Vestida para matar

por Camilo Marks 

Alex , de Pierre Lemaitre, es, de principio a fin, una excelente novela negra, una brillante pesquisa policial, un thriller perfecto y, por si lo anterior no fuera suficiente, un profundo y humorístico retrato psicológico, de un conjunto de seres que se ven atrapados por las circunstancias, la forma en que han conducido sus vidas y eso que tal vez habría que calificar como las pésimas costumbres de hombres y mujeres que se llaman civilizados. Construida en tres partes, Alex contiene tantas sorpresas y tantas vueltas de tuerca que, a medida que avanzamos en la lectura, el suspenso se acrecienta y no afloja hasta el final.

Al comienzo vemos cómo la protagonista, que se llama tal como el título de la obra, es secuestrada a plena luz del día, en una calle de París, para ser conducida a un lugar de encierro del que no saldrá viva. Las condiciones a las que es sometida son tan inhumanas, crueles, degradantes, que en verdad hay que tener bastante estómago para resistir las implacables, minuciosas y horrendas descripciones que Lemaitre hace de su cautiverio. El autor francés no nos ahorra ningún detalle, por más abominable que sea. Y no logramos entender por qué una mujer joven, bellísima, inteligente es sometida a semejante tratamiento.

Lo mismo sucede con el equipo dirigido por el comandante Camille Verhoeven, un gran tipo de bajísima estatura, el comisario Le Guen y sus subordinados Louis y Armand. Al cuarteto ya lo conocíamos por novelas anteriores de Lemaitre y en esta oportunidad, seguramente para aliviar la tensión, se subrayan las anómalas peculiaridades de cada uno: Camille es un temible, melancólico y perspicaz enano; Le Guen es un ropero de tres cuerpos, que apenas puede sentarse; a Louis se le reconoce como un multimillonario, que usa ropa de marca y que optó por entrar a las fuerzas del orden por motivos desconocidos; en tanto Armand es tan avaro que parece mendigo y que, pese a ser fumador compulsivo, jamás ha comprado una cajetilla de cigarrillos, ya que prefiere confiscárselas a los sospechosos. En cierta medida, este singular grupo se parece al que conforman Salvo Montalbano y sus amigos en las narraciones de Andrea Camilleri, con la diferencia de que Lemaitre no abusa de la comicidad ni menos cae en la caricatura. Solo bastan unas pocas páginas para convencernos de que estos funcionarios tan anormales son, después de todo, lo más normal del mundo. Y lo más importante de cuanto sucede es que se respetan mutuamente y saben enfrentar una investigación con ribetes tan macabros como los que vemos en Alex .

Las tres secciones del libro ocupan más o menos la misma extensión y este es un dato esencial para que esté tan bien logrado, pues, de lo contrario, nadie soportaría la sucesión de ultrajes a los que es sometida la heroína, la frenética cacería de un asesino en serie ni la conclusión, consistente en un extenso y notable diálogo con los culpables, cuando aparentemente no existen pruebas incriminatorias contra ellos. Los capítulos, breves, nerviosos, sin pausas en la acción, se suceden como en un guión cinematográfico, y hasta el más avezado lector será incapaz de entender por qué una dama se viste, se disfraza y se metamorfosea en distintas personas solamente para matar y para matar en forma horrorosa a sus víctimas. Como en los mejores títulos de sus predecesores -Stieg y Asa Larsson, Karin Fossum, Jo Nesbø, Ruth Rendell, de quienes Lemaitre es deudor- tendremos que esperar bastante para entender los motivos detrás de los cuales se esconde una sucesión de espantosos homicidios que, a primera vista, son cometidos sin ton ni son.

En verdad, Alex no merece ningún reparo, salvo, quizá, la visión descarnada de Lemaitre hacia la sociedad gala, solo matizada por la hilarante ironía con la que trata a sus sabuesos. Si uno toma al pie de la letra esta ficción puede fácilmente pensar que los países desarrollados de Europa, además de llevar la delantera en lo económico y lo político, nos aventajan, y lejos, en pedofilia, proxenetismo, violaciones masivas, torturas sistemáticas, salvajismo y muy, muy malos hábitos personales. Al llegar a este punto, se diría que la prosperidad y el bienestar, en lugar de hacer disminuir la criminalidad, la fomentan. O que el refinamiento y la cultura, en vez de conducir a los ciudadanos por el buen camino, son instrumentos para el despeñadero. Por fortuna, Alex es una historia demasiado bien escrita, de modo que este tipo de consideraciones queda flotando en el aire mucho después de que, al menos en parte, el enigma quede solucionado.

"Alex" contiene tantas sorpresas y tantas vueltas de tuerca que, a medida que avanzamos en la lectura, el suspenso se acrecienta y no afloja hasta el final.

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Alex <br/>Pierre Lemaitre <br/>Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2016, 383 páginas, $14.900. Novela
Alex
Pierre Lemaitre
Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2016, 383 páginas, $14.900. Novela


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