Abbas Kiarostam | (1940-2016)
Los fecundos caminos de un maestro

A un gran realizador se le pide que cree emoción y conciba nuevas formas estéticas, pero el fallecido director de "El sabor de la cereza" siempre hizo evidente algo más: que una imagen es, antes que todo, expresión de humanidad y compasión.  

Christian Ramírez 

Cannes, mayo de 2002. El público sale de la función inaugural de "Ten", el nuevo filme de Abbas Kiarostami. Algunos ya la están alabando por los cielos, apresurados en proclamar una nueva obra maestra; pero otros se sienten algo confundidos. En la película, la protagonista viaja sin descanso por Teherán; sin embargo, lo que vemos en pantalla casi siempre es su rostro y apenas algo de paisaje. De hecho, no hay más locaciones que una: las diez escenas que forman el relato ocurren en movimiento, arriba del taxi que ella maneja, y giran en torno a las conversaciones que va manteniendo con sus pasajeros. Aunque fue exhibida en copia de 35 mm, la cinta fue filmada en video con dos minicámaras pegadas al tablero del vehículo y apuntadas al conductor y al pasajero. El director y el equipo nunca estuvieron junto a sus actores al momento de la grabación y solo operaron de forma remota. No había dudas, "Ten" era una experiencia extraordinaria. Única. Pero ¿era cine?

Es la clase de pregunta que el realizador, fallecido el pasado lunes a los 76 años, debe haber enfrentado una y otra vez en una carrera que se prolongó por cinco décadas y operó en todos los niveles del audiovisual -cortos, medio y largometrajes, documental y ficción, cine ensayo, videocartas, instalaciones-, pero es una interrogante que en su caso no puede responderse en solo términos de formatos, géneros o estilos. Intentarlo sería empobrecer su legado. Como ocurre con los más grandes -y él estaba en la misma liga que Chaplin, Welles o Bergman-, lo que interesaba a Kiarostami era indagar y cuestionarse la aparente infinitud del horizonte abarcado por nuestra mirada. En momentos en que todo parecía estar reciclado y atrapado dentro de fórmulas, su resiliente energía se volcó en algo más que simplemente hacer películas: redescubrir la persistente capacidad del ser humano para inventarse nuevas maneras de ver el mundo y de existir en la imagen.

Infancia, imagen

Pero claro, nada de eso pasaba aún por su cabeza a principios de los años 60, cuando se pagaba sus estudios de diseño gráfico haciendo el turno de noche en una estación de policía. Ya graduado, pasó de trabajar como creativo en una agencia publicitaria a dirigir comerciales para la TV y crear secuencias de créditos para comedias y producciones dramáticas. Quizás habría seguido en eso -o cumplido su sueño de convertirse en pintor- si hubiera desechado en 1970 la propuesta de integrarse al Kanun, Instituto para el Desarrollo Intelectual de Niños y Jóvenes, una repartición estatal dedicada a la creación de materiales educativos para escolares. Fue ahí donde empezó todo: con Kiarostami filmando en los recreos y la sala de clases, rodando breves relatos sobre hacer las tareas, portarse bien e interactuar con el curso, los que gradualmente fueron ganando en profundidad en la medida que el joven director se daba cuenta de que en los rostros de esos niños no estaba desplegada una simple fábula con moraleja, sino las intermitencias de la propia condición humana.

Eso no era, por cierto, un descubrimiento. Los neorrealistas italianos, con Vittorio de Sica y Cesare Zavattini a la cabeza, lo habían explorado con éxito después de la posguerra; pero nadie lo había trabajado de manera sostenida en el tiempo y con una lógica que no hiciera de los chicos estereotipados protagonistas de emotivos melodramas. Para efectos del Kanun -y de Kiarostami-, un niño no era solo un objeto filmado por la cámara, sino ante todo un sujeto: alguien integrado al proceso de aprendizaje, ya sea como actor, creador o espectador. Alguien que es capaz de verse reflejado a sí mismo a través de lo que ve en la pantalla y que, al hacerse consciente de ello, crece como alumno y como persona.

