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Televisión Proyecto gubernamental
Soñar es gratis: imaginando el canal cultural

Domingo 29 de mayo de 2016

Multipantalla, misceláneo, no muy amplio, pero sobre todo haciéndose cargo de que la televisión es una narrativa. A la espera de conocer qué será la anunciada señal, conversamos con cinco entendidos -dos realizadores, dos conductores y un ejecutivo- para saber, independientemente del escepticismo, qué esperarían ver ellos bajo el rótulo de "programación cultural".
 


Juan Rodríguez M. 

Un medio de la cultura de masas para llevar cultura a las masas. La televisión en Chile tiene un origen formativo, o al menos universitario. De modo que el proyecto del Gobierno de crear una señal cultural y educativa podría contarse como el regreso al origen, en medio de una industria homogeneizada que olvidó su pasado: en 2015, según un estudio del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), de las 55.673 horas de programación que emitieron los canales abiertos, apenas un 4,1% fue cultura. O sea, 2.661 en un año -con Televisión Nacional a la cabeza. Y eso que el concepto alcanza para programas de conversación política como Estado Nacional, eventos deportivos como los Juegos Panamericanos de Toronto e informativos como Terra Santa News.

Si hacemos fe en que las encuestas reflejan la realidad, entonces en Chile la gente no está satisfecha con la televisión abierta y demanda, precisamente, más contenidos culturales, educativos e infantiles. El 62% está insatisfecho, entre otras razones, porque hay "muchas peleas, escándalos, problemas, farándulas, chismes". Será por eso, entonces, que el 31% pide más cultura. Todo esto según la última encuesta nacional de televisión del CNTV (hecha el año 2014, la próxima será el 2017).

De modo que el anuncio de crear "un canal cultural y educativo de libre recepción, gratuito y sin publicidad" -proyecto firmado por la Presidenta Bachelet previo al 21 de mayo- se adecua a la realidad (o las encuestas). Según una minuta que entregó la Secretaría General de Gobierno, que lidera este proyecto, la señal "será administrada a través de una filial de propiedad 100% de Televisión Nacional", la que será dirigida "por tres directores elegidos por el directorio de TVN". Además, habrá una capitalización, "destinada a la puesta en marcha", de US$25 millones.

Ahora, como el canal es todavía una declaración de intenciones, una promesa que ya viene, hablamos con cinco chilenos que pueden imaginar desde la experiencia cómo debería ser o, mejor, qué les gustaría ver: qué y cómo, porque en televisión también importa la forma. Son: el escritor Cristián Warnken, creador y conductor de "La belleza de pensar" y "Una belleza nueva". El director y productor Tevo Díaz, realizador, por ejemplo, de la serie documental "Naufragios". Eduardo Tironi, fundador del canal cultural ARTV y asesor cultural de UCV-TV. El cofundador de la productora Surreal, Cristián Leighton, responsable de series como "Los patiperros" y "Voy y vuelvo". Y el Premio Nacional de Literatura Antonio Skármeta, que condujera "El show de los libros" y "La torre de papel".

Convicciones, no palabras

Antes de entrar en materia, Warnken recuerda su experiencia con "Una belleza nueva", programa que transmitió TVN hasta 2013. "Si no fueron capaces de sostener un programa auspiciado, de bajo costo, con una audiencia fiel (tuvimos unos pares de puntos que hoy valen oro), ¿qué me hace pensar que van a hacer una señal cultural? Estos proyectos requieren de convicciones, no de declaraciones". Tironi también es escéptico. Entre otras razones, porque TVN "está manejado absolutamente por políticos"; porque "lo de la cultura lo ponen como un detalle al margen" dentro del anuncio de entregar 75 millones de dólares a TVN, "que son para sacar al canal del hoyo económico"; y porque está "fuera de tiempo", pues "la gente cada vez ve menos televisión".

Dicho eso, Warnken imagina un canal con el espíritu "creativo y épico" de la primera televisión chilena, la universitaria, "pero en versión contemporánea". De bajos recursos, "pero con carácter, sencillo, que la gente aprecie por ser una pausa en medio del griterío, la pornografía y los efectismos histéricos que marcan hoy la televisión". Un canal educativo, "como lo fue en su época de oro Teleduc". "Recordemos que tuvimos en esa época un Godofredo Iommi, el gran poeta fundador de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso, haciendo 'La teleserie perpetua'".

