PRIMERA GUERRA MUNDIAL | La peor pesadilla británica
A cien años de Somme: la batalla aún incomprensible

"No tenemos una historia convincente para contarnos a nosotros mismos sobre la I Guerra Mundial", escribe Josh Glancy en The Times. "Seguimos discutiendo sobre lo que la causó, por qué sacrificamos a la flor de nuestra juventud en los campos de Flandes. Y ciertamente no tenemos una historia convincente para contarnos a nosotros mismos sobre Somme o sobre cuál fue su propósito". El 1 de julio se cumplen cien años del inicio de esta sangrienta batalla, que se extendió hasta noviembre de 1916.  

JOSH GLANCY The Times 

No todos en Gran Bretaña tienen una conexión tan personal con la batalla de Somme, pero cuando se conmemora el centenario de su fatídico primer día, todos sentimos el peso de su legado. Inclusive hoy en día, como lo expresó el autor A.P. Herbert, "todos los ingleses tienen una imagen del Somme en sus mentes".

La I Guerra Mundial se ha convertido en un sinónimo de la inutilidad del conflicto, de la pena de la guerra. Para Gran Bretaña, la Batalla del Somme simboliza esta futilidad: el Imperio sufrió 420.000 bajas a cambio de logros cuestionables en el campo de batalla. Esa pérdida también tiene un símbolo: el primer día, los primeros momentos, cuando sonaron los silbatos y decenas de miles de hombres fueron directo al encuentro con la muerte.

Las cifras siguen teniendo el poder de impactarnos. El Ejército británico tuvo ese primer día 57.470 bajas, incluyendo 19.240 muertos. Fue y probablemente siempre será su momento más oscuro y sangriento. Batallones de soldados de comunidades mineras y centros manufactureros que se habían alistado juntos fueron diezmados. El regimiento Newfoundland salió al frente con 780 hombres. Solo 68 aparecieron cuando se pasó lista la mañana siguiente.

"El idealismo murió en el Somme", dijo el historiador A.J.P. Taylor. Otros lo describen como el día en que murió la deferencia, el fin de la era victoriana, la destrucción modernista de la certeza y la verdad. Fue el lugar donde Tolkien descubrió el mal que aparece en "El Señor de los Anillos" (ver recuadro) y en el que Dulce et decorum est pro patria mori se convirtió en una vieja mentira. Si todo esto es cierto, es probable que la guerra en su conjunto fuera la responsable en lugar de serlo solo una batalla o un día. Pero en Gran Bretaña, Somme sigue siendo el símbolo de lo que cambió y lo que se perdió.

Somme-Verdún-Galípoli

"A diferencia de la II Guerra Mundial, cuando hablamos de Stalingrado e Hiroshima, la I Guerra Mundial se recuerda muy localmente", afirma Geoff Dyer, autor de "The Missing of the Somme" (Los desaparecidos del Somme), un libro sobre cómo los ingleses recordamos la guerra.

"Cada país toma un poco de ella, cada país recuerda el sitio de su mayor calamidad. Para los franceses es Verdún, para los australianos y neozelandeses es Galípoli, para los ingleses es el Somme. Expresa ese sentido fundamental de atroz y catastrófica pérdida en miniatura".

El libro de Dyer se hizo famoso porque argumentaba que, a diferencia de otras guerras, la I Guerra Mundial fue registrada mientras estaba sucediendo. Analiza el famoso poema de Laurence Binyon, For the Fallen (Para los caídos). " At the going down of the sun and in the morning / We will remember them " (Los recordaremos/ al ponerse el sol y por la mañana), escribió Binyon. Sin embargo, estas palabras fueron publicadas en The Times en septiembre de 1914, antes de que los caídos hubieran realmente caído. El poema, que se ha convertido en un elemento básico de los servicios del Día del Armisticio, ya estaba anticipando el acto del memorial.

"En todas partes, todo sobre la guerra estaba relacionado con la memoria", dice Dyer. "Siegfried Sassoon y Wilfred Owen estaban desesperados por cómo sería recordada mientras estaba sucediendo".

Estrategia cambiante

Tal vez esto ayuda a explicar por qué los recuerdos de la I Guerra Mundial, a menudo inmortalizada en poesía, permanecen tan cerca de nosotros 100 años después, cuando todos los que pelearon en ella han muerto. Pero, ¿por qué Somme? ¿Por qué ese primer día? Se debe, naturalmente, en parte a la magnitud de la pérdida, la devastación que causó en las comunidades locales la pérdida de batallones completos de gente amiga, muchos de los cuales fueron disueltos después del Somme. En parte, también, se debe al filme de propaganda de la batalla que fue visto por 20 millones de personas en Gran Bretaña más adelante ese verano, conectando al frente interno con el campo de batalla.

Pero también permanece con nosotros la inutilidad de aquel día. Pensamos en la II Guerra Mundial como "la guerra buena". Sean cual sean las pérdidas que Gran Bretaña haya sufrido en ella, estas fueron necesarias, fueron vidas entregadas a una noble causa. De una manera similar en Waterloo, en la que el Ejército de Wellington sufrió pérdidas proporcionalmente similares a las del Somme, no las cuestionamos del mismo modo, pues aquel día terminó en una clara victoria.

