Ganarse la vida en nuevos oficios

Nicolás Luco 

A veces me resuena el silbato de un afilador de cuchillos, personaje de mi infancia. Está ahí, en la niebla de mi memoria.

¿Qué se harían el soldador de bacinicas, el arreador de pavos, el estirador de somieres?

Hasta el sábado, en el Festival Internacional de Innovación Social, FIIS 2016, en Santiago, vi nuevos oficios. Presencié otro salto más hacia el futuro; nuevas gentes.

Conocí a Payo, muralista. Interviene la ciudad. Por ejemplo, con su gente, les pegó un subtítulo a miles de discos "PARE" para que se leyeran "PARE POR FAVOR". O con vecinos pinta murales o bien casas enteras que los representan. Nueva profesión. Su recompensa: la alegría que causa.

(Payo anunció que, desde mañana martes y hasta el domingo, Santiago vivirá el festival "Hecho en casa" y llegarán artistas internacionales a intervenir la ciudad con obras gigantescas.)

Pablo Vera, psicólogo, investigador de la USACh, diseña sensores para medir la felicidad y el bienestar en las ciudades. Con los datos, propondrá cambios; por ejemplo, el color del pavimento de las ciclovías podría ser científicamente más placentero.

Leonardo Maldonado, arquitecto, agente de innovación por más de diez años, mostró su libro "Ecosistemas abiertos". Ahí descarta planificar el desarrollo como una secuencia controlable de acciones. Para el desarrollo hay que innovar, aventurarse en lo inesperado.

Hay algo nuevo en la mirada de Leonardo: pide velocidad, apuesta a la tecnología y a las personas. Desarrolla un estilo más de un biólogo que de un ingeniero. Para ganar una carrera -como el desarrollo del país- pide fijarse en el jinete, no en el caballo.

Sebastián Cantuarias, en medio de esta sociedad estandarizada, robustece los encuentros cara a cara, los territorios. Sin abjurar de la internet, prefiere el contacto, como el del almacenero con su barrio, antes que el del mall con su público. Trabaja motivando comunidades.

Brotan nuevas miradas. Una charla se llamaba "Cómo entender la era del skip add ". No entré. Otra: "Eres lo que comes".

¡Gente trabaja en eso! Hablaron 70 personas.

Son tareas que un robot no podría hacer; no pueden automatizarse, posibles en una sociedad más compleja.

La complejidad lleva a la automatización, a la inteligencia artificial, que cambiarán el panorama.

(Uber mostró el mes pasado un camión de 18 ruedas que anduvo 207 kilómetros para entregar 50 mil latas de cerveza... sin chofer.)

Me ronda la amenaza del profesor Ricardo San Martín, cuando pidió sumarse a innovar en tecnología en este diario el miércoles pasado: "La revolución tecnológica traerá más desempleo y más desigualdad".

Hay un lugar para la automatización, la inteligencia artificial, los trabajadores robot. Y hay un lugar para los humanos, como los que acabo de conocer. Mis nietos trabajarán en los dos frentes.

 


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