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Nuevos patronos de una santería ilustrada

Viernes 15 de julio de 2016

Los mismos 60 dibujos que Francisco Olea y Alberto Montt exhiben hasta fin de mes en la galería Plop! reaparecen en el libro "Ni tan santos", que expone un fantástico santuario de devoción pagana.
 


IÑIGO DÍAZ 

No solo intercambian conceptos, experiencias y criterios acerca del dibujo. También tienen un programa de radio juntos y dos veces a la semana imparten un taller sobre el acercamiento a la ilustración. Por allí han pasado unas 700 personas interesadas en el oficio. Pero tuvieron que transcurrir 12 años de trabajo en conjunto para que los ilustradores Alberto Montt y Francisco Olea publicaran un libro a medias.

"Ni tan santos" (Hueders, $12.000), edición que reúne 60 creaciones de lo que ellos llaman "diablos que son ángeles y ángeles que son diablos", se descuelga además de la exposición que durante todo julio está en marcha en la galería Plop! (Merced 349, local 7). Allí se exhiben los originales de esta serie hecha a cuatro manos, con libertad de acción y a gran velocidad. El libro está presentado como una colección de tarjetas postales, "que son como un guiño a las antiguas estampitas de santos", señala Francisco Olea, que tiene cinco libros.

Y de hecho, este es un santuario de fantasía. "En la religión católica hay mucha santería. En toda Latinoamérica existen santos no reconocidos por la Iglesia, pero que tienen devoción absoluta. En México, en Ecuador, en Brasil para qué decir", comenta Alberto Montt, quien contabiliza una veintena de publicaciones.

"Jugamos con el concepto polarizado del bien y el mal, por eso los santos que no lo son tanto, y lo pensamos como algo que no está separado. Alberto ha tenido siempre ese rollo en su trabajo, y en el mío aparecen personajes que se ven normalitos, pero que tienen un gran desastre interior", dice Olea.

La dupla trabajó en apenas tres sesiones, y en 15 horas había completado la serie de personajes para un santuario desopilante: San Manco, patrono de la segunda mano; San Tripín de Duodeno, de los retorcijones; San Cogollo Aldunate, de los rastafarianos acomodados; Santa Ana Bólica, de la alterofilia; San Crédulo el Confiado, de los que meten las manos al fuego; San Wladimiro Soto, patrono de los que tienen nombre y apellido que no pegan. Sume y siga, postal por postal.

La mecánica creativa fue tan simple como el resultado de las piezas, a trazo grueso de plumón. "Pusimos los materiales al medio y comenzamos a dibujar en una cadena de producción", explica Olea. "Cada uno iba agregando algo al dibujo que comenzó el otro", agrega Montt. "Para ambientarnos escuchamos mucha música latina, cubana", dice Olea. "Porque somos latinoamericanos y en Latinoamérica existe una cosa barroca muy especial que quedó expuesta en los dibujos", señala Montt. "Y para inspirarnos, tuvimos el 'alucinógeno' del agüita de manzanilla", bromea Olea.