Entrevista Su regreso a la ficción
Jonathan Safran Foer: "Mi ambición es decir todo lo que puedo decir"

A una década de su última novela, el autor de Todo está iluminado lanza Aquí estoy , un ambicioso relato que cruza la crisis de una familia estadounidense con un terremoto que amenaza el destino de Israel. Es una historia de judíos que han perdido la fe, pero que sienten el llamado de su cultura.  

Roberto Careaga C. 

Las noticias son confusas, pero de algo no hay duda: ha ocurrido una tragedia en Israel. ¿Un atentado en una mezquita? ¿Un ataque de Irán? ¿Una explosión nuclear en Tel Aviv? Cuando las informaciones se aclaran, llega lo impensado: un terremoto de magnitud 7,6, con epicentro en el mar Muerto, ha dejado sin electricidad a Israel, Jordania, el Líbano y Palestina, y, peor aun, ha echado abajo decenas de ciudades. Incluso puede agravarse: ser la chispa para encender la pólvora y desatar una guerra en la región. Eso es lo que piensan, y prefieren callar, los primos Jacob e Irv Bloch, ambos judíos, el primero desde siempre estadounidense, el segundo, ciudadano israelí y recién llegado a Nueva York para el bar mitzvá , de su sobrino. De eso se trataba, de hecho, hasta ese momento Aquí estoy , la nueva novela de Jonathan Safran Foer (Washington, 1977): de la historia de una familia que empieza a hacer crisis. Y de pronto, cuando ya han pasado 300 páginas, el libro empieza a ser otro: la historia de una crisis del pueblo judío.

"Creo que siempre supe que iba a pasar algo así. El terremoto. Pero del resto del libro no sabía demasiado, mi proceso es muy intuitivo", dice Foer al teléfono desde California, Estados Unidos. Habla bajo, sin intensidades muy notorias, acaso con la calma de quien ha conseguido atrapar lo que por tantos años se le escapaba: Aquí estoy , que acaba de llegar a Chile, es su nueva novela después de 10 años. Tras dos novelas aclamadas, Todo está iluminado (2002) y Tan fuerte, tan cerca (2005), ambas llevadas al cine, el escritor estadounidense vuelve a la ficción a lo grande, literalmente: son 700 páginas fluidas, en que explora sin pausa, con humor punzante y temor latente, el desmoronamiento de un matrimonio al que lo devora la rutina, mientras su cultura, la judía, entra en crisis. Desde la comodidad de una casa en Washington, hasta trincheras improvisadas en las afueras de Jerusalén, Foer anuda pequeñas y grandes tragedias, siguiendo la mente de un hombre, padre de tres hijos, agobiado por su vida.

Antes de Aquí estoy , Foer lanzó en 2009 Comer animales , un ensayo sobre los hábitos alimenticios occidentales que surgió de la pregunta sobre cómo alimentar a sus hijos: ¿con animales? Desde ahí, despliega una investigación sobre la industria de la comida en el planeta. Luego, el autor lanzó una libro objeto llamado Tree of codes (2011), hecho en su mayoría de recortes de frases y palabras de la novela La calle de los cocodrilos , de Bruno Schulz. Y pasó algo más, completamente extraliterario y que, sin embargo, llevó su rostro a la prensa varias veces: se separó de su esposa, la escritora Nicole Krauss. De esa zona, Foer prefiere no hablar. Y se apura en decir que su separación no tiene nada que ver con la crisis de Jacob y su esposa, Julia, en Aquí estoy : "No estoy más cerca de Jacob que de ninguno de mis otros personajes. O sea, vivo en Washington, soy de una familia judía de tres hermanos, estoy divorciado, pero las circunstancias del libro no tienen nada en común con las circunstancias de mi vida", dice.

Su ruptura con Krauss tiene, sin embargo, un costado literario: Nicole y Jonathan eran la pareja de genios de esa generación de narradores estadounidenses tan prometedores del cambio de siglo, donde también brillaban David Foster Wallace, Jonathan Franzen, Michael Chabon, Dave Eggers y Jonathan Lethem, entre otros. Ligados por la revista McSweeney, para Foer se trata de un pasado que nunca le interesó demasiado: "No estoy tan consciente de esas cosas; de hecho, prefiero estar lo menos consciente, mantener la cabeza baja y hacer mi trabajo. Todo cambia, ¿sabes?, lo que es importante en un momento, luego deja de serlo. No le presto atención. Cuando escribo estoy totalmente involucrado en mi proyecto, trato de no pensar en otros escritores", sostiene.

Otro de los proyectos en que estuvo Foer fue en All talks , una serie de televisión para HBO que escribió e iba a producir junto a Ben Stiller. Era sobre la crisis de un rabino, pero a última hora el escritor optó por abandonarla. Algo de esa trama aparece en Aquí estoy : Jacob, el protagonista, trabaja como escritor para una serie de televisión, aunque él lo que realmente quiere hacer, y no logra, es escribir literatura. Y, además, fue en el guión donde apareció un momento clave del libro: un mensaje en un teléfono celular de Jacob que descubre su esposa y termina por encender las alertas: ese matrimonio se esfuma. Así lo pone Foer en un momento: "El tiempo pasó, el mundo se fue imponiendo, y a Jacob y a Julia se les empezó a olvidar hacer las cosas por un motivo".

