Empate cero a cero y game over

Lo que pasa es que este gobierno en el fondo se acabó. Ahora seguimos con el vuelo, confiando en que igual llegaremos a la otra orilla.  

 

Fome, como sentarse a ver una puesta de sol con Eduardo Frei. Como un choque de globos. Como un perfil de WhatsApp sin foto. Como chupar un clavo. Como un acuario de ostras. Como las corbatas de Ricardo Lagos. Como un chiste de Sebastián Piñera. Como un discurso de Alejandro Guillier.

Así fue el cambio de gabinete del viernes. Como un empate a cero. Nadie ganó, nadie perdió mucho.

Fue un cambio de gabinete frugal, minimalista. Como esos platos sofisticados de cocina contemporánea. Como una "Espuma de choripán", servida en una cucharita de café.

¿Por qué la Presidenta Bachelet hace este cambio de gabinete como de mala gana, a última hora y apurada, cuando tenía una posibilidad estupenda de hacer algo mayor, más potente, que volviera a vigorizar su gobierno?

¿Se cansó la Presidenta? ¿Se aburrió de gobernar? ¿Se cabreó?

¿O será que se hizo carne en ella la profecía de Moisés Naím, de que es "El fin del poder"? En su libro, el venezolano explica cómo vivimos una época en que los poderosos ya no pueden ocupar su poder como antes: lo perdieron en manos de micropoderes que abundan en la sociedad actual.

Pero el caso de la Presidenta Bachelet parece ser distinto. Porque no es que ella no tenga poder. Lo que pasa es que al parecer no quiere usarlo.

Esta semana pudo haber hecho un cambio de gabinete atómico. Pudo instalar en La Moneda a gente potente, de primera línea y socialistas como ella. José Miguel Insulza se le insinuó por la prensa y no se habría negado. Todo el mundo sabe que Camilo Escalona no le habría hecho asco (ha sido de todo menos ministro y esta pudo ser su última oportunidad). Son solo dos ejemplos de figuras que le habrían dado otro vuelo a lo que queda de su gobierno, que son nada menos que 16 meses. Piensen en esas 64 laaaargas semanas en las que tendrá que gobernar.

Puede ser demasiado tiempo, como una tarde de verano en provincia cuando no hay ni mar ni un río cerca.

Me temo que lo que vimos el viernes en La Moneda será una metáfora de lo que viene hasta el 11 de marzo de 2018. Una larga lata donde veremos pasar los días uno tras otro como un perro de estación de trenes: no espera nada ni a nadie, pero no puede evitar mirar con ojos indiferentes todo lo que viene y va.

Es que, ¿les digo algo? Lo que pasa es que este gobierno en el fondo se acabó. Game over . Ahora seguimos con el vuelo, confiando en que igual llegaremos a la otra orilla. Mi tesis es que este gobierno empezó a expirar cuando Rodrigo Peñailillo se marchó. Ese día algo se quebró en Palacio y nadie lo pudo reparar.

Ahora, si le damos una vuelta a todo esto, comprenderemos que lo que está pasando es, también, una demostración de poder de la Presidenta Bachelet.

¿Cómo?

Ella es la Jefa del Estado en un país presidencialista como el nuestro. No hay duda de que conserva mucho poder: incluso el poder para decidir no ejercer el poder.

 


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