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Crítica de Arte | Centro Cultural La Moneda
Vida y muerte en el Nilo

Domingo 29 de mayo de 2016

Gran concurrencia de público. El Centro Cultural La Moneda acoge esta muestra sobre la existencia terrena en el Egipto Antiguo y su prolongación después del ámbito material.Foto:HECTOR FLORES



Waldemar Sommer 

El Nilo: dador de vida, responsable de una civilización tres veces milenaria. Pues bien, a la existencia terrena y a su prolongación después del ámbito material del Egipto Antiguo dedica sus dos salas principales el Centro Cultural La Moneda. Proviene esta exposición del prestigioso y berlinés Museo Egipcio y Colección de Papiros. Resulta indudable que, dentro de la historia del arte, pocos estilos muestran un carácter fisonómico más fuertemente definido: el espectador logra reconocerlo de inmediato. Sus imágenes corresponden a un código que entremezcla escritura jeroglífica e iconografía bien reconocible. Corresponde esta última a dioses, faraones y sus familias, a sacerdotes, guerreros, escribas, músicos, servidores, además de la propia fauna y flora. Sobre todo en las esferas divina y regia, la representación de sus personajes obedece a reglas formales oficiales rígidas, preestablecidas durante siglos. En la esfera del estado llano, al contrario, la libertad de ejecución es muchísimo mayor. Podemos apreciar en Santiago cómo el interés y la calidad de las obras exhibidas se vinculan por entero con esa distinción.

Desde luego, los distintos períodos del arte faraónico que aquí se testimonian hallan en los relieves de clara piedra caliza su máxima expresión. Sobre todo cuando representan la vida. Tenemos, entonces, composiciones de fina factura, llenas de movimiento y vivacidad. Destaquemos del remoto imperio antiguo -alrededor de 2500 a. C. y 2200 a. C.- el estupendo bloque con escenas de cosecha, el pleno de naturalidad con hombres y burros, el del solitario artesano, el que muestra animales del desierto y todavía dotado con restos de un color. Dando un salto hasta el imperio nuevo -1550 a. C. a 1070 a. C.-, también llaman la atención por su calidad los relieves del grupo de cortesanos que se inclinan frente a un soberano ausente, de la cabeza de un ciego tocando el arpa, de las visiones del campo militar y la gracia de sus dos corceles, de la vivaz cacería, de la pareja de perros que da cuenta de un ciervo. Es de hacer notar el estado de conservación admirable con que se mantienen estos y todos los restantes trabajos del museo alemán.

Asimismo correspondientes al imperio nuevo resultan las estatuas imponentes en granito oscuro de Sekhmet sentada, la contradictoria diosa con cabeza de león. Ambas ejecuciones volumétricas, de acuerdo a la mentalidad egipcia en estos casos, ofrecen su cara trasera como soporte a textos jeroglíficos y anulan el contorno tridimensional de las figuras. Añadamos a tales obras un, históricamente, tantas veces reiterado grupo familiar. En cambio el gigantismo y la tosquedad formal priman durante el período ramésida, como lo prueba acá el gran busto de Ramsés II. Sumamente didáctico para el público es la inclusión de una amplia maqueta de madera que enseña la morada y granja de un alto funcionario de la época de Tell el-Amarna; sorprende en ella el lugar de honor asignado a la capilla, junto al jardín y a una extensa piscina para almacenamiento de agua. Ya del período tardío -750 a 332 a. C.-, encontramos pequeños bronces provistos de un encanto sabroso, pintoresco. Por ejemplo, la gata amamantando a sus crías numerosas o la diosa, que en similar función, alimenta a un faraón.

Ya dentro del recinto dedicado por la exposición a todo lo relacionado con la muerte, hay que empezar por mencionar el poderoso sarcófago en piedra caliza del período medio. Constituye una caja simple, pero por dentro cubierta con una decoración pintada con los signos típicos en blanco, negro, rojo anaranjado y gris celeste. La acompañan amuletos para el difunto, consistentes en joyas bastante sencillas de oro, plata, cerámica esmaltada y con predominio del cerúleo. En cuanto a relieves, la representación funeraria impone lo estático, frío y reglamentado del arte oficial. Sin embargo, pertenecientes al imperio nuevo ciertas estelas no dejan de incluir figuras muy expresivas: las del cortejo funerario que se lamentan sin restricciones o aquella donde asoman las deformaciones corporales características del tiempo de Amenofis IV.

Por último, en lo que a pintura autónoma se refiere, brillan las seis porciones de un rollo finísimo de papiro del período ptolemaico o final. Pertenece este al Libro de los Muertos e ilumina con blanco vibrante las rigideces figurativas del arte oficial.

"Antiguo Egipto"
En impecable estado de conservación, mirada amplia a un estilo fundamental del arte.
Lugar: Centro Cultural La Moneda
Fecha: hasta el mes de agosto