Perfil | Cincuenta años de escritura
La conquista americana de Philip Roth

A cinco años de que el aclamado escritor estadounidense anunciara su retiro, llega Roth Encadenado . Claudia Roth Pierpont -que no es pariente del autor- firma una indagación por la poderosa obra del novelista, en un relato que se apoya en las tensiones íntimas y públicas que han marcado su vida. Es casi una biografía.  

Roberto Careaga C. 

En el verano de 1993, Philip Roth evaluó tirarse al pozo de su casa en Connecticut para quitarse la vida. Desistió por miedo a las tortugas mordedoras y las culebras que lo habitaban. Pero como los impulsos suicidas no cesaban, ingresó a una clínica siquiátrica. El problema era su espalda: le dolía tanto todo el tiempo que no solo no podía escribir; lo tenía sumido en "la más inimaginable forma de terror". Después de casi treinta días internado, recibiendo medicamentos para el dolor y la depresión, salió a flote. Mejor: "Acabó siendo una bendición", dijo. Con 60 años, el escritor empezó una nueva vida. Al mes estaba tramitando su divorcio, volvió a su departamento de Nueva York y empezó a escribir el libro más desbocado y lascivo de toda su carrera, El teatro de Sabbath .

Roth sabía de excesos. Su historia como escritor estaba marcada por uno: en 1969 desató un escándalo al lanzar El mal de Portnoy , una corrosiva comedia sobre la moral de los judíos en Estados Unidos protagonizada por un obsesivo sexual que no puede parar de masturbarse. El libro lo enemistó con su comunidad y también lo hizo famoso. Veinticinco años después, Roth estaba alejado de las polémicas y era, tras una decena de títulos, una figura central de la literatura norteamericana. Pero acaso por haberse liberado del suicidio estaba dispuesto a disparar de nuevo: publicada en 1994, la desenfrenada novela El teatro de Sabbath sigue las desventuras de Mickey Sabbath, un ex titiritero en decadencia, sucio e intolerante, que tras la muerte su madre y su amante lo único que le queda es desatarse como el maniático sexual que siempre ha sido. Y quitarse la vida, quizás.

Aunque tuvo algunos detractores, la novela terminó ganando el National Book Award de ese año e hizo que Roth volviera a salir de los circuitos estrictamente literarios: "Mickey Sabbath es la creación más salvaje y magnifica" del escritor, aseguró la farandulera revista People. No es que Roth no hubiese escrito antes grandes novelas - Mi vida como hombre , La visita al maestro , La contravida , entre otras-, pero en El teatro de Sabbath la vitalidad y la fuerza de su estilo habían cristalizado. Era el sexo, el gran motor de su obra y quizás también de su vida, pero también otro aspecto del libro: si hay algo que se escapa de la oscuridad de Sabbath es su infancia al calor de su familia judía y, sobre todo, bajo la luz del Nueva Jersey de los 40. "Este es el libro con el que Roth redescubrió América: el continente mítico, grandioso, de las promesas y los comienzos", dice Claudia Roth Pierpont, hoy lo más cercana a su biógrafa.

Donde habla Roth Pierpont es en Roth desencadenado , el primer libro que examina la totalidad de la obra del escritor estadounidense, que en 2010 publicó el que dijo sería su despedida, Némesis . Cincuenta años antes había debutado con Goodbye Coolumbus (1959) y desde ahí la autora -que casualmente comparte el apellido con el novelista- va trenzando en su investigación la vida de Roth con el contenido de su obra. "Este libro trata del mundo escrito de Roth, pero no habría sido posible hablar de él sin hurgar también en el mundo no escrito: en la vida de la que tan a menudo se ha servido la obra", advierte. Y de hecho, uno de los planteamientos centrales del volumen cruza lo biográfico con lo literario: que lo que hizo Roth en 50 años de escritura fue desprenderse de la carga judía para echarse a la espalda la cuestión por la identidad norteamericana.

