Un visionario

por Camilo Marks 

Allen Ginsberg (1926-1997) es, tal vez, el poeta fundamental de la segunda mitad del siglo pasado en Norteamérica y uno de los grandes maestros de la lírica moderna. Fundador de la generación beat o beatnik, a la que le dio el nombre y de la que fueron miembros Jack Kerouac, Gregory Corso, Neal Cassady, Gary Snyder o William Burroughs, la trascendió para transformarse en una voz única, original, inconfundible, de tintes mesiánicos y a la par doméstica, plebeya, profundamente arraigada en su época y en los hechos político-sociales que la determinaron: no es posible hablar de Ginsberg sin referirse al rock, a los hippies, a la música clásica y popular que ha cambiado nuestras percepciones, al cine y el arte que se produjeron cuando Ginsberg irrumpió en la escena literaria o al efecto que las religiones y filosofías del Oriente -sobre todo el budismo- han tenido en nuestra forma de entender la realidad. Hay que tener en cuenta que los beatniks surgieron en pleno macartismo y en plena Guerra Fría, en un país dominado por la represión y la paranoia, para medir la valentía y la audacia de estos escritores que enfrentaron la persecución o la incomprensión y que, aparte de la calidad de sus obras, se atrevieron a decir y hacer cosas nunca antes vistas y a contracorriente de su tiempo. Una vez más, Ginsberg sobresale entre las numerosas causas que abrazó, por haber defendido el consumo y la legalización de ciertas drogas o por ser, quizá, el primer autor gay que se asumió públicamente como tal hace la friolera de 60 años. Con todo, su espectacular personalidad y la estridencia de algunos de sus gestos no deben hacernos olvidar que concibió poemas - Aullido , Kaddish , La caída de América - que ya son textos seminales en la literatura contemporánea.

Prosa deliberada , que contiene una abundante selección de ensayos que abarcan gran parte de la carrera de Ginsberg y comprenden tópicos que van de lo autobiográfico a lo profético, de lo contingente a lo misceláneo, es una cantera inagotable que nos permite acercarnos a una producción rica, diversa, compleja y entrar de lleno en las fervorosas luchas que el vate libró por los más variados propósitos. Y tomando en consideración que la mayoría de estas piezas fueron concebidas hace décadas, este volumen resulta asombrosamente vigente, increíblemente actual. De un modo difícil de precisar, el estilo prosístico de Ginsberg posee bastante similitud con el de sus versos: frases muy largas en las que se funden adjetivos tras adjetivos, carencia de puntuación o arbitrariedad en su uso, repetición encantatoria de verbos, en fin, prosodia singular y personalísima. Sin embargo, la claridad del mensaje es absoluta y nadie puede quejarse de oscuridad al leer estas páginas.

Desde el punto de vista de las influencias en su corpus, Ginsberg se siente heredero de los geniales visionarios en lengua inglesa que le precedieron, tales como Blake, Shelley y Whitman. Al primero, dedica un par de brillantes artículos centrados en sus títulos y sus grabados más proféticos que, si bien fueron creados a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, guardan una poderosa simetría con las imágenes de Ginsberg al terminar la centuria pasada. Aunque el texto "La influencia de Walt Whitman: una montaña demasiado grande para ser vista", parece decirlo todo, o casi todo, Ginsberg asocia al fundador del verso libre con el origen libertario, democrático y fraternal del país que hoy se llama Estados Unidos. Lo que lo une con estos y otros precursores es el espíritu radical y eso que hoy llamaríamos un adivinatorio carácter contestatario. Quienes todavía piensan que Aullido es una sucesión descontrolada de cantos brotados en un estado de trance hipnótico -el propio Ginsberg tiene parte de responsabilidad en ello-, se darán cuenta de que el bardo de New Jersey poseía una disciplina, una sofisticación, un refinamiento y una erudición inmensas, que se perciben en la vastedad de sus fuentes de inspiración.

Pero Prosa deliberada es mucho más que lo antes dicho. Hay aportes acerca de Auden, William Carlos Williams, Michaux, Genet y muchos jóvenes compañeros de ruta de Ginsberg, aproximaciones hacia la pintura de Andy Warhol y consideraciones en torno a las composiciones de John Cage, Philip Glass o el dúo John Lennon-Yoko Ono. Aun así y pese a la multiplicidad de personajes que pueblan este libro, lo que queda tras su lectura es el retrato de un hombre genial, humano, un artífice de la palabra que empleó sus recursos para fines superiores y cuyo legado está lejos de disiparse.

"Prosa deliberada" es una cantera inagotable que nos permite acercarnos a una producción rica, diversa, compleja y entrar de lleno en las fervorosas luchas que Ginsberg libró por los más variados propósitos.

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Prosa deliberada <br/>Allen Ginsberg <br/>Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2016, 278 páginas, $18.000. Ensayos
Prosa deliberada
Allen Ginsberg
Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2016, 278 páginas, $18.000. Ensayos


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