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En el Teatro Municipal:
Un fino Mozart de Miranda-Bernales

Viernes 15 de julio de 2016



Gilberto Ponce (CCA) 

La semana pasada se presentó en el Teatro Municipal de Santiago el joven pianista chileno residente en Nueva York, y con compromisos en diversos escenarios internacionales, Gustavo Miranda-Bernales, quien interpretó el Concierto para piano y orquesta Nº 17 en Sol mayor, K. 453, de Mozart, en una versión ajustadísima en estilo, mostrando impecable digitación y, sobre todo, con una expresividad propia del clasicismo, sin caer en esas efusiones románticas, que pueden ser muy del gusto de algún tipo de público, pero que no reflejan necesariamente el estilo.

En este cometido, Miranda-Bernales contó como aliado fundamental con la batuta de David Syrus, que realizó un acompañamiento con que realzó aún más la elegancia y la claridad mozartianas, que fueron precisamente una de las características del primer movimiento, incluyendo estupendo manejo dinámico y gracia en las articulaciones que mostró Miranda-Bernales.

El enfoque del segundo movimiento nos hizo recordar aquella afirmación de algunos estudiosos del genio de Salzburgo que plantean que para conocer en profundidad a Mozart es preciso escuchar con detención los movimientos lentos de sus conciertos, en particular los de piano, pues allí se encuentran todos los mundos de angustia o desgarro que le tocó vivir.

En la sutileza de la introducción orquestal, conducida magistralmente por Syrus, encontramos mucho de lo descrito, conseguido a través del "canto" de las maderas, de muy hermoso sonido, que nos lleva luego al increíble y perfecto diálogo, entre solista y orquesta, en su serena expresividad y exquisito juego dinámico, acentuando una explícita melancolía dolorosa.

Elegancia y gracia se apreciaron en el tercer movimiento, en el que el bello sonido orquestal fue correspondido por las sutiles variaciones dinámicas y de carácter del pianista.

La precisión de los diálogos piano-orquesta, no carentes de chispa y expresividad clásica, condujeron finalmente al brillante final, que, como era de esperar, arrancó las más largas ovaciones, reconociendo la brillante interpretación de Gustavo Miranda-Bernales, tanto como la de la Filarmónica, certeramente conducida por David Syrus.