Orlando Sáenz derriba mitos y rompe códigos secretos de los personajes del pasado reciente: "Testigo privilegiado"

Presidente de la Sofofa durante la UP, colaborador primero y luego tenaz opositor al régimen militar, lanza un libro sorprendente.  

 

"Todo cuanto aquí se dice es estrictamente verdadero; de eso doy fe".

Con esta declaración de principios partió nuestra charla con Orlando Sáenz Rojas a propósito de su libro "Testigo privilegiado" , que estará en librerías la próxima semana. La salvedad no está de más, ya que la suma de "anécdotas, curiosidades, revelaciones, indiscreciones y peripecias" -como llama a los episodios que relata- a ratos más parecen fantasía... por lo inauditos, y porque ponen en el tablero a los personajes más, más, conocidos del pasado reciente, en muchas situaciones que hasta hoy permanecieron de alguna manera "secretas".

Toda historia tiene su trasfondo; toda historia tiene más de una mirada; hay "explicaciones" para muchos acontecimientos, que solo se pueden revelar y comprender pasados los años. Y en eso consiste la riqueza de este relato de Sáenz.

"Yo he sido un testigo, no un actor de los acontecimientos... Digamos que durante mi vida entera me ha tocado estar parado ahí donde pasa la micro", trata de precisar con sencillez y humor.

Eso sí que no es totalmente exacto, porque Orlando Sáenz fue protagonista absoluto de primera línea, en la oposición al gobierno de la Unidad Popular desde la presidencia de la Sofofa; luego fue asesor económico con cargo de ministro en el primer tiempo del gobierno militar... hasta convertirse en un opositor que disparaba desde la prensa, y también fue líder en la recuperación de la democracia, al encabezar a los Profesionales por el No.

Aun así, tiene razón cuando sostiene que el azar ha tenido mucho que ver en su vida y en encuentros como los que le permitieron conocer e interactuar con personajes como Salvador Allende y Augusto Pinochet; también Fidel Castro y George Bush; Carlos Prats y Jaime Guzmán; la mítica Payita, Miria Contreras, a quien conoció de muy joven...

"Y casi nunca la imagen pública de los personajes que he conocido ha coincidido con lo que yo he visto en ellos. Allende no era como lo pintan ahora, como lo creen ahora. Se convirtió en un mito... como Aquiles en la Ilíada; como Beatriz en la Divina Comedia... No quise irme 'para el otro lado' sin dejar estos testimonios".

-El episodio que me impresionó muchísimo fue su último encuentro con Allende a días del golpe...

Titula este capítulo "Carne de estatuas", porque al terminar esa audiencia en la casa de Tomás Moro, en que el Presidente le pregunta si cree que los militares van a intervenir, cosa que Sáenz no le niega, Allende se queda callado, y luego le pone la mano sobre su brazo y le dice: " Está tocando carne de estatuas. Porque yo voy a tener estatuas no solo en Chile, sino que en muchas otras partes. Y esta será mi victoria final ".

También para Sáenz es este uno de los episodios más cargados de emoción.

"A mí me dejó helado, y fue tal cual lo anticipó. Allende se fijó en la historia. Nunca será olvidado. Fue muy terrible esa entrevista. A mí no me cabe duda de que, pese a su pregunta, él sabía que vendría el golpe; todos sabíamos que la tensión y los desbordes eran tales, que algo grave iba a pasar".

-Es sorprendente que en plena UP se reunieran clandestinamente muy de mañana el presidente de la Sofofa y el Presidente Allende. Y que no se supiera una palabra.

-Eso fue el primer período, cuando yo partí en la Sofofa en junio del 71. Tuvimos una relación caballerosa que duró tal vez unos 6 meses. Después se enojó mucho con un discurso mío y, como era él, tomó el teléfono y me llamó para decirme que estaba muy disgustado; que para él ese discurso era una subversión.

-Usted destaca muchas cualidades de Allende. Pero son características que tienen que ver mucho con su lado burgués, no revolucionario. No sé si a él le gustaría que se recuerde esa parte de su personalidad.

-Yo pienso que Allende creía que uno de sus atractivos era ser un "pituco" en un mundo proletario. Siempre me comentaba que el pueblo chileno no quería a los tontos graves.

El complot de Merino que casi lo dio de baja

-Dentro de los capítulos sorprendentes está la revelación de que el almirante Merino estuvo al filo de ser dado de baja como capitán de navío por el Presidente Frei Montalva. Si eso hubiera ocurrido, la historia se pudo haber escrito distinta.

