Entrevista Publica su décimo volumen de cuentos
Carlos Iturra: "Yo saqueo la realidad"

Veintitrés relatos componen La duración promedio del presente , el nuevo libro de este escritor atípico, formado en la filosofía y de pensamiento ecléctico.  

María Teresa Cárdenas 

"Una de las maravillas que tiene el ser escritor es cómo complementan los lectores lo que uno ha escrito", dice Carlos Iturra (Santiago, 1956). Y asegura que no fue un proyecto consciente el hecho de que en la mayoría de los cuentos reunidos en La duración promedio del presente (Catalonia) aparecieran el deterioro y la vejez, a veces como tema principal y otras casi como un "cameo". "Pero me hace perfecto sentido -señala-, porque lo reconozco como una de mis preocupaciones: el sentimiento de tantas cosas que no se hicieron y que ya no se van a hacer; de tantas cosas que no se lograron y ya no se van a lograr; el sentimiento de que tú, por dentro, te sigues sintiendo de 21. Hasta que te cruzas con el espejo o con alguien de 21 que te dice, 'señor, ¿me podría decir la hora?'".

"El cuento es un fin en sí mismo"

Autor de 10 volúmenes de cuentos -como Pretérito presente , Paisaje masculino , Crimen y perdón -, uno de aforismos y de la novela Por arte de magia , Carlos Iturra fue uno de los precursores de la nueva narrativa, con la publicación, en 1987, de Otros cuentos . Y es precisamente a este género al que le ha dedicado sus mayores esfuerzos. "Un amigo me dijo hace mucho tiempo, 'tú podrías esmerarte, ya que te gusta tanto el cuento, en ser el mejor cuentista'. Y durante muchos años pensé que hacer cualquier otra cosa era distraerme de ese propósito", reconoce.

Y agrega: "Según Horacio Quiroga, un cuento es una novela depurada de ripios. Así y todo, he incurrido en el ripio, no solo por la novela que tengo publicada, sino por otras que espero publicar y por la que ya estoy corrigiendo. Sé que hay autores y lectores para quienes el cuento es una especie de preparatoria para la novela, pero no es mi caso. Yo lo considero uno de los géneros nucleares de la ficción, con perfecta autonomía y sin necesidad alguna de constituirse en antesala de nada. Es un fin en sí mismo. Borges, Mansfield, Chéjov, Karen Blixen, O'Henry, Lillo, Babel, Bukowski y otros grandes escritores se conformaron con escribir cuentos. Y no por eso algunos de ellos, como Borges, dejaron de modificar la historia de la literatura".

Entre paredes tapizadas de libros y la música de Debussy de fondo, Iturra se declara "horrorizado y apesadumbrado con el triunfo de Trump", y dice que esta vez "estaba al cien por ciento con Hillary, como estuve con Segolene Royal frente a Sarkozy en Francia". Pero no lo considera parte de sus contradicciones, "que por cierto las tengo, sino una de las ventajas de ser independiente: sin ideología ni partido, me siento completamente libre de elegir en cada caso y tema la opción que me parece mejor, al margen del lado en que estén. Armo mi propio mosaico y se compone de piezas de cualquier color. Salvo del comunismo, que, como decía Borges, aborrezco".

El tiempo, la memoria, el humor, los afectos y una mirada aguda sobre el ser humano están presentes en los 23 relatos que conforman La duración promedio del presente y que -como en libros anteriores- dan cuenta de su formación en filosofía. "Absolutamente -reafirma-. Leo mucha filosofía, y creo que cuando la inteligencia humana se juega a su suprema capacidad es en el ejercicio de la metafísica, de la filosofía, de la poesía, de la literatura, de la música".

Pero aclara: "Si bien estoy tremendamente influido por el pensamiento filosófico, soy un lector maniático de literatura y hay pocos clásicos importantes que no haya leído. Soy un reverente admirador del pensamiento filosófico, pero soy escritor y lo mío no va por ese lado. Y por otra parte, mi acercamiento es, desde luego, a los problemas esenciales de la filosofía, pero también a su historia. En la filosofía no hay progreso, como tampoco en el arte: no puedes decir que Platón está obsoleto, ni que Lyotard es superior a Aristóteles. Entonces tengo más ese interés en conocer las interpretaciones del mundo que en adherirme a una escuela determinada. Últimamente, el que me hace más sentido, entre otras razones porque escribe maravillosamente, es Schopenhauer, pero soy un ecléctico. Como lo soy en otras materias.

-¿Qué valor le da a la compasión, que está presente en varios de sus cuentos?

