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Saber enseñar es una característica que se desarrolla en el tiempo:
Los buenos profesores no siempre nacen, pero sí se hacen

Lunes 27 de junio de 2016

Personajes televisivos, como la apática profesora Edna Krabappel, de "Los Simpsons", han ayudado a instaurar la idea de que los buenos profesores no son la norma. En la práctica, la evidencia muestra que aquellos interesados por mejorar tienen mucho potencial por delante.

La mejor inversión para mejorar los resultados dentro de la sala de clases es la capacitación constante de los docentes. Aunque la vocación es importante, no basta.
 


Margherita Cordano F. 

Muchos de los personajes que representan a profesores en películas o series de televisión son descritos como personas con poco interés por la educación de sus alumnos. Mientras que para Edna Krabappel ("Los Simpsons"), los niños son una interrupción antes de su próximo cigarro, para Elizabeth Halsey (Cameron Díaz, en la cinta "Bad Teacher") sus estudiantes son sujetos que pueden ser extorsionados para obtener beneficios.

Buenos maestros -como la Señorita Miel, de "Matilda", o Dewey Finn, de "Escuela de Rock"- se muestran como docentes que destacan por romper el molde del profesor despreocupado. Aparecen como una excepción dentro del canon, no porque se preocupen de capacitarse, sino porque se les retrata como compasivos por naturaleza.

Así lo plantea la revista The Economist en su especial sobre educación, en el que repasa una serie de estudios que buscan derribar la idea de la capacidad innata de ser buen o mal profesor.

Y es que pensar que enseñar es un don que viene por naturaleza -que no puede desarrollarse en el tiempo- no solo es un concepto presente en las pantallas: siete de cada 10 estadounidenses cree que depende del talento congénito y no de la formación que hay detrás.

"En Chile también está presente la idea de que la capacidad de enseñar tiene que ver con la vocación, y de alguna manera, esto podría vincularse con características naturales o genéticas de las personas", plantea el profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Católica Ernesto Treviño.

Sin embargo, si bien es cierto que los docentes requieren de un compromiso y pasión por la profesión, "este atributo es algo que se aprende y desarrolla con la experiencia y la tendencia a buscar siempre mejorar la forma de ayudar a los niños", explica.

Efectividad

Para Hernán Hochschild, es importante recordar que la Pedagogía es una carrera extremadamente compleja. Por lo mismo, el director ejecutivo de Elige Educar insiste en que la necesidad de capacitarse no puede ser mirada en menos. "Todos los profesores pueden mejorar; no porque alguien sea muy bueno no va a seguir creciendo. La idea de construir capacidades docentes muchas veces se entiende como algo que apunta a ese que lo está haciendo mal, cuando en realidad involucra a todo el sistema".

Para traer mejoras al aula se necesita de una política de puertas abiertas, donde los profesores estén dispuestos a aprender unos de otros. "Se necesita una disposición a nivel colegio. Es difícil tener a un docente que aisladamente mejora. Más bien, corresponde a una comunidad donde todos se alientan y donde hay un director que encamina en esta idea", dice Hochschild.

Bajo su mirada, esto implica una retroalimentación constante entre pares. "La lógica de que un experto expone y que el maestro se pone a trabajar mejor solo por escucharlo está obsoleta. Es como si en un hospital alguien les explicara a los doctores cómo operar, pero sin mostrarles el detalle práctico. Todos los estudios lo dicen: el profesor mejora haciendo clases y con la ayuda de otro que lo retroalimenta. Es mucho más costo efectivo que traer especialistas que hablan de cosas increíbles, pero no explican cómo llevarlas al aula".

Los informes recopilados por The Economist también confirman que la capacitación constante es mucho más efectiva que iniciativas como mejorar la infraestructura del colegio o reducir el número de niños en cada sala, entre otras cosas (ver recuadro).

Tomando esto en cuenta, Ernesto Treviño cree que los desafíos de la docencia en Chile se sitúan principalmente en dos planos.

"Por un lado, es necesario que aprendan a desarrollar estrategias de enseñanza con la participación activa de los estudiantes, transitando desde una enseñanza frontal, basada en las exposiciones del docente, hacia una forma de enseñar donde los alumnos, a través de la práctica cotidiana y de los errores, aprendan más profundamente. Por otro lado, es necesario que los maestros profundicen sus conocimientos de la disciplina y la forma de enseñarla a los estudiantes de distintas edades", indica.

 ¿En qué invertir?

El economista de la Universidad de Stanford Eric Hanushek estimó que los buenos profesores -aquellos que disfrutan de su trabajo y están abiertos a la idea de continuar capacitándose-, en un año enseñan el equivalente a 1,5 años de un maestro promedio. Aquellos niños que aprenden de profesores poco motivados y sin ganas de mejorar, en un año adquieren el conocimiento que otros logran desarrollar en solo seis meses de clases.

Por su parte, John Hattie, de la Universidad de Melbourne, notó que factores como llenar el aula de asistentes técnicos, mejorar la infraestructura de un colegio o dividir a los estudiantes por habilidades, correspondían a alternativas caras que contribuían poco al aprendizaje. Que los docentes dieran retroalimentación constante a sus alumnos, impulsaran el sistema de compañeros tutores (donde unos enseñan a otros) y estuvieran abiertos al trabajo colaborativo, aparecían como alternativas mucho más costo-efectivas. Todas suponen un trabajo directo con el profesor.