Reunió a 25 mil personas:
Termina otra vibrante versión del Festival Puerto de Ideas

Un monumental efecto dominó en la Plaza Sotomayor, y conversaciones en torno a la ética y a la violencia, cerraron la fiesta porteña.  

Daniela Silva Astorga Desde Valparaíso 

En uno de sus días decisivos como reportero en la Franja de Gaza se salvó por poco de ser lapidado. Fue hace 30 años. Pero venía más. Pronto, Jon Lee Anderson (1957) fue usado como escudo humano en el techo de una mezquita. Y tiempo después, un musulmán que creía su amigo, le advirtió que eventualmente él podría deber ajusticiarlo: "Ese encuentro me dolió y ensombreció. Entendí que (en ese escenario) tendría que matarlo antes de que él a mí. ¡Matar por sobrevivencia o filosofía!", recordó el periodista.

Más de 350 personas colmaron ayer el Auditorio Libertad de la UPLA. Ahí, Anderson, autor de libros como "La caída de Bagdad", se explayó sobre la relación entre credo y violencia. Lo hizo a punta de anécdotas -de fondo brutal- de sus largas investigaciones que igualmente se inmiscuyen en las raíces y en las contradicciones de los conflictos históricos de América Latina, Medio Oriente y África, y también en ciertos íconos políticos, como el Che Guevara.

La jornada de cierre de Puerto de Ideas contó con una arista importante de reflexión en torno a conceptos punzantes, como la violencia y la ética. Sobre lo último dialogaron, con complicidad y humor, la filósofa Adela Cortina (1947) y Agustín Squella (1944). Su charla se llamaba "Ética sin vergüenza", pero, de entrada, ella aseguró que prefería cambiar el bochorno por conciencia. "Los que han venido es porque quieren mejorar el mundo", lanzó la española.

De ahí, ambos intercambiaron ideas en torno al poco pudor que hoy existe tras faltar a la ética, a qué pasa cuando alguien manipula las emociones del otro, y a la necesidad de ir situando el foco hacia una sensibilidad ética biocéntrica, más que solo antropocéntrica. "El respeto a los animales, creo, debe formar parte de una ética laica", sumó Cortina.

Algo de ética contempló también la exposición de Gordon McMullan (1962), quien el sábado repasó episodios históricos de recuerdo, pero más de omisiones, frente a la figura de Shakespeare. Citó el libro que, en 1916, publicó Israel Gollancz, con diversísimos textos sobre el autor de "Hamlet", y apuntó al de Carlos Silva Vildósola, que situaba a Shakespeare a nivel de Cervantes, aunque el primero era mucho menos atractivo frente al aventurero. "El recuerdo siempre está determinado por el contexto, por lo que se busca al recordar", aseguró el experto.

Unas 25 mil personas participaron en este Puerto de Ideas, que ayer al mediodía presentó una instalación artística comunitaria que provocó, con algo de ayuda humana, un gran efecto dominó en la Plaza Sotomayor. "Me impresiona mucho el entusiasmo del público y de nuestros invitados por ir construyendo este festival. Me motiva esa energía positiva", remató su directora, Chantal Signorio.

 


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Una vista de Gran dominó. La intervención artística de Gaad Baytelman se construyó por manos comunitarias y con objetos en desuso.
Una vista de "Gran dominó". La intervención artística de Gaad Baytelman se construyó por manos comunitarias y con objetos en desuso.
Foto:Sebastián Cisternas / Aton Chile


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