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CONTROVERSIA | Se cuestionan las adaptaciones juveniles de sus obras:
El pobre Shakespeare debe estar revolcándose en su tumba

Domingo 29 de mayo de 2016

Emma Rice, directora del Globe de Londres.

Las opiniones de la nueva directora artística del teatro Globe de Londres, quien ha dicho que a veces no comprende del todo al dramaturgo y que algunas de sus obras "le dan mucho sueño", motivan esta reflexión sobre las visiones "populistas" en torno a Shakespeare.
 


Melanie Phillips The Times 

La nueva directora artística del teatro Globe en Londres, Emma Rice, dice que a veces le cuesta comprender las obras de Shakespeare. Como calificación para el trabajo, es ciertamente imaginativo. ¿Podríamos ahora esperar que el presidente del Banco de Inglaterra confesara que no puede hacer divisiones largas o que Stephen Hawking admitiera que encuentra impenetrable a Einstein?

El teatro Globe, reconstruido en 1997, es un santuario para las obras de Shakespeare. En 1599, la propia compañía de teatro del bardo construyó el Globe original en un sitio muy cercano al actual. ¿Cómo puede su gerencia haber nombrado como directora artística a una persona que dice que su experiencia con algunas obras de Shakespeare se asemeja a "tomar una medicina", que le dan "mucho sueño" y que preferiría estar escuchando a The Archers?

La deprimente probabilidad es que Rice cumple con todos los requisitos marcados como "relevancia", "diversidad" e "inclusión". Promete que no habrá discriminación por género y raza en el reparto, que se harán cortes en los textos y que las producciones serán populistas.

"En mi opinión, de ninguna manera puede seguir siendo relevante cada línea", sostiene. Su mayor temor es que alguien salga de una de las obras diciendo "fue muy aburrida" o "no la entendí".

Eso es porque ella misma no las entiende. No entiende sobre todo que Shakespeare no necesita cortes o agregados o trapecistas transexuales girando en hot pants con música de David Bowie. En las obras de Shakespeare las palabras lo son todo.

La idea de que son ininteligibles y poco atractivas para el público moderno, particularmente para la juventud inquieta, está lejos de ser verdad. Adecuadamente enseñadas o producidas, las obras pueden conectarse con la realidad e inspirar hasta el público menos prometedor. El príncipe Carlos, que no solo es un apasionado de Shakespeare, sino que incluso ha hecho muchos esfuerzos por rescatar a jóvenes desfavorecidos y marginados a través de su Prince's Trust, entiende esto muy bien. Hace más de una década, observó cómo una clase de adolescentes difíciles en una unidad para la reintegración de alumnos en Balsall Heath, Birmingham, respondía con entusiasmo al texto de "Romeo y Julieta", que les enseñaba un profesor inspirador.

Como presidente de la Royal Shakespeare Company, hizo posible que la clase fuera a ver la obra que estaba siendo representada en aquel momento en el teatro de la compañía en Stratford-on-Avon. "Un tiempo después", recuerda, "recibí algunas cartas maravillosas de los adolescentes diciendo que era lo mejor que les había pasado en la vida".

Las obras de Shakespeare conectan a los niños británicos con su identidad nacional. También les enseñan todo lo que necesitan saber acerca de la naturaleza humana y las relaciones, sobre el amor, la muerte, la ambición, la conciencia y la traición. Sin embargo, durante décadas los profesores se han quejado de su inclusión en el programa escolar alegando que son aburridas, poco atractivas o una forma momificada de un nacionalismo obsoleto.

En 1995 el profesor Asher Cashdan, formador de profesores, escribió en una revista de educación acerca de "una cacería de brujas derechista" a través del programa de estudios nacional. "Estoy continuamente sorprendido por los profesores que aceptan mansamente la imposición de obras de Shakespeare para todos los alumnos", dijo. Los niños menos favorecidos "poco pueden comprender de una obra de Shakespeare y tal vez eso los aleje de cualquier obra de teatro y literatura si se los atraganta con el bardo a una temprana edad".

La constante resistencia ante la aparente dificultad del lenguaje proviene de la opinión de que nunca se les debe presentar obstáculos a los niños. Esto explica la obsesión con la "relevancia", o con poner todo en el lenguaje del mundo actual. El resultado es la degradación de la sublime poesía de Shakespeare.

Hace tres años, Francis Gilbert escribió "Star-Crossed: Romeo and Juliet for Teenagers" ("Desafortunados amantes: Romeo y Julieta para adolescentes"). Este empleaba, en sus propias palabras, "frases modernas y términos obscenos" para que la obra fuera "más accesible para estudiantes del siglo XXI". Las obscenidades en la traducción de Gilbert son ciertamente irritantes, pero no tanto como la ramplona y atroz banalidad a la que reduce la elevada imaginería de Shakespeare. Así, por ejemplo, la expresión: "Ha sido el ruiseñor y no la alondra el que ha traspasado tu oído medroso", se convierte en "has escuchado cantar al ruiseñor, eso significa que es de noche; es entonces cuando ellos cantan".

La accesibilidad de Shakespeare depende de la inteligencia, pasión y talento del profesor o director de teatro. Un profesor que no comprendía esto escribió hace unos años: "Creo que lo más difícil de Shakespeare para los niños es que ellos nunca comprenderán todos los matices porque provienen de una cultura de hace muchos siglos". Pero otro escribió respondiendo: "He visto cómo niños con dificultades de aprendizaje se entusiasman al entender lo que realmente quiere decir que 'Macduff fue arrancado antes de tiempo del vientre de su madre'".

El lenguaje de Shakespeare debe ser decodificado para ser comprendido. A los niños les encanta descifrar códigos porque eso les da poder y aumenta enormemente su autoestima. De acuerdo a la American Alliance for Theatre and Education, representar obras de Shakespeare ayuda a mejorar la comprensión de los alumnos de otras materias complejas como ciencias y matemáticas.

Es por ello que las obras de Shakespeare ayudan a los más desfavorecidos. Y es también por ello que los profesores o directores de teatro que las expurgan o las impregnan con trucos "relevantes" tratan a los más desfavorecidos con desprecio, corrompen la obra del dramaturgo más grande de la historia y rebajan nuestra cultura general.

Ahora, esto está sucediendo nada menos que en el Globe. Ay, pobre Shakespeare. Nosotros lo conocimos, Horacio.

Existe la opinión de que nunca se les debe presentar obstáculos a los niños.