Nuevo libro "Adiciones palermitanas":
Germán Marín: Recuerdos de un sobreviviente

En su más reciente novela, el escritor chileno crea un juego de espejos entre la imaginación y la realidad.  

Pedro Pablo Guerrero 

" Si no fuera por el libro que estoy escribiendo, la jornada sería más larga y tediosa, recluido como paso buena parte del día desde hace casi dos años ", escribe el narrador de Adiciones palermitanas , un funcionario jubilado de la Biblioteca Nacional que vive cerca de la Municipalidad de Providencia, ubicada en avenida Pedro de Valdivia. Obligado al encierro por un insidioso dolor en los huesos de la pelvis que le impide caminar más de una cuadra, decide retomar su viejo proyecto de escribir, contando la historia de un hotel barato cercano a la plaza Brasil, el Palermo, que funciona en lo que alguna vez fue una mansión familiar construida en 1927 gracias al auge salitrero.

Junto a una taza de café, encendiendo un cigarrillo y luego otro en una heladería del Drugstore, Germán Marín (Santiago, 1934) admite que el narrador tiene muchos rasgos de su vida actual. "Es un dolor bastante ladilla, porque me siento y se quita, pero vuelvo a caminar y regresa", declara. "He visto médicos, pero me hablan de operación y yo no quiero. Ya estoy viejo, prefiero seguir así. Esto ha modificado bastante mi estilo de vida. Además tengo problemas bronquiales y los médicos me han insistido en que la diferencia entre calor y frío hace mucho daño, entonces me prohibieron terminantemente salir de noche. Ahora dedico más tiempo a escribir".

Marín suele caminar por los alrededores del departamento donde vive con su esposa. Se pasa el día leyendo, escribiendo, viendo películas antiguas y regando una jardinera con flores que ha comenzado a cultivar. Hasta hace unos meses, visitaba un café que ya no frecuenta porque cambió de dueños. Allí se encontraba, a veces, con el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, "el último liberal manchesteriano", como lo llama en la novela. También charlaba con la señorita Violeta: una mujer afectada de cifosis y enanismo, parienta lejana de José Donoso y lectora de revistas del corazón. "Viéndonos transitar luego cerca de la plaza, ella en su silla de ruedas, empujada por mí, medio derrengado a la zaga, conformábamos bajo el brillo de la mañana un espectáculo en carne y hueso del deterioro", escribe el narrador de Adiciones palermitanas .

El título, según cuenta Marín, nació casi al comenzar el original, al establecer que desarrollaría la vida de algunos inquilinos permanentes del hotel: mosaico, más o menos alegórico, de cierta clase media venida a menos. Otros huéspedes proceden aun de más abajo, como por ejemplo un ventrílocuo, una vieja gloria del boxeo y un fotógrafo de la Plaza de Armas convertido en retratista de aspirantes a vedettes . "De ahí que ante esta suma de personajes se me ocurrió la palabra adición en el título, agregado al nombre del hotel cuyo dueño era italiano", dice el autor.

Suya fue también la idea de la portada: la foto invertida de una casona del barrio Brasil -tomada por Álvaro Hoppe- a la que el diseñador agregó en la parte inferior de la tapa un cielo apenas cruzado por las nubes. "El narrador de la novela escribe un libro en el que la realidad vence a la imaginación", explica Marín. Ambos planos se alternan, en Adiciones palermitanas , en dos series de capítulos: una de ellas, la que corresponde a las circunstancias de su narrador, impresa en letra cursiva. La otra, en redonda, se explaya sobre los personajes que habitan el Palermo enfocándose en la figura de su administrador. Sin embargo, en cierto punto del relato, la serie se trastoca.

"Me di cuenta de que tenía que diferenciar tipográficamente los capítulos", explica Marín. "Estos últimos años he estado a veces, simultáneamente, con dos libros, cosa que me ha traído problemas, sobre todo por la pérdida de memoria, que me influye en la vida cotidiana, mi vida familiar, pero también cuando estoy escribiendo. Debo tener mucho cuidado con lo que hago, porque de repente se me pasan cosas de un libro al otro. Hay que ser muy ordenado".

A la entrada del Palermo, su dueño pone dos espejos usados, "manchados de ocre", que hace a cada persona que se refleja en ellos doblemente real. "Un detalle tal vez a tomar en cuenta", desliza el narrador. Un verso de Alberto Girri, puesto como epígrafe de Adiciones palermitanas , refuerza esta idea: "Parte de que todo es uno". Marín lo tomó de una antología del poeta y traductor argentino. "Todo es uno. Imaginación y realidad a la vez. Yo creo que muchas veces conforman un solo cuerpo", dice Marín.