No tenemos una historia convincente para contarnos a nosotros mismos sobre la I Guerra Mundial. Seguimos discutiendo sobre lo que la causó, por qué sacrificamos a la flor de nuestra juventud en los campos de Flandes. Y ciertamente no tenemos una historia convincente para contarnos a nosotros mismos sobre la Batalla del Somme o sobre cuál fue su propósito. Sin una historia de este tipo, las pérdidas nos parecen insoportables y el desperdicio, inimaginable.

La reputación del comandante del Ejército británico en Somme, el general Douglas Haig, ha sido un poco restablecida por los historiadores en los últimos años. Pero aún sigue siendo difícil discernir cuál fue su plan de batalla.

"La estrategia de la batalla no es clara y va cambiando", señala Sir Hew Strachan, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de St. Andrews. "No hay un objetivo claro en el terreno mismo, de modo que ¿cómo se puede racionalizar lo que sucedió?".

Strachan señala que el objetivo inicial declarado por Haig fue lograr un gran avance. Cuando eso falló, él explicó la batalla en términos de desgaste, de buscar que el Ejército alemán sufriera mayores pérdidas. Pero, de hecho, las pérdidas fueron muy similares en ambos lados.

Un final aún incierto

También se argumentó que al atacar en Somme, los británicos estaban aliviando a los franceses en Verdún. Pero en julio de 1916 los franceses se estaban defendiendo bien en Verdún, su crisis ya había pasado. "El objetivo no estaba claro en ese momento y sigue en disputa desde entonces", dice Strachan. "El absurdo final es que todavía no estamos seguros de cuál fue el resultado de la batalla".

Quizás esta fue la razón por la cual J.R.R. Tolkien, a pesar de su vasta producción literaria, nunca escribió directamente sobre la I Guerra Mundial. Lo que vio era tan difícil de racionalizar. Tal vez por eso sus guerras imaginarias tienen un propósito: grandes luchas entre el bien y el mal que deben ser ganadas sin importar el costo. Tal vez estaba tratando de demostrarse a sí mismo que "no todas las lágrimas son malas".

Pero es difícil encontrar tal significado en aquel primer día de julio de 1916. Lo más cerca que he llegado se encuentra en la patética camaradería de una inscripción en un cementerio cerca de Mansell Copse, en Somme. Aquí 161 miembros del regimiento de Devonshire fueron enterrados por sus camaradas, tres días después de que comenzara la batalla. Ellos escribieron sobre una cruz: "Los Devonshire sostuvieron esta trinchera y la siguen sosteniendo".

 Tolkien: Su experiencia en Somme a los 22 años

Para Simon Tolkien, el legado del Somme, que comenzó hace 100 años, el 1 de julio, y duró casi cinco meses, ha sido siempre parte de su herencia familiar. Su abuelo, J.R.R. Tolkien, luchó allí y perdió a dos de sus mejores amigos en el campo de batalla. Como muchos de los que experimentaron tales horrores, su abuelo no hablaba mucho de ellos. Pero todo se filtró en su imaginación con gran efecto. Para su nieto, la guerra no fue solo la experiencia de su abuelo, sino la base para una de las piezas de ficción más populares que se hayan escrito: "El señor de los anillos", que sigue definiendo a su familia.

Tolkien tenía 22 años cuando estalló la I Guerra Mundial, estaba pensando en casarse y en tener una vida confortable como profesor de Oxford, dedicando su gran mente a las antiguas sagas inglesas. Al verano siguiente entró en acción en la batalla del Somme, con el 11° Regimiento de Fusileros de Lancashire, que describió como un "horror animal".

Durante su convalecencia en el hospital tras la batalla, Tolkien escribió la primera historia de lo que se convertiría luego en la épica de la Tierra Media. Se llamó "La caída de Gondolin", una historia de maquinarias, fuego y guerra. Los críticos debaten la medida en que su obra posterior refleja los catastróficos conflictos del siglo XX, pero hay algo claro: la guerra de Tolkien cambió su mentalidad para siempre. Sin la batalla de Somme, Mordor no habría existido.

Para Simon Tolkien -abogado penalista que se convirtió en novelista-, el legado de la obra de su abuelo a menudo ha sido aplastante. Su padre fue Christopher Tolkien, un severo crítico que editó y desarrolló la obra de J.R.R. Simon tenía sus propias aspiraciones literarias, pero su sentido de identidad individual quedó prácticamente destruido por las adaptaciones cinematográficas de Peter Jackson de los libros, que convirtieron a Tolkien en un fenómeno global.

Las películas provocaron un quiebre entre Christopher y Simon. Padre e hijo no estaban de acuerdo sobre si la familia debía cooperar con Jackson o no. Durante años no se hablaron y se comunicaron principalmente a través de abogados. Para hallar su propio camino, Simon comenzó a escribir. "No Man's Land" ("Tierra de Nadie") es su quinta novela, su primera sobre la I Guerra Mundial. Es sobre un joven que deja Oxford para ir a pelear al Somme.

Las analogías con su abuelo son claras y conscientes. "Lo irónico es que todo esto ha sido un largo viaje de regreso para sentirme cómodo con mi herencia y mi legado. Ahora me siento cómodo con mi relación con mi abuelo. Es importante haber podido escribir un libro sobre la I Guerra Mundial, algo en que no participé, pero que fue una parte tan importante de mi vida. Siento una sensación de parentesco con mi abuelo al haber hecho ese recorrido".



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 Los recordaremos/ al ponerse el sol y por la mañana . Cementerio británico en Somme.
" Los recordaremos/ al ponerse el sol y por la mañana ". Cementerio británico en Somme.
Foto:GETTY IMAGES

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