Warnken también piensa en programas de ciencias, música, humanistas y de educación cívica "de gran nivel". "Con una continuidad muy simple, pero significativa... Por ejemplo, poemas recitados o escritos en pantalla. Nuestro principal patrimonio cultural es la poesía". Y la antipoesía: "Una especie de anticanal. Que recoja las mejores experiencias de experimentación que ha habido en la televisión chilena (de Jorge Damm a 'Factor Humano' y '31 minutos', o la buena época de la primera ARTV dirigida por Tironi), y que proponga no solo contenidos de calidad sino también formatos de calidad".

Un espectáculo audiovisual

Formatos de calidad, dice Warnken. "Pondría contadores de cuentos, grandes narradores leyéndoles cuentos de la literatura universal y chilena a los niños. Habría que inventar un lenguaje televisivo para hacerlo". Y, claro, de eso se trata: si el medio es el mensaje, entonces la televisión, un programa, debiera concebirse también como un fin en sí mismo. Ser ella misma una obra. No es cuestión de plantar una cámara delante de una pintura, o tal vez sí, pero siempre que sea con drama. "No sé si será demasiado pedir -dice Antonio Skármeta- que los programas no fueran acerca de algo -sobre arte, por ejemplo-, sino que los programas mismos fueran arte. Digamos, que hubiera una concepción, un montaje, un enfoque, un relato que uno pudiera decir 'ajá, esto es arte televisivo'. Que haya una estructura dramática, una intención estética en esto. Eso sería lo ideal"

Tevo Díaz también apunta a la dramaturgia. "Yo pienso que es esencial. Todos los realizadores tenemos siempre esa visión, tenemos que hacer que el público se interese. En todas las artes representativas la base es el drama. Los directores y guionistas tienen que saber sacarles partido a los puntos dramáticos de una historia. De eso depende que los programas sean más o menos entretenidos; eso hace, finalmente, que el contenido llegue en profundidad. Nuestro trabajo también es generar emociones, si no la gente se aburre".

Como ejemplo, Díaz cita la serie de la BBC "El poder del arte", en la que el historiador y crítico Simon Schama nos sitúa en la obra de ocho artistas o, mejor dicho, narra ocho cuentos cuyos héroes son ocho pintores, como Caravaggio o Rothko. "Es tremenda, esos son los estilos que a mí me interesan, en los que se mezcla un poco el documental con la ficción, la animación, recreaciones de voces, etcétera", dice. "Donde se utilizan más recursos audiovisuales, donde el espectador realmente esté presenciando un espectáculo audiovisual".

Cristián Leighton cree que lo primero que debería hacer un canal "cultural" es "sacudir ese prejuicio tan anclado en la TV chilena de que eso -lo cultural- significa una restricción temática excluyente. La cultura en televisión no tiene por qué ser algo estanco; al contrario, debe ser inclusivo e integrador. Es una manera de modular la sociedad y que se centra en preguntas: ¿cómo estar vivos?, ¿qué sociedad estamos construyendo?". "Esto no excluye nada ni a nadie; por ejemplo, puede ser igual de poderoso abordar desde una mirada desprejuiciada la vida de un ex 'chico reality' como un concierto de Mahler. El tema decisivo es el punto de vista y la mirada sobre el mundo", agrega Leighton. "Los llamados contenidos culturales en Chile no solo han sido segmentados en la programación, se los ha caricaturizado bajo cánones obsoletos que los dejan fuera de la oferta principal". "En esto el periodismo estridente y la industria del commodity audiovisual delimitan zonas de exclusión crecientes. Para eso existen en el mundo los canales con vocación pública que se hacen cargo de los diversos desequilibrios de una programación homogénea y poco innovadora incluso".

Aunque Eduardo Tironi cree que urge mejorar el nivel de la televisión, incluido el cable, y que TVN debería tener una serie de señales extras -"como ya tiene la de noticias"-, no le convence la idea de crear un canal abierto cultural. Él trabajó en la estación estatal en los 90: "Creíamos, y seguimos creyendo, que la solución para este tema sería una televisión pública que pudiera compatibilizar los diversos intereses, como son la publicidad -el financiamiento- y la cultura. Al no lograr nada de esto, preferí intentar un camino propio e hice ARTV. Llevamos 24 o 25 años dedicados exclusivamente al arte y a la cultura, pero -y esto es muy importante- sin ser televisión abierta, sino que una televisión específica".