-¿Por qué eligió el barrio Brasil como emplazamiento del hotel Palermo?

-Pertenece al centro viejo de Santiago. Desde Amunátegui hacia el poniente de inmediato baja el tono del ruido, pero también el tono de la arquitectura y todo empieza a ser más pobre. Me resistí a visitar ese sector mientras escribía el libro, porque preferí mantener el recuerdo que conservo de la plaza Brasil. Ser más fidedigno con el recuerdo que con la realidad misma. Temí que podía sufrir un schock , en el sentido de que no fuera como el sector que describo. En verdad es un barrio que yo conozco, porque unos parientes míos, cuando eran pobres, tenían un almacén en la calle Almirante Barroso. Después lo vendieron y compraron una tienda en Pedro de Valdivia con Providencia.

El narrador de la novela se declara parte de " las últimas voces de una historia que se extingue y que, según parece, declina sin otro contenido como herencia que su riqueza cultural y el horror político de haber desatado dos guerras mundiales, junto, además, a unas abominables dictaduras en América Latina ". Al igual que él, Marín se considera un sobreviviente. "Pertenezco a una generación que está en vía de desaparecer, también desde el punto de vista cultural. Han cambiado los modos, las modas. Es otro el mundo. Pertenezco a una generación que se formó con la máquina de escribir. La tecnología avanzó. Yo me quedé. A lo mejor la literatura también ha avanzado y yo me quedé. Uno se va quedando, físicamente, espiritualmente, atrás. En el pasado".

Próximas novelas

El sello independiente Lectura Ediciones publicará, más adelante, su primera novela, Fuegos artificiales (1973), censurada tras el golpe de Estado. El próximo año, en Seix Barral aparecerá Tal vez sí, tal vez no . "La escribí hace 18 años y la guardé pensando que nunca la iba a publicar porque era contradictoria con todo lo que estaba escribiendo entonces. La descubrí hace como un año y me llamó la atención, porque es irónica y tiene algo distinto a todo lo que he hecho. Es un libro, digamos, familiar, donde el personaje principal es la abuela o la nonna , como dicen los italianos", explica.

De vez en cuando, mientras habla, Marín echa un vistazo a una libreta escrita con letra pequeña y apretada que tiene sobre la mesa. "La traje porque es lo que avancé ayer en la tarde y quería verlo de nuevo. Es la novela que estoy terminando. Se titula 'Póstumo y Sospecha'. Va a tener unas cien páginas", estima. Se llama así por los nombres de sus dos personajes. "Son muy distintos. Póstumo ha sido agente de la CNI, lo dan de baja cuando termina el régimen militar. Sospecha es un chico al que echan del colegio y luego se va de su casa. La vida junta a estos personajes. Se conocen en un salón de billar. En una época había muchos en el centro. Ahora solo hay en los barrios. Frente al Bim Bam Bum, en la Galería España, quedaba el Manila. Al lado estaba el bar Saint-Léger, al que íbamos mucho con Raúl Ruiz", se acuerda.

-¿No ha pensado en escribir sus memorias? Supongo que se lo han dicho.

-Sí, pero no, porque se me atraviesa la imaginación. No deja de tener cierta sensatez propia el tema de Adiciones palermitanas , porque se me cruza lo real y lo imaginario constantemente. Yo no sería capaz de diferenciarlo.

-¿Y la idea de escribir un relato sobre la "vida airada" en los desaparecidos prostíbulos de Santiago, como especula el narrador de la novela?

-Siempre lo he pensado. Sobre todo por ciertos personajes curiosos, como la Nena del Banjo, asesinada por su amante. Me gusta mucho su nombre. Pero no creo que entre en ese tema. Lo que me interesa ahora es lo que estoy haciendo, porque tengo menos fuerza que antes y me canso. Trato de escribir en la mañana y en la tarde retomo lo escrito para revisarlo. No es mucho más lo que avanzo. Es por la edad, yo creo, pero también hay algo más. Un desánimo que no es producto del agotamiento físico, sino del no importa. Todo me empieza a dar lo mismo, desilusionado un poco.

-¿De qué?

-De mi contexto. De todo. Esta reducción que he hecho de mi vida yo creo que me ha llevado a preocuparme más de mi familia, de los hijos, de mi nietas, en fin, y a despreocuparme un poco de lo que me rodea. Incluso me he puesto mucho más selectivo en mis lecturas. Si empiezo un libro y no me agrada, lo dejo. No es como antes, que llegaba hasta el final.

 


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Foto:FERNANDO HERRERA

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