Bachelexit y UDIvederci

Bachelet y la Unión Europea tienen cosas en común. Las dos se muestran como acogedoras, comunitaristas, solidarias, protectoras. Pero ambas fallan en la capacidad de gestión.  

 

Ganó el Brexit en el Reino Unido y todo el mundo está consternado, pese a que pocos entienden bien por qué están tan consternados.

-"Qué fuerte lo del Brexit".

-"¿Encuentras que es muy fuerte?".

-"Sí, es heavy".

-"¿Por qué tanto?".

-"No cacho exactamente, pero igual es fuerte".

Esa conversación textual la escuché en un restorán el viernes. La gente andaba así, como les digo, compungida por la decisión de los ingleses de abandonar la Unión Europea. Incluso algunos británicos están confundidos con lo que fue el referéndum. Pero el asunto es que decidieron irse y ya está.

Ahora, yo creo que lo que les pasó a los británicos no es tan raro ni tan exclusivo de ellos. Lo mismo está ocurriendo de manera cada vez más perceptible en Chile.

Piensen en lo que pasó con la Presidenta Bachelet. Dejó su primer gobierno con un 80% de popularidad y luego se reeligió con el 60% de los votos, batiendo un récord histórico por ambas cifras. Ella era un "mostro" de la política, como pronuncia mi vecino argentino. Pero en apenas dos años fue capaz de provocar un vuelco completo y comparecer ante el país con un 80% de desaprobación. La gente la abandonó, se marchó. Fue el "Bachelexit" y ocurrió antes de que los británicos le dieran la espalda oficialmente al resto de Europa. Y si uno les pregunta hoy a los ex bacheletistas (hoy bachelescépticos) por qué ya no apoyan a la líder que alguna vez idolatraron, se encuentra con respuestas vagas, a veces contrapuestas, como las que dan los ingleses que votaron por el Brexit. Pero lo único que todos tienen claro es que ya no más.

Es que Bachelet y la Unión Europea tienen cosas en común. Las dos se muestran como acogedoras, comunitaristas, solidarias, protectoras. Pero ambas fallan en la capacidad de gestión, en resolver los problemas con eficacia y en fomentar el progreso económico. Además, comparten una misma fórmula, que suma escépticos: poner al Estado, a su burocracia y sus impuestos como protagonistas de la ecuación. "Yo me la puedo solo, déjeme intentarlo", parecen decir unos y otros.

Pero no solamente en el bacheletismo se ha producido un éxodo. También en la derecha. José Antonio Kast dijo "UDIvederci" a su partido e inició nuevos rumbos. Obviamente hubo consternación durante los primeros días ("la UDI perdió la 'kastidad'", me comentó un amigo gremialista compungido). Pero ahora ya la gente se acostumbró y aprendió a vivir sin él. Hay quienes dicen que ahora incluso se atreven a hablar con garabatos en las reuniones de partido y en las fiestas se puede bailar apretado sin culpa.

A veces pienso que Ossandón se va a ir también de RN. Y que Lily Pérez va a renunciar a sí misma.

Son cosas que se me ocurren, porque noto un creciente desapego en los políticos, como si hubiesen desarrollado una alergia al colectivo, una fobia a la institucionalidad. Quieren ser solos. Son como "brexitistas", solo piensan en su propio éxito personal, de la propia individualidad íntima de sus seres singulares.

O quizás todo esto ocurra simplemente porque siempre hemos sido los ingleses de Latinoamérica.

 


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