamientos económicos y la formación de una comisión. Para los estudiantes del Nacional, los objetivos estaban logrados y de hecho el movimiento empezó a perder fuerza y dividirse. Finalmente el Instituto bajó su toma y el 13 de junio sus alumnos, como miles más, volvieron a clases.

Las pizzas imperialistas

En su relato, Isamit destaca el espíritu que animó a los jóvenes, su organización y las tácticas con que lograron imponerse. Pero no evita las críticas hacia los más extremos, por su exacerbada ideologización. El mejor ejemplo lo resume en una anécdota: durante una de las tomas en el Nacional, la directiva quiso "premiar" a los presentes encargando pizzas, para así variar en algo la repetitiva dieta de tallarines y arroz que acostumbraban comer. Pero en lugar de inmediato aplauso, lo que vino fue un largo debate: ¿correspondía a ellos, alumnos de un liceo público, consumir un producto tan "imperialista"? En la discusión salió al tapete hasta la figura de George Bush. Luego de ardua discusión, finalmente las pizzas fueron aceptadas. Fue la "voluntad popular".