La época subversiva

Aunque gran parte de Roth desencadenado está centrado en los libros del escritor, también se trata de la historia de una vida y, como tal, entrega muchos datos biográficos de Roth. Se lee como las bambalinas de la construcción de una obra y su asidero en la realidad: al igual que Roth Pierpont indaga en los alter egos del novelista (Natham Zuckerman, David Kepesh), también cuenta detalles de sus tres matrimonios -y tres divorcios- y sus numerosas amantes; explora la amistad que mantuvo con colegas como Saul Bellow, John Updike, Milan Kundera o William Styron; habla de sus largos sicoanálisis; sus intensos dolores de espalda; sus viajes por el mundo, y, por supuesto, del conflictivo vínculo que ha mantenido con su identidad judía.

"El epíteto de 'escritor judeoamericano' no tiene ningún sentido para mí. Si no soy americano, no soy nada", dijo Roth en una entrevista a fines de los 90. Hablaba después de una conquista que le había llevado años. Tras una rebelión que había iniciado en el seno de su hogar en los 30 y 40 en Newark, una ciudad de inmigrantes de Nueva Jersey, donde había crecido entre judíos culposos por su suerte estadounidense a la luz del destino trágico de sus hermanos en Europa. El lo veía así, al menos. Cuando pudo, escapó. En el segundo año de universidad, se matriculó en la Universidad de Bucknell, ubicada a siete horas de la casa de sus padres, en la Pensilvania rural: "Esta institución formada por baptistas y situada entre campos de maíz también satisfacía su deseo creciente de experimentar 'América': el país no inmigrante, no étnico de las películas y, en particular, de su ídolo literario de entonces, Thomas Wolfe", señala Roth Pierpont.

Fue en Pensilvania donde Roth empezó como escritor, aunque el paisaje no hizo que se desprendiera de sus raíces. Por el contrario, se hundió en ellas y las exploró en todos los ángulos posibles: "¿Qué se está haciendo para silenciar a este hombre?", llegó a preguntar un poderoso rabino al leer uno de sus cuentos en la revista The New Yorker. Roth jugaba con la culpa y la tragedia judía y, a la vez, la superaba: su primera novela Goodbye, Columbus retrataba a una familia adinerada entregada al sueño americano: "La auténtica novedad fue la ausencia de cualquier rasgo de tragedia u opresión. Los Patimkin viven en una sucesión diaria y constante de deportes y banquetes pantagruélicos. No albergan ninguna duda sobre su derecho a tener lo que tienen o permanecer en Estados Unidos", escribe Roth Pierpont.

Saludada por la crítica como un gran debut, a Goodbye, Columbus le siguieron dos novelas que confirmaron el talento de Roth, Dudas y dolores y Cuando ella era buena . Luego, vino lo que Roth Pierpont considera "uno de los actos subversivos culminantes de una época subversiva": El mal de Portnoy . La novela fue uno de los cierres para la liberadora década de lo 60 y, en esa idea, lo que hacía Roth era lanzarse al cuello contra todo tipo de convenciones: sexuales, conyugales, familiares y, claro, judías. Ahí está precisamente el peso que carga Portnoy: "No importa cuánto jugara al béisbol de niño; o cuantas shikas (una chica típicamente norteamericana en yiddish) conquiste; ni siquiera que fuese el editor de la Columbia Law Review: no puede sacudirse de encima la sospecha de que ser judío -ser un Pornoy en vez de un Smith o un Jones- significa que nunca será un americano de verdad", escribe Roth Pierpont.

La novela suscitó un escándalo entre las agrupaciones judías. "El libro por el que han estado rezando todos los antisemitas", escribió un columnista en el diario israelí Haaretz. Pero ese ruido no detuvo al libro, que literalmente hizo millonario a Roth: en diez semanas vendió 210 mil ejemplares y desbancó a El padrino , de Mario Puzo, como el más vendido de 1969 en Estados Unidos. Su fama se disparó, lo reconocían en la calle, le inventaban romances con Barbra Streisand o que estaba en un manicomio. El escapó. Se fue a la residencia de escritores de Yaddo, mandó a sus padres de viaje. Luego dio un giro: parodió a Nixon en La pandilla y echó a andar la furia de las feministas en Mi vida como hombre , una novela sobre el sicoanálisis -el suyo- en la que hacía un despiadado retrato de una de las protagonistas, la sicópata Maureen. Y luego, Roth volvió a irse.

