Logro editorial | La hazaña de un autodidacta
El libro imposible de Joyce se lanza en español

Por primera vez se traduce completo al castellano Finnegans Wake , la compleja novela en que el irlandés intentó superar los límites del lenguaje. El responsable es el argentino Marcelo Zabaloy.  

Roberto Careaga C. 

"No he vivido una vida normal desde 1922", decía James Joyce hacia 1936, aludiendo a los 14 años que llevaba metido en la escritura de un libro imposible. O casi. Después de narrar la epopeya diaria del hombre del siglo XX y, de paso, alcanzar la cumbre de la literatura con Ulises , el escritor irlandés se dedicó a describir "la noche misma". Eso dijo, pero "work in progress", como lo llamaba, era algo más: la puesta en páginas de los límites del lenguaje y también su completa reinvención. Antes de terminarlo, publicó varios fragmentos consiguiendo una respuesta más o menos unánime: "Han sido suficientes para convencer a muchos críticos de que finalmente me he vuelto loco", decía el autor.

Joyce trabajó alrededor de 17 años en el que fue su último libro, Finnegans Wake . Su fama es incombustible: es ilegible. Novela experimental por excelencia, se trata de una radicalización de la multiplicidad de técnicas narrativas que exploró en Ulises : constreñido por las fronteras del lenguaje, en esta novela combinó y cruzó palabras para inventar nuevas y así llevar adelante un relato que se mueve en laberintos por más de 600 páginas. Se supone que es una novela cómica, pero no todos se rieron. Fieles seguidores de Joyce, como Ezra Pound y Jorge Luis Borges, le dieron la espalda. El argentino le dedicó una crítica demoledora: " Finnegans Wake es una concatenación de juegos de palabras acometidos en un inglés de ensueño que es difícil no clasificar como frustrados e incompetentes. No creo exagerar", anotó.

Pero también surgió toda una generación de devotos, como Umberto Eco y Samuel Beckett, que aseguró: "En esta novela las palabras no son las amables contorsiones de la tinta del imprentero del siglo XX. Están vivas. Se abren paso a empujones hacia la página, y brillan, arden y se extinguen". Los dos escritores parecen haber comprendido las intenciones de Joyce: "Quizás es locura triturar las palabras para extraer su sustancia; o injertar una sobre otra para crear un híbrido y variantes desconocidas para abrir posibilidades insospechadas para esas palabras", dijo el autor poco antes de lanzar su libro.

"Empecé a leerlo y me encontré con cosas preciosas y otras desconcertantes. Era 70% adivinar y 30% comprender", sostiene el argentino Marcelo Zabaloy, quien acaba de conquistar una de esas hazañas que se creían imposibles: traducir al español Finnegans Wake . Pues sobre la novela no solo cayó el estigma de ilegible, sino también el de intraducible. Lo cierto es que ha tenido versiones en francés, italiano, alemán, japonés y chino, entre otros idiomas. Hasta ahora, la mayor conquista en castellano sobre el texto la había hecho el español Víctor Pozanco para la editorial Lumen, que en 1993 publicó una edición parcial de la novela. Ahora llega la primera versión completa en español publicada por la prestigiosa editorial argentina Cuenco de Plata.

En voz alta

Al teléfono desde Bahía Blanca, una ciudad costera al sur de Buenos Aires, Zabaloy se resiste a la idea de lo intraducible. "Joyce estuvo de acuerdo con la traducción al francés de algunos capítulos de Finnegans Wake , por lo tanto, se cae lo de intraducible. En vida, a Joyce sí le discutían el libro mismo, pero no la traducción. La pereza hace que no se traduzca o que se diga que es intraducible", dice mientras toma un descanso de instalar unas luminarias en una cancha de rugby del club al que pertenece. "Trabajo con las manos. La literatura fue siempre para mí un gusto, un pasatiempo, nunca fue un modo de vida y no creo que lo sea", explica.

Zabaloy tiene 59 años y proviene de lo que podría ser el mundo exactamente opuesto del universo académico que ha rodeado a Finnegans Wake . Desde los 19, lleva el negocio que le heredó su padre y vende y repara computadores, además de instalar redes de telefonía y datos. "A mí me gusta escribir, lo he hecho toda la vida, he ganado algunos concursos pequeños, pero no conozco a nadie personalmente del mundo de las letras", cuenta. Esto último está por cambiar: en 2017 Cuenco de Plata lanzará Rapsodia , la novela con que fue finalista del Premio Clarín 2010. Además, el año pasado se consagró como un experto en Joyce, cuando el mismo sello publicó su traducción al español de Ulises . Zabaloy no tiene estudios que lo acrediten como traductor profesional y su inglés proviene de cursos que tomó en el colegio. "Todo lo he hecho como autodidacta", dice.

Movido por el impulso de leer un libro difícil, Zabaloy empezó con el Ulises por primera vez en 2004. En inglés. Otro impulso lo llevó a traducir un párrafo y cinco años después lo tenía todo en español. Por seis años trabajó en las revisiones junto a Cuenco de Plata, hasta que publicaron su versión de la novela. Paralelamente, leía Finnegans Wake. "Había leído que si había 500 personas en el mundo que lo habían leído era mucho, con lo cual era otra vez un desafío. Empecé a leer tratados y estudios que me iban aclarando cosas y haciéndome más placentera la lectura", dice, y agrega: "Toda la cuestión del sentido está puesta en la picota en esta novela. La misma historia del libro es inasible. Es tan compleja la red de historias y su repetición. Pero hay una lógica: la mayor parte del libro contiene repeticiones de una historia deformada y distorsionada hasta el infinito. Hay canciones distorsionadas, poemas, la historia universal".

Según cuenta Zabaloy, en cada página que escribió Joyce hay al menos 30 palabras que no existen en el diccionario inglés. Pero se puede traducir sin traicionar, asegura: "Muchas de esas palabras son reconocibles en otros idiomas y basta con adaptarlas ligeramente para que suenen en castellano; otras para que sean reconocibles aún en el idioma original, por ejemplo, huiquén, deyavú, naboleón, etc., y hay otras palabras que sugieren múltiples cosas/obras/personajes históricos, todo en una palabra y ahí la cosa se complica". Y cuenta: "Pero ha sido todo gozo, el hecho de inventar palabras es un juego propio de niños y ellos se divierten haciéndolo; yo, viejo o casi viejo, me divierto de la misma forma. No las conté, pero estimo que hay 30.000 o más palabras extra castellano".

A Joyce le parecía que Finnegans Wake era una invitación al lector: "Ciertamente un lector inteligente puede leerlo y entender, si regresa al texto una y otra vez. Está ahí para vivir una aventura con las palabras. El libro puede satisfacer a muchos más lectores que casi cualquier otro libro, porque les da la oportunidad de utilizar sus propias ideas al leer", decía el escritor. También tenía un consejo para los impacientes: "Si alguien no entiende un pasaje, todo lo que necesita es leerlo en voz alta".

Todavía su recomendación es válida, incluso en la versión en español que tradujo Zabaloy. De la primera página, un párrafo para leer en voz alta: "Sir Tristram, violer d'amores, f'roata del corto mar, habían pasaún rearribado de Norte Armórica en este lado del descarnado istmo de Europa Menor para la empuñarriña de su guerra penisolada: ni las rocas del topsawyer junto a la corriente del Oconee se habían exagerado ellasotras a los gorgios de Laurens County mientras iban doublinando su malparo todo el tiempo: no era voice del afuego que fuellecía mishe mishe al tauftauf duartepeadrick".

 


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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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