Novedad editorial | El futuro es un lugar extraño:
Cynthia Rimsky y su novela de las grietas

La narradora chilena radicada en Buenos Aires presenta este jueves su más reciente libro: un ajuste de cuentas de la protagonista con un episodio de su pasado en los años 80.  

Pedro Pablo Guerrero 

En el comienzo hubo un viaje que hizo a dedo hasta Nicaragua en 1986, a los veinte años. "Quería saber cómo era una revolución", dice sentada en el living del departamento de su madre en Santiago. Está cansada, reponiéndose del vuelo que la acaba de traer de Buenos Aires, la ciudad donde vive desde 2012 y a la que volverá pronto, después de que presente el próximo jueves El futuro es un lugar extraño (Casa O de Lastarria, 19:00 horas).

A Nicaragua llegó tarde, cuando el sandinismo terminaba de asentarse en el poder. De esa aventura de seis meses quedaron, sin embargo, un cuaderno, unos artículos y un puñado de cartas de ida y vuelta. En el origen de El futuro es un lugar extraño está ese viaje y, justo antes que él, sus vivencias en el Santiago enardecido de mediados de los 80. El mismo período con el que la protagonista de la novela, la Caldini, intenta ajustar cuentas el año 2010, en medio de un juicio de separación, cuando la grieta que aparece en su departamento tras el sismo de febrero -definido por un geógrafo en la televisión como un "terremoto mentiroso" porque había dejado intactas las superficies pero adentro todo estaba roto- era la misma que percibía en todas partes: la sociedad, las emociones, el discurso...

La gran pregunta era "cómo contar esa historia ahora que la dictadura no existe sino como algo fantasmal", dice Cynthia Rimsky. "Los recuerdos me sabían a anécdotas y descubrí que recuerdo muy poco. Hay un gran silencio sobre esa época, no solo de la gran historia sino de la experiencia íntima, como que no volvimos a hablar de lo que sentimos o de lo que vimos, tal vez porque no acomoda decir que uno creyó en la democracia popular, en la justicia social, en la igualdad, en la solidaridad".

Justo entonces encontró en el mapa de El Salto -el mismo que se reproduce en la portada de la novela- una serie de pasajes que llevan los nombres de Igualdad, Dignidad, Honestidad... "Fue como una prueba arqueológica de que sí existió una civilización que luchó por esos valores que ahora producen risa y escepticismo. Ahí se me ocurrió que tenía que volver a construir la experiencia de la lucha, hacer que ocurriera de nuevo en el libro. Por eso la Caldini no sabe dónde va ni lo que le va a pasar, no tiene idea de que está desandando el camino hacia esa protesta en el año 86, ni se imagina que la historia puede ser un azar".

"Lloré mucho con este libro"

Al mismo tiempo que aparece El futuro es un lugar extraño , Lom publica su libro Fui , nacido de sus columnas semanales en el portal Terra. Durante tres años escribió acerca de sus continuos desplazamientos dentro y fuera de Chile, sus recorridos por Santiago y luego por Buenos Aires. "Tomé esos textos y volví a trabajarlos como si fueran caminatas o trayectos. Recuperé las fechas, pero no es un diario. Es un cruce entre relato y diario. Yo los llamo relatos situados", explica.

Si el celebrado primer libro de Cynthia Rimsky, Poste restante (2001) -del que se acaba de publicar, en Argentina, la cuarta edición-, fue una novela de viaje, al que aparece ahora se refiere como una novela de experiencia. "No quería hacer un souvenir de los 80. Traté de construir una experiencia. Mi idea es que no solamente leas, sino que sientas que la historia vuelve a ocurrir. No decir, por ejemplo, 'sentí miedo', sino construir la sensación de miedo. Hoy el lenguaje está completamente construido desde afuera. En un celular vas escribiendo y el programa 'predice' lo que vas a decir: es una verdadera persecución de sentido. La cuestión es cómo tú te apropias del lenguaje, y para eso tienes que trabajarlo como lo hace un artesano".

