Pensiones chilenas
Los peligros de no ahorrar

Un sistema pionero, hoy necesita una reforma  

 

Sepultureros cargando ataúdes con leyendas de "No+AFP" se unieron a decenas de miles de chilenos en Santiago el 21 de agosto para protestar contra el sistema de pensiones privado del país. Los organizadores -una mezcla de sindicatos, asociaciones de pensionados y grupos defensores del consumidor- dicen que un millón se manifestó a nivel nacional (tal vez una exageración). Las pensiones son muy bajas, alegan los manifestantes. "Después de años de abuso... las personas finalmente despertaron", dice Ernesto Medina Aguayo, de Aquí la Gente, un grupo de presión.

El esquema que critican, puesto en marcha por la dictadura de Augusto Pinochet hace 35 años, era un modelo para otros países en desarrollo, como Perú y Colombia. En lugar de cargarle al gobierno un impagable plan de pago al retiro, en el que los actuales contribuyentes asisten a los actuales jubilados incluso mientras la población se envejece, Chile creó uno en el que los trabajadores ahorran para su propio retiro pagando el 10% de sus ingresos a cuentas individuales manejadas por administradores privados (AFP).

De cierta manera, el sistema funcionó. Las contribuciones a las AFP fluyeron en los mercados de capitales que impulsaron el crecimiento. El crecimiento del PIB anual entre 1981 y 2001 fue 0,5 puntos porcentuales más alto de lo que hubiese sido sin esa inversión, indica un estudio. Esto ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza.

Por desgracia, los beneficios no han alcanzado las poco realistas expectativas de las personas. Los fundadores del régimen les dijeron a los trabajadores que si ellos contribuían continuamente durante su vida laboral recibirían un generoso 70% de su salario final al momento de la jubilación. Y de hecho, las personas que cotizaron por 30 o más años ganaron una pensión promedio de 77% de su salario final. Pero la mayoría de los trabajadores cotizó por bastante menos tiempo. Las mujeres dejaron de trabajar para criar a sus hijos (y se jubilan antes que los hombres). Muchos chilenos pasaron tiempo en empleos informales o desempleados. En promedio, cotizan por solo el 40% de sus principales años trabajados.

Para la mayoría de las personas, la tasa de 10% de cotización -solo la mitad que el promedio de la OCDE, un club de países ricos mayoritariamente- es demasiado baja. Como resultado, el beneficio típico, incluyendo un suplemento pagado a los pobres, es el 45% del salario final de un pensionado, muy por debajo del promedio de 61% de la OCDE. Las mujeres están aun peor. Al final del día, se quedan con pensiones que son equivalentes a 31% de su salario final versus el 60% de los hombres. En 2008, el Gobierno decidió recompensar a las mujeres por cada hijo que criaran aumentando sus pensiones, pero eso no compensa totalmente el déficit.

Chilenos con otras quejas se han enganchado con la causa de las pensiones. Algunos censuran los orígenes dictatoriales del sistema. Los escépticos del capitalismo se quejan de que el esquema ha enriquecido a administradores de fondos poco confiables. Dos ex dueños de AFP Cuprum están siendo investigados por contribuciones irregulares a campañas de decenas de políticos de derecha. El sistema ha generado grandes utilidades para los cotizantes, promediando 8,6% al año entre 1981 y 2013. Pero las altas comisiones han recortado una gran porción de esas utilidades, reduciéndolas a un rango de 3 a 5,4%.

Por tanto, las quejas tienen algo de mérito. Las AFP y el Gobierno fallaron en hacer el suficiente hincapié en que el nivel de aporte normal, interrumpido por períodos de no empleo, no permitiría alcanzar pensiones que llegaran al objetivo de 70%; solo un 0,2% de los trabajadores aumenta su aporte. La competencia entre las AFP fue débil, permitiéndoles mantener sus comisiones altas. Muchas las redujeron después de una reforma que entró en vigencia en 2010, en que la AFP que ofrecía las menores comisiones recibiría a todos los nuevos cotizantes.

Algunos manifestantes quieren que la Presidenta Michelle Bachelet reemplace el esquema de pensiones con un sistema financiado por el Estado de pago al retiro, ofreciendo beneficios definidos. Muchos expertos apoyan una reforma menos drástica. Varios países que adoptaron el modelo chileno han cambiado a un sistema mixto, en que el Estado suplemente pero no reemplace los fondos privados, dice Nicholas Barr, de la London School of Economics.

Chile ya está moviéndose en esa dirección. Un sistema cubierto con cargo a impuestos introducido en 2008 para los chilenos con ingresos relativamente bajos -60% de la población- en 2030 pagará más de la mitad del desembolso que haga el país en pensiones, dice David Bravo, quien lideró una comisión de pensiones el año pasado. El 9 de agosto, la Presidenta Bachelet propuso nuevas reformas, incluyendo una contribución de 5% para ser cobrada a empleadores que servirá para aumentar las pensiones más bajas. Una nueva AFP de propiedad del Estado proveerá más competencia a las privadas. Cargos escondidos serían eliminados. Más que enterrar el modelo de pensiones de Pinochet, Bachelet podría darle un segundo impulso.

 


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