FALLECIMIENTO Su legado teatral:
La nitidez de la dramaturgia de Egon Wolff

Egon Wolff fue siempre muy consciente de su oficio y de su responsabilidad social. Construía sus obras con gran rigor. Confiaba en su intuición para captar los problemas, pero en la escritura misma no dejaba nada al azar.  

Agustín Letelier 

Este año nos persigue un sino de desgracia. No alcanzamos a reponernos por la partida de Luis Rivano y Juan Radrigán, y ahora, el miércoles en la noche, el pesar nos golpea otra vez, se nos va Egon Wolff (1926-2016).

Desde hace años vivía relativamente retirado del teatro, en su parcela de Calera de Tango. Su capacidad para ver lo que no está a primera vista y su sentido de la belleza se habían volcado hacia la pintura. Las imágenes de los pueblos que había visitado en Europa y los paisajes que lo rodeaban los trasladaba a sus acuarelas. Mientras lo hacía seguía imaginando personajes e historias que nos permiten comprender mejor lo que somos.

Hace muy poco, en 1914, la editorial Ril publicó cinco "Nuevas obras de Egon Wolff", entre las que están "Papá gorrión", que había sido presentada el año 2011; "Retorno a Comahue", que es su propia versión teatral de una teleserie que escribió para Canal 13 hacia 1992 y que se llamó "La Extranjera". Una de las obras que más quería de ese libro es "Entendiendo a Tito", en la que, como siempre, mira con cariño y comprensión a los más indefensos.

Lo que proyectó con más fuerza a Egon Wolff al plano internacional es su trilogía social, compuesta por "Los Invasores", "Flores de Papel" y "La Balsa de la Medusa". Premonitoria fue "Los Invasores"; innovadora en su estructura dramática fue "Flores de Papel", y feroz en su crítica a las clases dirigentes es "La Balsa de la Medusa".

"Los Invasores" fue premonitoria, porque en 1963 presentó una situación que pareció insólita, pero en 1971 se percibió como una posibilidad real. ¿Cómo pudo preverlo ocho años antes? Él respondía que con solo observar la incapacidad de las clases dirigentes para solucionar los problemas, y con captar los signos que se advertían en los movimientos sociales, era claro que llegarían a una forma de enfrentamiento.

"Flores de papel" fue construida con los principios artaudianos del lenguaje de la escena, y con el recurso de la proliferación que empleaba Ionesco; la escena se inunda gradualmente con flores hechas de papel de diario. La obra tiene una eficacia visual que sobrepasa a la de las palabras. Presenta las consecuencias humanas que trae la profunda división de clases. No fue comprendida en ese momento; fue un rotundo fracaso que dejó a Egon Wolff varios años sin volver a escribir teatro, pero luego se comprendió mejor su significado y hoy es internacionalmente considerada la mejor y más innovadora de sus obras.

"La Balsa de la Medusa" es, probablemente, su obra más radical. Fue escrita en 1984, cuando las clases adineradas ya se habían repuesto del susto que pasaron durante el gobierno de la Unidad Popular, cuando habían retomado el control de la sociedad. Egon Wolff les dice que no han entendido nada, que continúan encerradas en sus fiestas, en sus orgullos superficiales y en la incapacidad para efectuar los cambios indispensables. La obra hace patente un principio de Egon Wolff: toda acción política, aunque sea apropiada, no dará reales resultados sin un cambio profundo en las personas.

Un segundo sector de su dramaturgia, que tiene gran relevancia, es el que presenta los problemas al interior de las familias. La calidez humana con que afronta estos problemas está en relación con otra de sus convicciones: los verdaderos cambios morales y los mayores dolores o satisfacciones se dan en la interacción dentro de la familia. "Espejismos", "Álamos en la azotea", "Háblame de Laura", "José", "Parejas de Trapo" son obras que llevan a una mejor comprensión de lo que realmente somos en nuestro interior.

De entre los muchos rasgos de su poética, destaco la gradualidad. Es un procedimiento central en su dramaturgia. En forma casi imperceptible va produciendo mínimos cambios, va colocando pequeños elementos de intensificación que nos llevan desde situaciones que percibimos al comienzo como absolutamente normales a climas finales insoportables, que agobian y obligan a pensar. Él y Harold Pinter son los grandes maestros de la gradualidad en el desarrollo de los conflictos.

Egon Wolff fue siempre muy consciente de su oficio y de su responsabilidad social. Construía sus obras con gran rigor. Confiaba en su intuición para captar los problemas, pero en la escritura misma no dejaba nada al azar, todo tenía un sentido y escogía cuidadosamente cada palabra. Sus textos pueden interpretarse de distintas maneras, pero el cuidado por su ritmo interior y la función que tiene cada personaje deben respetarse. Su obra sobresale nítida, maciza por sobre el follaje de la dramaturgia nacional.

 


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El dramaturgo chileno fue premio nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales.
El dramaturgo chileno fue premio nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales.
Foto:Macarena Pérez


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