Poder y deporte:
La crisis política del fútbol argentino

La AFA quebrada y sin dirigentes, funcionarios kirchneristas procesados por desvíos de platas fiscales en las transmisiones del campeonato local, políticos en los clubes y cercanos a barras bravas. La selección como metáfora de la sociedad.  

GASPAR RAMÍREZ 

La noche del 27 de junio, los panelistas del programa Animales Sueltos, del canal argentino América TV, pedían que se fueran todos y hablaban de tipos pecho frío. El día anterior, la selección argentina de fútbol había perdido la Copa América Centenario contra Chile, segunda vez en un año, tercera derrota en una final en tres años, la cuarta final que se le iba a Lionel Messi en 9 años, 23 años sin festejar: la crisis del fútbol argentino con estadísticas y nombres. Y metáforas.

Mientras un periodista contaba la pelea interna de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), quebrada y sin dirigentes desde diciembre pasado, Sergio Berensztein decía: "La selección es una metáfora del país. Son excelentes individualidades que triunfan en el mundo, pero como equipo no logran encontrar una manera de sacar provecho del conjunto. Estamos sistemáticamente perdiendo oportunidades. Nos cuesta muchísimo. Como equipo no funcionamos".

El deporte como reflejo de la sociedad no es una figura nueva ni aceptada por todos, pero en el caso argentino, la evidencia está ahí, fresca.

En 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa impuso el "corralito" financiero; en diciembre el Mandatario radical renunció; en un año y medio lo sucedieron cuatro presidentes; en 2003, Néstor Kirchner llegó al poder con un discurso de izquierda, y despilfarró la bonanza de las materias primas, que derivó en la derrota del kirchnerismo en noviembre pasado, la llegada del derechista Mauricio Macri a la Casa Rosada, el destape de los escándalos de corrupción durante los mandatos K, una sociedad golpeada, una crisis de la que no se salvó el fútbol, "la última religión secular de los argentinos", en palabras de Berensztein.

Berensztein, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de North Carolina, ex director de la consultora Poliarquía, asesor del FMI, del BID y de varios otros organismos, dejó esa noche la comparación a medio camino. Dos semanas después, con la selección sin entrenador ni capitán, el analista retoma la metáfora, y dice: "Argentina había experimentado una degradación institucional en todos los ámbitos a partir de la crisis de 2001. En el contexto de esta degradación, no quedaba ninguna isla de eficiencia. La dinámica ya había alcanzado al fútbol, y esto se profundizó a partir de la muerte de Julio Grondona".

Grondona, presidente de la AFA entre septiembre de 1979 y el 30 julio de 2014, día en que murió, fue para el fútbol argentino "lo que el mariscal Tito (1892-1980) para Yugoslavia, en el sentido de que bajo su liderazgo autoritario, de alguna manera, pudo evitar las tendencias centrífugas que había entre las partes", dice Berensztein a "El Mercurio".

Pero sin Grondona, los conflictos que estaban adormecidos, no resueltos, despertaron, y la AFA volvió a una situación pre-Grondona: liderazgos en choques, intereses e intervenciones políticas, y una selección reflejo de ese caos institucional.

La elección de la directiva de la AFA el 4 de diciembre pasado terminó en un empate a 38 votos, cuando eran 75 votantes, y fue puesta como ejemplo del desastre y corrupción de un organismo poderoso que maneja mucho dinero estatal.

Los tres últimos jefes de gabinete de la ex Presidenta Cristina Fernández (2007-2015), Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y Juan Manuel Abal Medina, además del presidente de la AFA, Luis Segura, y el ex vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto (ex dirigente de Banfield), fueron procesados el 23 de junio en una investigación sobre el manejo irregular de los fondos públicos que desde 2009 recibía la AFA a cambio de los derechos de televisación de los partidos de la liga argentina: el programa estatal "Fútbol para todos".

La jueza María Servini de Cubría procesó a los tres ex ministros por "incumplimiento de los deberes de funcionario público", y dijo que los directivos del fútbol encargados de la distribución del dinero hacia los clubes cometieron la defraudación.

Según el proceso judicial, entre agosto de 2009 y diciembre de 2015 la AFA manejó 543 millones de dólares por concepto de "Fútbol para todos".

Los lazos entre dirigentes políticos y el fútbol van más allá de demandas judiciales.

Los administradores

Hugo Moyano, sindicalista camionero y ex kirchnerista, es presidente de Independiente; el empresario Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors, es hombre del Mandatario Mauricio Macri, quien fue presidente de ese club entre 1995 y 2007; Nicolás Russo, de Lanús, es cercano al ex candidato presidencial Sergio Massa; Massa mismo fue dirigente de Tigre. Y así siguen los lazos entre políticos y dirigentes deportivos que influyen en el caos de la AFA.

"Los clubes en Argentina fueron y son plataforma de visibilidad de diferentes políticos, desde el primer peronismo hasta la actualidad", dice Juan Bautista Branz, doctor en Comunicación y experto en cultura y deporte. El profesional cree que la relación entre fútbol, política y candidaturas políticas es estrecha, y no solo en términos de visibilidad.

"Los clubes también son espacios donde se acumulan capitales de todo tipo: económicos, sociales y, fundamentalmente, simbólicos. En los clubes se acumula prestigio. Y tener prestigio, entre sociedades jerárquicas, poco democráticas y desiguales, te posiciona en una situación de privilegio", dice Branz, académico de la Universidad Nacional de San Martín.

Néstor Kirchner era hincha de Racing, igual que su hijo Máximo, pero nunca pudieron poner una ficha K en el club de Avellaneda, y ahora tampoco tienen dirigentes cercanos en la AFA. Para Berensztein, esta situación grafica cómo el kirchnerismo cayó "como un castillo de naipes", "pone de manifiesto la superficialidad, lo endeble de toda esa construcción política que hicieron Cristina y Néstor".

Los Kirchner apoyaron a las Hinchadas Unidas Argentinas (HUA), una agrupación que viajó al Mundial de Sudáfrica 2010, supuestamente con apoyo estatal, pero nunca fue demostrado. HUA llevaba a los estadios lienzos con la cara de Kirchner, y su principal dirigente, Marcelo Mallo, fue detenido por tráfico de efedrina.

"El fenómeno perverso de las barras bravas tiene también una lectura política, porque en muchos casos son empleados públicos, sindicalistas que asisten a actos políticos", dice Berensztein.

Pero el problema va más allá de las hinchadas. "La crisis y la violencia material y simbólica que estructura el fútbol en Argentina no es una creación de las barras. Hay complicidades varias, de diferentes tipos: dirigenciales, políticas, de jugadores, de hinchas, de fuerzas de seguridad, de medios de comunicación. Todos estos actores colaboraron para tener la crisis orgánica que sufre la AFA desde hace mucho, pero mucho tiempo".

El sociólogo Sergio Levinsky dijo a la AP que el fútbol argentino está "despedazado por la corrupción y reproduce en un microespacio lo que pasa con Argentina en el macroespacio". Por eso -opina Berensztein-, para el argentino promedio, los 23 años sin triunfos futbolísticos a nivel de selección son "una frustración infinita, pero no puede ser de otra manera. Se gana de casualidad, con la mano, o cosas por el estilo, no como consecuencia de un trabajo bien realizado, planificado y ejecutado".

 


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