-Veo una doble raíz en el "recurso" de la compasión. La literaria, es que ayuda a lograr uno de los más difíciles y a la vez nobles efectos de la literatura, el de causar la emoción del lector. Creo que a Lafourcade le oí una vez que el escritor debe amar a sus personajes: conviene ser compasivo con algunos de ellos, y que algunos de ellos lo sean con otros. En ciertos cuentos míos, ahí está incluso su clave. Y otra, filosófica, o ética: Schopenhauer, que en este punto me convence del todo, considera la compasión el sentimiento moral por excelencia para con nuestros semejantes. En cuanto se asimila que el otro es el mismo fenómeno que uno y que la misma voluntad de vivir constituye la esencia de todas las cosas, uno "se abstiene de atormentar a las mismas bestias", y com-padece a todo lo que sufre. Para quien se desilusiona de la caridad cristiana, la compasión es un reemplazo supremo, y necesario. Cierta moda actual, abusando de personajes desalmados, desconsiderados, crueles, groseros, desdeña las más altas posibilidades de la literatura, y a veces también implica incapacidad de "hacer el bien", o de "hacerlo bien", sin matices...

Sobre el origen de estos cuentos, en los que recorre temáticas como el arribismo, la pobreza, la homosexualidad, el desencuentro entre padres e hijos, la soledad..., señala: "Yo saqueo la realidad, la de mis amigos, sin echar nunca al agua a nadie, porque eso sería una bellaquería, y me saqueo a mí mismo, también. Yo pensaba que eso era una especie de empobrecimiento, y he terminado por darme cuenta de que la gran cantera de la literatura es la realidad. El punto está en que la realidad la encuentras como una barra de cobre, que por sí misma no es un cuento ni es una novela ni es literatura ni es arte, pero tú la tomas y te das cuenta de que se presta para algo, y la tuerces, la moldeas y haces algo con ella.

Solo en un par de cuentos toca temas políticos. Uno de ellos es "El poeta fascista". "Hay situaciones políticas que son universales; aquí hice una mixtura, que es otra 'técnica', por llamarla así, que uso de repente. Lo que me interesaba era el conflicto que podía haber llegado a tener ese hombre que lo mató por ser un enemigo político y que a pesar suyo había admirado sus poemas, al punto de que algunos se le habían quedado en la memoria. El caso que tuve en mente fue el de Giovanni Gentile, asesinado a fines de la Segunda Guerra Mundial. Un gran filósofo, idealista, hegeliano, pero que estaba con Mussolini. Pero bueno, en la propia Italia de Mussolini estaba el gran Ezra Pound.

-¿Qué consecuencias ha tenido para usted haber sido partidario de Pinochet y amigo de Mariana Callejas?

-La primera vez que supe de ella fue cuando ganó el concurso de cuentos de "El Mercurio". Yo leí "Conoce usted a Bobby Ackerman" y me maravilló; hasta el día de hoy lo leo y me conmueve. Ahora, yo viví la Unidad Popular y me pareció una época deplorable, una época catastrófica para el país y la mejor prueba es que terminó en catástrofe. A continuación, vino un apoyo generalizado. Y no he encontrado motivos ni en uno ni en otro tema para modificar sustancialmente mis opiniones, independientemente de que ninguna persona con dos dedos de frente y una gota de sangre en el corazón puede apoyar crímenes, sobra decirlo. No encontré nunca una razón para quitarle mi amistad a la Mariana Callejas, que había sido una magnífica amiga. No sé, yo lo único que sentí fue que estaba en dificultades y que más que nunca necesitaba que yo fuera su amigo. Ahora, que esto me haya producido problemas... ninguno puntual, que yo sepa. Sí pienso que de no ser por eso yo tendría un reconocimiento mucho mayor por mi obra.

-Pero ha tenido premios y buena crítica.

-Sí, y me siento muy contento porque muchos de esos reconocimientos han provenido de gente que no piensa como yo y, sin embargo, ha tenido el valor, la honestidad, de ser generosa conmigo, aunque muchos de sus correligionarios me hacen la cruz. Cuando te encuentras personas así las valoras doblemente. Pero a algo a lo que yo no me rebajaría es a usar la literatura para hacer proselitismo político. No le reconozco a un autor otro derecho que el de escribir bien y el de complacerme con una buena escritura y una buena historia. No le reconozco el derecho de que me dé lecciones de nada, ni de cómo debo pensar ni de lo que debo creer. No. Para eso no le reconozco autoridad ni siento yo tenerla, por supuesto.

 


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Carlos Iturra está corrigiendo una de sus novelas inéditas.
Carlos Iturra está corrigiendo una de sus novelas inéditas.
Foto:Héctor Flores

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