No fue un instante de súbito eureka. El director trabajó con el instituto, que sobrevivió a la revolución islámica de 1979, en una docena de proyectos hasta comienzos de los 90 (muchos de estos pueden verse en YouTube), mientras se figuraba qué clase de películas quería realizar por su cuenta. La hebra neorrealista, que tan buenos resultados le había dado a través de los años -en filmes como "Experiencia" (1973), "El viajero" (1974), "El coro" (1982), y la hermosa "¿Dónde está la casa de mi amigo?" (1987), sobre un niño que intenta devolver un cuaderno a un compañero de curso-, parecía de súbito agotada hasta que un día, leyendo una revista, Kiarostami se topa con la historia de un tal Hossein Sabzian, sujeto apresado por suplantar a Mohsen Makhmalbaf, un conocido director de cine. Según él, no lo había hecho por deseo de perjudicar, sino por amor al cine y a la idea de montar él mismo una ficción. El resto ocurrió muy rápido: Kiarostami se entrevista con Sabzian, filma el juicio, habla con la familia afectada por la estafa y también con Makhmalbaf. Todos aceptan revivir la historia frente a sus cámaras; como si al hacerlo estuviesen exorcizando los fantasmas del engaño, pero al mismo tiempo convirtiéndose en sujetos de una nueva ficción; una que envuelve a la anterior, legitimándola. Redimiéndola.

Sin descanso

El resultado, un filme llamado "Close Up" (1990), fue la respuesta que tanto había buscado. Era una obra maestra; pero, sobre todo, la puesta en práctica de todo lo observado y aprendido en el camino. El audiovisual entendido como acto de depuración, experiencia ética y posmoderna instancia de reflexividad. En adelante, cada uno de sus proyectos encarnaría la tensión entre la forma adecuada a cada ficción y los elementos de realidad que esta necesita para emerger, sean estos las consecuencias de un terremoto ("Y la vida continúa", 1991), la artificialidad del cine ("A través de los olivos", 1994), el suicidio como ejercicio de libertad personal ("El sabor de la cereza", Palma de Oro en Cannes 1997) o las presiones de la modernidad ("El viento nos llevará", 1999). Todos estos relatos poseen la misma estructura: una o varias personas llegan a una pequeña villa rural, que los recibe impávida. De poco les servirá allí su sofisticación, recursos o hábitos urbanos: no habrá comunión posible entre los protagonistas y estos pueblitos de cuento, ni para el individuo moderno un alegre y emocionado retorno al origen. Enfrentados al final del milenio, se encuentran conminados -condenados, casi- a inventar, perder y luego añorar sus propias y sucesivas Arcadias.

Para entonces, Kiarostami ya era reverenciado como el gran renovador del lenguaje visual después de Godard. Aunque varias de sus películas estaban prohibidas en Irán, gozaban de circulación mundial gracias a la distribuidora francesa MK2, y muchos especulaban que, tarde o temprano, el maestro cambiaría Medio Oriente por Europa. Pero no lo hizo. Ni siquiera cuando el impacto generado por "Ten" le abrió las puertas de los museos para crear instalaciones y exposiciones de su fotografía (su otra gran pasión). En plena Guerra de Irak, Estados Unidos le negaba una visa de ingreso, pero sus películas -cada vez más abstractas y sorprendentes, cada vez menos "cinematográficas"- viajaban por él, liberadas de cualquier presión ideológica. Solo al final de la década del 2000 acabó por aceptar lo inevitable: seguiría viviendo en Teherán, pero en adelante filmaría fuera de su país. En principio, era extraña la idea de verlo dirigiendo a Juliette Binoche en la europeísima "Copia Certificada" (2010) y más intrigante aún fue verlo trabajando directo al japonés en "Like Someone in Love" (2012), pero ambos filmes combinaban un sentido de la morbidez y la gracia ausente en su obra anterior. ¿Qué vendría a continuación? Solo en abril pasado estuvo en China, preparando un nuevo filme, y, un poco antes en Irán, finalizando un ciclo de 24 cortometrajes. Él mismo decía que en este último tiempo había estado durmiendo apenas cuatro horas diarias, como si no hubiese tiempo que perder a la hora de la regeneración creativa.

Ahora es momento de descansar. As salam alaikum. La paz sea contigo, Abbas.

"Muchos especulaban que el maestro cambiaría Medio Oriente por Europa. Pero no lo hizo".

 


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<p>Kiarostami. El cineasta en pleno rodaje de Copia Certificada (2010), filme protagonizado por Juliette Binoche.</p>

Kiarostami. El cineasta en pleno rodaje de "Copia Certificada" (2010), filme protagonizado por Juliette Binoche.


Foto:MK2

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