La experiencia de Caldini en la novela corresponde solo parcialmente a la que tuvo la escritora cuando estudiaba periodismo en la Universidad de Chile. "A El Salto fui un par de veces porque un compañero de escuela alquilaba una casa con otros estudiantes de provincia e hicimos algunas reuniones y fiestas en los 80. Sí hice trabajo político y como estudiante en la zona sur, en La Victoria, la José María Caro, la Santa Adriana. Organizábamos talleres de periodismo y, además de estudiar teoría, ayudábamos a las organizaciones a editar sus propios medios de comunicación. El Salto lo tomé como un espacio de ficción. El nombre, además, es precioso, El Salto, ¿el salto a qué? No importa, un salto".

Mientras llena para un ex preso político los formularios de postulación a un Fondart, Caldini siente que está traicionando a la joven (ella misma) que participó en una protesta realizada en esa zona de Santiago. "Por la noche la asalta la angustiosa sensación de que lleva años haciendo lo mismo y que por esa fisura entre la conveniencia y la creencia se disolvió la joven de 20 que acudió aquella noche a El Salto". Cynthia Rimsky admite que ha sentido lo mismo:

"Lloré mucho con este libro. Por el maltrato. No solo el que recibí yo. Éramos gente sensible, creativa, ¿por qué tuvimos que pasar por eso? Que te dijeran en una revista: 'Si no cambias lo que escribes, te quedas sin trabajo' o que cuando hacías un guión para la televisión te advirtieran: 'Nada de metáforas, hay que ser claros, los televidentes son tontos'. Simplificar, repetir, entretener, aligerar. Lo pasé pésimo cuando llegó la democracia, otros se adaptaron. Todos necesitábamos comer. Me acuerdo cómo nos emborrachábamos en esa época, igual que en la novela, como una manera de soportar las humillaciones. Mientras escribía saqué la rabia, pasé períodos violentos, fue duro. Lo interesante es que logré construir con eso otra cosa, lo transmuté. El futuro es un lugar extraño no es un libro ni rabioso, ni violento, ni nostálgico. Siento que es mi novela más de ficción, no porque las anteriores fueran reales, sino porque en esta creé un otro lugar, donde se pueden vivir ciertas cosas que en esta parte del mundo, donde todo está dado, no son posibles. No hubiera podido escribir esta novela en Chile".

El animado barrio donde vive la protagonista es el mismo que habitaba la autora antes de irse a Buenos Aires: la primera cuadra de Loreto al llegar a avenida Santa María. Una zona donde se mezclaban bares y restaurantes con pequeños negocios de barrio, como una verdulería, un salón de belleza y tiendas de enmarcaciones. "No sé por qué me ha tocado vivir del otro lado del Mapocho. Es increíble como un río, un cerro, arman una frontera. No solo en Santiago", reflexiona.

-¿Por qué se fue a Buenos Aires?

-No fue algo que decidí, fue ocurriendo, encontré allí un relajo, una indisciplina, una apertura que no sentía en Santiago, y como se abrieron posibilidades de tener una economía no tan distinta a la que tenía acá, me fui quedando. Ha sido una buena influencia también leer a autores y autoras argentinas, especialmente los más descentrados. Hay más locura o está más permitida, o a nadie le importa, es bien aliviador que la respuesta a lo que haces no sea encasillarte o provocar desconfianza o resentimiento; por el contrario, hay interés por lo no normado y hay educación pública, y se nota en la sociedad. Este año me mudo, al menos la mitad de la semana, a un pequeño pueblo en el campo, es una fantasía que tengo desde hace bastante tiempo, y no tengo idea qué va a pasar, pero estoy entusiasmada.

-¿A qué descentrados se refiere?

-César Aira me encanta, a pesar de que esta novela no tiene nada airiano. Sin embargo, recibí su influencia dentro de mi estilo, todo esto de que las cosas pasan porque pueden pasar. No la lógica aristotélica normativa chilena. Me maravilla esa libertad de Aira para crear. Me ha enseñado a no tener miedo de salirme del realismo, a crear otro espacio mediante la desfiguración. Por eso también me gustan Jorge Barón Biza, Roberto Arlt, Salvador Benesdra, Gabriela Cabezón Cámara, Mario Levrero y el brasileño Joao Gilberto Noll. La entrada a lo delirante, que en mi próximo libro va a ser total. Estoy en eso.

 


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Foto:CARLA DANNEMANN

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