La pureza

"Estaba sumergido de nuevo en la vida americana y era maravilloso", decía Roth en una entrevista en Francia hablando de El teatro de Sabbath . Corría 1994 y, como cuenta Roth desencadenado , el escritor efectivamente estaba de vuelta en su país. Se había separado de su tercera esposa, la actriz británica Claire Bloom, quien lo había llevado a pasar buena parte de los 80 viviendo en Londres. Antes de eso, había estado más lejos: en 1972 viajó a Praga y quedó flechado con los escritores checos. Volvió varias veces, tantas que fue capaz de confeccionar la Colección de la Otra Europa, de la editorial Penguin, donde editó en inglés a Kundera o al húngaro Bruno Schulz, entre varios otros.

Todos esos años, los europeos, fueron decisivos en el desarrollo de Roth como escritor. Entabló amistad con Primo Levi y el mismo Kundera. Pero regresar en plenitud a Estados Unidos fue la clave para que su obra diera el salto final. Como relata Roth Pierpont fue en El teatro de Sabbath donde el escritor empezó a hacerse definitivamente cargo de la historia de su país. "No es un libro histórico, es el primer libro de Roth en que la historia agarra a los personajes con sus zarpas, los arroja aquí y allá, y los hace pedazos", señala.

Quien va a tomar verdaderamente esa labor es Natham Zuckerman, alter ego del autor y narrador de su Trilogía Norteamericana: Pastoral americana , Me casé con una comunista y La mancha humana . Son las novelas de madurez de Roth y también su última conquista: un panorama de la segunda mitad del siglo XX de Estados Unidos, en el que el destino de unos ciudadanos comunes y corrientes -no importa del todo que sean judíos- se entrelaza con los vaivenes políticos y sociales del país y los efectos son devastadores. Es una cronología enmarcada entre los años del macartismo, en los 50, y los 90 de Bill Clinton, y está protagonizada por adolescentes extremistas, traidores políticos, negros que se hacen pasar por blancos. Según Roth Pierpont, da cuenta de una búsqueda destinada al fracaso: la pureza.

"La fantasía de la pureza renovada una y otra vez -desde la extrema izquierda antibelicista, desde la extrema derecha anticomunista y desde la inmensa mayoría puritana, por poner en orden los tres libros- es detestable", escribe Roth Pierpont, quien cuenta que le planteó esa lectura sobre la Trilogía Norteamericana al escritor y él respondió: "Pero esa es la gran bendición de América. Es una sociedad radicalmente impura".

Cuando Roth terminó esa serie de novelas, en el 2000, su reputación ya estaba por las nubes. Libros como La conjura contra América (2004) solo confirmaron su lugar de privilegio en las letras de Estados Unidos. Después de las cinco novelas que siguieron, todas rondando la muerte, el escritor anunció que se retiraba. No más ficción. Su último libro fue Némesis (2010). Tenía 77 años. "La distancia entre 1959 y 2010 es inmensa", escribe Roth Pierpont recapitulando: "El escritor que empieza, con una floritura y una ocurrencia graciosa; el escritor que se acerca al final, con una advertencia solemne y un escalofrío", añade.

Luego cuenta una anécdota. Están hablando de la derrota, del final, muy seriamente, y entonces Roth se levanta del sillón y empieza a imitar una escena de la película Toro salvaje . Hace del Jake LaMotta que interpretó Robert De Niro. Roth hace la escena en que después de ser aplastado por Sugar Ray Robinson en el ring LaMotta se le acerca envuelto en sangre y le dice aún con fuerza: "No me has derribado, Ray. ¿Me oyes? No me has derribado, Ray, no me has derribado".

 


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