-Eduardo Frei les salvó la vida a Merino y a Pinochet, los dos protagonistas del golpe. Don Eduardo jamás soñó lo que les iba a deparar el futuro a esas dos personas. Él quiso castigar a Merino cuando supo que -en su condición de secretario de la Junta de Almirantes-, había estado poniéndolos de acuerdo para cuestionar la lealtad de la Marina a su gobierno. El ministro de Defensa, Sergio Ossa, fue de la opinión de postergar su retiro "para mejor ocasión". " Cometí el error de no insistir ", me dijo Frei. En el caso de Pinochet, fue un tema de plazos. Y curiosamente eso me lo corroboró el propio afectado, que una vez me dice: " ¿Usted sabe que estuve a punto de irme para la casa". Y me contó lo mismo que me había contado Frei: " Me ascendieron a general a días de que venciera el plazo; de lo contrario, habría tenido que irme ". Don Eduardo sentía hasta cierto punto desprecio por Merino; para él era un personaje secundario y de poco peso. A Pinochet le puede haber tenido profunda desconfianza y hasta miedo.

-Y, usted que trabajaba con Merino, ¿cómo lo veía?

-Merino nunca fue un personaje de envergadura. No tenía estatura de gobernante. Era terco, suficiente, bueno para aparentar mando, aparentar facha. Cuando me retiré del gobierno, me llamó Pinochet; no quería que me fuera. Entonces me dijo: " Usted es muy impaciente, deje que yo tome el mando; por el momento las cosas económicas las maneja Merino, pero yo voy a ir tomando mando y las cosas que a usted le molestan las vamos a corregir ". Yo le expliqué que los motivos por los cuales me retiraba no solo tenían que ver con mi incomodidad por algunas cosas económicas, sino que mi principal problema era lo que sabía de lo que estaba pasando con la violación de los derechos humanos. Me respondió: "De eso no hablemos, porque ustedes los civiles no entienden que en las guerras hay bajas". Ahí yo le respondí: " General, eso puede ser cierto, que los civiles no entendemos de bajas, pero sí entendemos de crímenes; y cosas que han ocurrido, lo son ".

Vuskovic y Miguel Enríquez le ponían la piel de gallina

Para Orlando Sáenz, "entre los marxistas que rodeaban a Allende había solo dos verdaderamente de cuidado".

Y relata la anécdota notable que vivió con el líder del MIR, Miguel Enríquez.

Conversando en forma privada "en mi casa de Presidente Riesco, me impresionó mucho cuando, tras explicarme por qué era necesario destruir a la empresa privada para construir el Chile que quería, agregó: ' Me va a doler el día en que tengamos que eliminarte, pero eres demasiado peligroso' ".

"Vuskovic (ministro de Economía) era un tipo convencido y con gran nivel de conocimiento. Admirado hasta por sus adversarios que habían sido sus alumnos. Era un gran economista, un gran profesor, y sobre eso no hay dos opiniones. Una vez Allende me dijo: ' Yo creo que todo lo que está pasando es fruto del área social de la economía; la apropiación de empresas por parte del Gobierno es el meollo del problema '. Esa máquina la había montado Pedro Vuskovic. A Allende se le fue de las manos".

Cuenta que un día estaba tomando desayuno con Allende y le dijo: ' ayer expropiaron un circo '. Efectivamente, se lo habían tomado en la mañana, y en la tarde el Ministerio de Economía decretó que pasaba al área social. "El Presidente no lo podía creer".

Fidel Castro y su "magnetismo extraordinario"

-¿Por qué fue a dar a Cuba y cómo fue que se produjo la conversación de una noche entera con Fidel Castro?

-Yo estaba cumpliendo con mi contrato profesional de asesoría en negocios de la familia Said. Y me contacté con Cuba para venderles una maquinaria de una planta de rayón para su industria en Matanzas.

Partió con su reserva de hotel, pero al llegar a La Habana se le acerca un señor que dijo llamarse Antonio y que estaba a cargo de su visita.

"Me habían asignado una casa de huéspedes en el barrio El Vedado, un chalet típico de la burguesía anterior a la revolución, atendido por una pareja y con un automóvil con chofer a mi disposición. Todos los días íbamos a Matanzas".

La visita de Fidel, asegura, fue totalmente inesperada, la noche anterior a su partida de regreso a Santiago.

"A las 22 horas sonó el timbre del chalet y, al abrir, el personaje que se materializó en el umbral de la puerta fue nada menos que Fidel Castro acompañado por Manuel Piñeiro -el conocido comandante Barbarroja-. Fidel, muy cordial, me extendió la mano diciendo: ' Supe que estabas en La Habana y quise venir a saludarte, porque Salvador me habló varias veces de ti ' ".