El matrimonio de Julia y Jacob Bloch tiene tres hijos, Max, Benjy y Sam. Este último es el mayor, prácticamente un adicto al juego online "Other Life", y está a días de realizar su bar mitzvá . Pero por escribir una serie de insultos racistas en el colegio, el rabino está reconsiderando si puede hacerlo o no. El caso se vuelve especialmente complejo para la familia, pues, nos cuenta Foer en Aquí estoy , la práctica de ritual podría restituir la unión del matrimonio, alguna vez, en sus orígenes, ligado por el sentir judío. "Por eso el bar mitzvá parecía tan importante: porque era el último hilo de un ronzal desgastado", se lee en la novela. Y sigue: "Si se rompía, de lo que Sam tenía tantas ganas, y tal y como Jacob, en contra de lo que realmente necesitaba, parecía sugerir en aquel momento, no solo Sam sino toda la familia saldrían despedidos y quedarían flotando en el vacío, donde dispondrían del oxígeno suficiente para la vida, sí, pero ¿para qué tipo de vida?".

-Sus novelas continúan una tradición estadounidense de literatura sobre judíos americanos, ¿qué tan ligado se siente a esa historia y qué tan importante es personalmente para usted ser judío?

-Me siento naturalmente atraído a esa tradición, pero no pienso en ella al escribir. Si un chileno escribe una novela ambientada en Chile no es necesariamente una excepción, ni siquiera una opción: es su hogar. Y creo que eso me sucede a mí con la cultura judía, es mi hogar. Lo que es un poco inusual es que yo no soy una persona religiosa, para nada, no soy creyente, no practico los rituales, y en mi vida no literaria no estoy seguro de qué tan importante es la cultura judía para mí, pero al escribir constantemente aparece como una condición irrefrenable. Mucho de Aquí estoy es sobre la particular relación que los judíos tienen con Israel: cuál es la naturaleza de esa relación; qué tan profunda o vacía es; qué tan valiosa es. Y es una pregunta especialmente desafiante, no solo para Jacob, sino para todos los judíos aun hoy.

-En "Todo está iluminado" aparecía el Holocausto y en "Tan fuerte, tan cerca", el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. ¿Por qué en este libro decidió inventar la tragedia?

-Es la parte de la novela de la que siempre estuve seguro. No fue una ocurrencia. Sabía que iba a pasar. Quería organizar el libro en torno a dos crisis diferentes: la doméstica, que es cuando se descubre la conversación telefónica con el romance, y la otra, que es global: el terremoto. Quería distanciarlas y que se reflejaran. No fue fácil escribir sobre el terremoto, porque quería que estuviera basado de alguna forma en la realidad, que fuera verosímil, pero también porque era necesario que fuera útil para la trama y útil para abrir las preguntas adecuadas sobre la identidad del pueblo judío. Conseguir el balance fue difícil.

-¿Qué lo llevó a escribir una novela sobre una separación, finalmente?

-Los divorcios siempre están ahí, son parte de lo que nos pasa. Estaba ya en la serie de televisión que no resultó. Pero pienso en esta novela como una historia familiar. Las familias siempre han estado en el primer plano de mi obra. Ahora, yo no puedo responder el porqué de mis personajes. Mi proceso es muy intuitivo. Muy, muy raramente tengo un plan establecido a la hora de escribir, ni siquiera en libros grandes como este. Recuerdo haber estado en California hace unos años, había arrendado un departamento con un amigo, y haber estado sentado frente al mar escribiendo sobre el personaje de Sam. Y no sabía que iba a estar en la familia Bloch, no sabía que iba a estar en la novela, era solo una voz y una sensibilidad que me interesaban. En algún momento, las cosas se vuelven claras y no solo eres el escritor de tu libro, también te vuelves su editor.

-Se insiste mucho en que es su nueva novela después de 10 años, ¿en esos años estuvo siempre rodeando a la familia Bloch?

-No. Probablemente, me tomó dos o tres años escribir Aquí estoy , como mis anteriores libros. Pero me demoré mucho en llegar al inicio. Me tomó tiempo encontrar la voz. Quería escribirla, en eso hubiese querido estar trabajando, pero es difícil encontrar el material y los personajes que te interesen y te importen. Yo siempre pienso que el libro en el que estoy trabajando va a ser el último que voy a escribir. No lo pienso en el sentido literal, no creo que vaya a morir y asumo que voy a escribir más libros, pero es el último libro de la persona que soy en ese momento: uno cambia y el mundo cambia. Entonces, tengo una especie de sueño, de ambición, de conseguir lo exhaustivo: decir todo lo que puedo decir en un momento dado de la existencia. Y eso te pide mucho en el proceso, en el sentido de ver cuánto puede aguantar el proyecto, pero también de encontrar uno que realmente valga la pena.

-¿No valía la pena la serie para HBO?

-Fue difícil dejarla, porque me gustaba y me gustaba la gente con que estaba trabajando, pero no era un tipo de vida para mí. Hay una gran diferencia entre escribir una serie de televisión y llevar a cabo una serie de televisión. Estaba muy cerca de hacerlo y todo se convirtió en un negocio. Hay mucha gente involucrada con la que tienes que negociar, transar; debes ir al set de televisión todos los días. No es para lo que estoy hecho. Escribir, en cambio, es más libre. Yo no quiero tener colaboradores. Una de las cosas que más valoro al escribir es que puedes ir a cualquier parte en cualquier momento.

"Siempre pienso que el libro en el que estoy trabajando va a ser el último. El último de la persona que soy en ese momento".

 


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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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