Para anglófilos

"Funny Girl" se construye en torno al fenómeno mediático más importante antes del advenimiento de internet, la televisión.  

Por Camilo Marks 

Si aún es una materia para ser dilucidada por los historiadores, indudablemente la década de los 60 fue una época de profundos cambios en todo el mundo, empezando, como siempre, en los países europeos y en Norteamérica para diseminarse por el resto del planeta, con efectos que perduran en las costumbres, la moda, la música y por supuesto, la literatura. Funny Girl , la última novela de Nick Hornby, intenta reflejar un aspecto de esta revolución a través de un medio y unos actores muy específicos, pero quizá debido a eso mismo -la fijación en las personalidades y los hechos de un grupo prototípico y estereotipado- solo consigue a medias sus propósitos. A esto hay que agregar que si bien la narración puede resultar en oportunidades entretenida, ya a partir de la mitad comienza a cansar por la repetición incesante de los mismos clichés y, sobre todo, por el carácter provinciano en la perspectiva del autor. Sí, porque aunque la acción transcurra en Londres, una ciudad cosmopolita que vio emerger a los Beatles, los Rolling Stones, la minifalda, el op-art, la supresión de tabúes sexuales, nada de eso queda en la mente tras terminar de leer Funny Girl .

Bárbara Parker, la protagonista, es elegida Miss Blackpool en un concurso celebrado en esa ciudad costera del norte de Inglaterra. De inmediato, se da cuenta de que no va a obtener nada con ese título, de modo que parte a la capital con una mano por delante y la otra por detrás. Pese a poseer una belleza deslumbrante, una inteligencia aguda y un inagotable sentido del humor, sus inicios distan de ser promisorios. Así, trabaja por un tiempo en el departamento de cosméticos de una gran tienda y gracias a su físico y la casualidad, coge al vuelo la mirada de un cazatalentos que le sugiere cambiarse el nombre por el de Sophie Straw. Entonces se presenta a un casting de la BBC y se convierte en la heroína de una teleserie cómica sobre las vicisitudes de un matrimonio joven que logra, de la noche a la mañana, audiencias de millones de espectadores.

En adelante, Funny Girl pasa a describir, en forma minuciosa, nimia, obsesiva, las vidas y milagros de cuantos participan en esta hazaña de la pantalla chica, que según se nos dice, por primera vez trata temas arriesgados, en un lenguaje moderno y de la calle, sin la artificiosidad que prevalecía en las producciones anteriores del canal estatal británico, supuestamente empantanado en lo serio, lo discursivo, lo pomposo. Todo esto es, por cierto, harto relativo, ya que cualquier asunto espinudo es abordado mediante subentendidos y retorcidas alusiones. Tras el debut de Bárbara/Sophie, las partes del libro se llaman "La primera serie", "La segunda serie", "La tercera serie" y así, sucesivamente. De esta manera y sin que al principio nos demos cuenta, Funny Girl gradual y desembozadamente deviene una defensa cerrada o una propaganda sin matices de la entretención por la entretención, de pasarlo bien en lugar de amargarse la vida con guerras y catástrofes o de reírse con ganas en vez de aburrirse con programas densos y sesudos. En este sentido, Hornby es por completo honesto, lo que debe agradecerse.

Funny Girl se construye, pues, en torno al fenómeno mediático más importante antes del advenimiento de internet y en unos años en que todavía estábamos en pañales con respecto al desarrollo de esa manifestación de la cultura popular. Con seguridad, muchos nostálgicos disfrutarán mientras siguen esta narración que por momentos es sentimental y graciosa, sin perjuicio de que a la larga se exprese en un texto bastante satisfecho, que raya en lo empalagoso.

Hornby, huelga decirlo, conoce a fondo los tejemanejes alrededor de la caja idiota y se sabe al dedillo cuanto acontece al interior del gigante de las comunicaciones que es la BBC. Así, nos proporciona información que a veces es interesante y otras veces banal. Y lo hace en virtud de una cadena de personajes, todos sofisticados, penetrantes, mordaces, que se parecen entre sí hasta el punto de lo intercambiable. Su recurso principal es el diálogo y prácticamente todo el volumen descansa en él. De nuevo, es preciso decir que en ocasiones son chispeantes, si bien, a la larga, tanto ingenio o mejor dicho tanto esfuerzo por ser ingenioso es contraproducente. Hornby está lejos de ser un Óscar Wilde, una Jane Austen o alguno de los eximios practicantes de la sutileza prosística, la paradoja, el tono epigramático. Como sea, los anglófilos estarán de pláceme ante Funny Girl y el resto apreciará la recreación del swinging London ya sumido en el pasado.

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Funny Girl Nick Hornby Editorial Anagrama, Barcelona, 401 páginas, $21.090. Novela
Funny Girl Nick Hornby Editorial Anagrama, Barcelona, 401 páginas, $21.090. Novela


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