La segunda muerte de Gonzalo Rojas

Yo me pregunto, ¿dónde están los tributos que deberían rendirle la Universidad de Chile, supuesta alma mater de nuestra intelectualidad, y la Universidad de Concepción, por la que tanto hizo?  

Mauricio Electorat 

Este año se conmemora el centenario del nacimiento de Gonzalo Rojas. Es cierto que la cultura la hacen principalmente los vivos y que las efemérides tienen un dejo a cultura oficial. Pero la cultura también es acumulativa -y mucho-, de lo contrario no habría memoria... ni cultura. Por ejemplo, ¿sería lo mismo la poesía chilena sin Neruda, sin Gabriela Mistral, sin Parra o Lihn? Desde luego que no.

Yo creo que hay en la cultura chilena una lengua singular que podríamos llamar la Poesía Chilena, así, con mayúsculas. Sus cimientos están en Mistral, Huidobro, Neruda, De Rokha. Son nuestros grandes clásicos, en el sentido de que soportan, como vigas maestras, todo lo que vino después. Y la lengua de esos grandes poetas es antigua y popular. Gabriela Mistral la define con la agudeza que le conocemos: "El campo americano -y en el campo me crié- sigue hablando su lengua nueva veteada de ellos. La ciudad, lectora de libros doctos, cree que un tal repertorio arranca en mí de los clásicos añejos, y la muy urbana se equivoca". La cita justamente Gonzalo Rojas en un ensayo que le dedica a la autora de Tala . Pues bien, es esa "lengua nueva veteada de ellos", o sea esa magnífica lengua que da cuenta, más que ningún tratado de historia, del alcance del fenómeno que llamamos "lo americano" (lo americano es lengua española hecha nuestra más paisaje, lengua española nuestra, entre otras lenguas, claro, y tierra nuestra), es esa lengua, olvidada y portentosa, la lengua madre del propio Gonzalo Rojas, como la de todos nuestros grandes poetas nacionales.

No hay poesía oligarca en Chile. ¿Y Huidobro, se podría objetar? Sí, pero Huidobro, perteneciendo a esa oligarquía, tradujo, adaptó, importó las vanguardias, y para ello creó su propia lengua, no heredó la de su clase. Lo que quiero decir es esto: los poetas que forman los cimientos de ese edificio que llamamos la Poesía Chilena vienen de esa lengua campesina, rural, castellana ancestral y que es acaso lo mejor que nos legaron los españoles: un poco de Edad Media. La Edad Media del Marqués de Santillana, la de Gonzalo, el otro, el de Berceo, la de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Esa lengua primorosa, pastoril, celestial y carnal al mismo tiempo, es la lengua primera de nuestros campesinos y el verbo primero de nuestros grandes poetas. Con esa arcilla de relentes medievales, más Garcilaso, más Quevedo, más Darío, es decir, más instrucción pública y bibliotecas que no se sabe muy bien de dónde salían y que hoy día serían un perfecto milagro, se construye lo que a estas alturas del siglo XXI, y sin temor a exagerar, podemos llamar el Siglo de Oro de la literatura chilena. Allí lo tenemos, solo a algunas millas náuticas detrás de nosotros. Y en ese siglo, se inscribe, de pleno derecho, la obra de Gonzalo Rojas.

Hay un par de cosas más. La poesía de Gonzalo Rojas es una lírica culta hablada -o silabeada, como le gustaba decir a él-, está en diálogo directo con los clásicos -desde Heráclito a Quevedo, pasando por San Juan, el de Patmos, y el otro, San Juan de la Cruz-, comenta y glosa a los grandes poetas del siglo -Vallejo, Pound, Neruda-, es una poesía mucho más "abierta", en el sentido de "formativa", que la de Nicanor Parra: los poetas que escriben con Parra son necesariamente parrianos, los que lo hacen con Gonzalo Rojas están en ese cruce de caminos, en esa posición trivial -cruce de tres vías- que es donde Barthes ubica al escritor. Pero, además, Gonzalo Rojas fue un intelectual moderno: vuelto hacia el presente, como dice Foucault, intervino activamente, y no solo desde su magisterio, en el devenir de la cultura chilena, es decir, en nuestra historia común. Allí están los Encuentros de Concepción, que organizó en los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando el mundo era aún "ancho y ajeno", y Chile, una aldea de ese mundo. Yo me pregunto ahora, ¿dónde están los tributos que deberían rendirle la Universidad de Chile, supuesta alma mater de nuestra intelectualidad, y la Universidad de Concepción, por la que tanto hizo? No están. Por otra parte, que el Estado de Chile celebre su centenario con un cuaderno con poemas y una exposición habla de la escasa importancia que ese Estado acuerda a nuestro patrimonio.

Así, seguimos cayendo por la pendiente de la desmemoria y la incultura.

Hoy en la Feria Internacional del Libro, Filsa

Christopher Domínguez, Ana Pizarro y Paula Carrasco presentan el libro "La poesía de Gonzalo Rojas", de Hilda R. May, publicado por Editorial Fondo de Cultura Económica.

Sala Lily Garafulic de la Estación Mapocho, a las 16:15 horas.

 


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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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