-¿Y de qué conversaron una noche entera?

-Confieso que nunca he tenido una charla más culta, inteligente, franca y variada que la de esa noche. Nos paseamos desde la política a la filosofía; desde la literatura hasta la física; desde Marx a Jesucristo; desde Allende a Pinochet.

-Parece que Fidel se lo conquistó...

-Es un hombre increíble. En primer lugar, de un magnetismo extraordinario. Uno se pone a conversar con él, y al rato te pillas pensando como él. Cuesta reaccionar al embrujo de su forma de exponer las cosas. Creo que tiene una habilidad tremenda para decir las cosas a cada cual, conforme a lo que él cree que tú eres. Nunca me habló a favor del comunismo ni en contra del capitalismo. Sus planteamientos eran más bien en el terreno filosófico, sumamente moderados. Hablando de la Unión Soviética, me comentó que los admiraba por haber surgido desde la nada. En la URSS lo habían llevado al lugar donde lanzaban los cohetes. Dice que se veían unos tarros en el suelo y una gente soldando con unas mugres de soldaduras. " Pero resulta que el tarro tosco y mal soldado va a la Luna -me dijo Fidel-. Eso te indica la potencia de esta gente ".

Cuenta que el mismísimo y legendario Fidel Castro lo despidió en la escalinata del avión y que lo mandó con dos regalos para... el cardenal Raúl Silva Henríquez.

Confidencias de la Payita

-También es extraordinaria la conjunción de astros que se dio en su relación con Miria Contreras, la famosa Payita, amante de Salvador Allende. Parece increíble que en plena UP ella lo recibiera a usted en su oficina en La Moneda y que le hiciera advertencias como "Cuídate de Vuskovic", "Te van a tirar encima a Impuestos Internos", "Desaparécete unos días".

-La oficina de Enrique Ropert fue mi primer destino como ingeniero. Ahí trabajaban él y su mujer, Miria Contreras. Pronto se creó una relación de amistad muy especial, al punto que para mi matrimonio nos regalaron los pasajes de toda la luna de miel.

Dice que Payita era una mujer "regia", que entonces tenía algo más de 30 años. Sin embargo, su atributo más característico era su impetuoso y férreo carácter.

Diez años después volvieron a encontrarse, esta vez en La Moneda precisamente el día en que habían asesinado a Edmundo Pérez Zujovic, cuando él, como presidente de la Sofofa estaba, entre otros, reunido con Allende, y Miria entró con unas carpetas. No dio señales de conocerlo, "porque podría haber sido incómodo para los dos ", le explicaría. La amistad se reinició.

"Una vez almorzamos en su oficina, hablábamos por teléfono y me mandó un par de advertencias muy precisas. Cuando se produjo el asalto a La Moneda fue herida, capturada y rescatada por un comando del MIR. Yo siempre me mantuve atento a cualquier noticia de ella o de su familia".

Y a sus "jefes" en el gobierno militar les explicó la delicada situación de quien era su amiga y, por lo tanto, la protegería.

-Usted cuenta que ayudó al hijo menor de la Payita a salir del país.

-Otra casualidad. Resulta que un primo mío, que trabajaba en la Cepal, fue a ver a un amigo suyo que estaba exiliado en la embajada de Francia. Y me cuenta que, entre los más de 300 allegados ahí, estaba Max Ropert, que era muy joven y con un alto grado de depresión. El almirante Huerta me ayudó a conseguir la preciada autorización para que pudiera salir del país. Huerta salvó a mucha gente, y eso que en el Gobierno no lo tomaban en cuenta ni le daban ningún poder.

El cuento no terminó aquí.

"Dos días después encontré, clavado en una púa de la reja de mi casa, un sobre que contenía una hoja con una sola hoja manuscrita: ' Gracias, Paya' . No sé cómo supo ella de la intervención mía para sacar al hijo de Chile, ni cómo, en pleno toque de queda, pudo llegar a mi casa ese mensaje".

Su reencuentro fue en París, cuando Sáenz fue a hacer un trabajo por cuenta de Calos Cardoen y Payita estaba a cargo del turismo de Cuba en Europa. "Nos abrazamos largamente para superar el vacío de los años, y hablamos casi sin parar". Comieron esa noche y compartieron con García Márquez... otra jugada del azar para el testigo privilegiado.

Una confidencia muy especial le hizo una vez Miria Contreras:

"Ella me decía: ' mira yo tengo una relación con Salvador muy especial. Creo que mucho más que amor es admiración e ideales compartidos. Él es terriblemente infiel y yo lo sé, quién no lo sabe. Pero es un gran hombre ' ".

 


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Foto:JOSE ALVUJAR

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