¿Ser o no ser amplios?

Por eso Tironi pone un énfasis parecido al de Leighton: un canal misceláneo, con todos los géneros, donde lo cultural radique en el trabajo de los contenidos. "Desde deporte -por qué no, si forma parte de nuestra cultura-, y todo lo que hace un canal normal. Pero con el cuidado de que el contenido siempre tenga algún sentido, un para qué, un punto de vista, y no sea simple diversión, porque en ese caso terminas en lo que tenemos ahora. No podría tener, por ejemplo, los noticieros que tenemos hoy, porque sería una vergüenza", explica. "A mí modo de ver, la pura cultura lleva a mantener a las élites que les gusta eso. Y que, por lo demás, tampoco ven tanta televisión hoy en día".

Al contrario de la amplitud que propone Tironi, Skármeta cree que "lo decisivo en el planteamiento de un canal cultural es tratar de hacer un concepto de cultura que no sea demasiado abarcador". Percibe que temas como la historia o la zoología, y en general las ciencias, "habitualmente están bastante cubiertos, y de manera eficiente y competitiva, al menos por la oferta de canales internacionales". Por eso consideraría bajo el concepto de cultura a "aquellas disciplinas que nutren la vida, la fantasía, la imaginación de la gente, y que habitualmente no tienen cabida en el gran espacio público de la televisión"; o sea, la literatura, la música, la escultura, la pintura, la danza... Además -y advierte que no es por nacionalismo-, nota "un déficit grande de información, de promoción, de visualización de lo nacional; de los artistas nacionales. Yo veo con mucha envidia programas como 'Desde el Actors Studio' [en el que James Lipton entrevista a personalidades del mundo de la actuación]. Es un programa excelente, con una gran capacidad, con unas entrevistas muy buenas, con muy buena información y documentación".

No los cita Skármeta, y tal vez no necesariamente son buenos programas, pero sí muestran lo diversa que puede ser la televisión cultural. Lo diversa y... televisiva. Desde "Art21" -de la PBS, la televisión pública estadounidense-, una serie enfocada en las artes y los artistas visuales contemporáneos. Hasta "ArtCops", también desarrollado para la TV pública estadounidense, que nos cuenta sobre obras de arte robadas, su importancia y cómo colaborar para recuperarlas. Pasando por el reality show de artistas "Work of the Art: The Next Great Artist", del canal estadounidense Bravo; o la sitcom "Whole Day Down", una sátira sobre el mundo de las galerías (es una serie web que se puede mirar en www.wholedaydown.tv).

Ni Gramsci ni Friedman

La serie documental "Naufragios" (www.naufragiostv.com) de Tevo Díaz se exhibió en UCV-TV. Sin embargo, cuenta Díaz, un día un grupo de "chicos" se le acercó y le dijeron: "Oye, ¿cuándo va a estar en internet?, porque queremos ver los cuatro capítulos juntos". En esa sola pregunta están concentrados los que deben ser los cambios más importantes que ha tenido la televisión, sea o no cultural, gracias a las nuevas tecnologías: podemos ver un contenido en más de una pantalla, y lo podemos ver cuando y como queramos.

Por eso, antes de pensar en contenidos, Díaz subraya la importancia de la estructura: "Un canal cultural en el año 2016 debería tener varias plataformas", dice. "Debería tener una pantalla de exhibición que llegara a todos esos rincones tecnológicos". A televisores, claro, pero también a computadores, tabletas, celulares y lo que venga. Como lo hace, por ejemplo, la BBC con iPlayer, el sitio donde aloja la programación de todos sus canales. O el canal público franco-alemán ARTE, que incluso tiene una versión en español, donde se pueden ver documentales, ficciones, cultura pop, conciertos, programas para niños.

"En el debate que se viene, y que se genera por este proyecto -concluye Leighton-, esperaría que los viejos fantasmas de Gramsci y Friedman no ahoguen la discusión anticipadamente, la que debiera abrirse incluso a que el canal público actual se convierta definitivamente en el canal cultural que requiere el país, y comprender que su misión es asumir el sentido de su existencia, la que implica una vocación permanente por incluir, inspirar e innovar".

La nueva señal será administrada por tres directores elegidos por TVN. Además, habrá una capitalización de US$ 25 millones.