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Intelectuales y estrategas dibujan la nueva "oferta" que debe plantear el sector:
La derecha define sus razones para querer volver a ser gobierno

Domingo 20 de noviembre de 2016

 

Foto:SERGIO ALFONSO LÓPEZ
La carrera presidencial ya se lanzó. Precandidatos, fundaciones y Chile Vamos trabajan en una visión común y en propuestas programáticas de cara a la elección de 2017. Pero, ¿para qué gobernar? Es la pregunta que ronda entre los intelectuales afines a este domicilio político. Aquí la responden cuatro de los más representativos. M. Soledad Vial
 


 Sigue en página D 6 "Estamos muy complicados si la gente ha comenzado a creer que su futuro depende de los beneficios del Estado"

"Creo peligroso entrar a competir con ideologías totalizantes que una vez nos llevaron a la destrucción de todos los consensos que permiten vivir en democracia", dice Lucía Santa Cruz, la influyente intelectual que viene reflexionando hace rato respecto de la derecha y su ideario. Y no es que se sienta amenazada -"es lo mismo que escuché en mi generación, ¿de qué nueva izquierda me hablan?"- o que esté proponiendo restarse del debate. Todo lo contrario, "hay que entrar de lleno", pero no en el terreno "que promete construir el cielo en la tierra, y que, por lo tanto, está dispuesto a usar cualquier método para lograrlo".

Su sector debe rescatar, resaltar, el profundo contenido humano, moral, de sus convicciones. El que cree en que son "las personas, en el uso de su libertad y con oportunidades adecuadas, las que pueden mejorar el destino del país, y no los gobiernos con poderes cada vez más extensos". Un modelo que incorpora democracia representativa, economía de mercado, creación de oportunidades y el apoyo debido para todos sus miembros -continúa-, y que por primera vez en la historia ha permitido igualdad ante la ley respeto a los derechos individuales, dignidad al margen de la posición económica o social o política, más prosperidad y menos pobreza.

Miembro del directorio de Libertad y Desarrollo y académica de la U. Adolfo Ibáñez, Santa Cruz tiene convicción absoluta en la "fuerza y potencia" de estas ideas; también en que requieren de unidad, difusión y motivación, de modo de "recuperar espacios que la derecha ha abandonado".

En su diagnóstico está que se creó la "ilusión" de un país rico. Pero la verdad es otra: "No podemos competir en el mundo". Y cita las conclusiones que le mostró el académico Sergio Urzúa sobre la prueba educacional PISA. "Chile produce 365 personas al año en nivel 6, que es el que permite competir globalmente; Corea del Sur, 80.000; Argentina, 44. Es la realidad de la educación gratuita estatal", sintetiza, para enfatizar lo grave que resulta "abandonar un camino que estaba creando mayor igualdad y más oportunidades".

"El otro modelo -dice, en alusión al título del libro que según muchos sintetizó las aspiraciones y a la vez inspiró el actuar de este gobierno- es lo que ha sumido en la tiranía y la pobreza a Corea del Norte en comparación con el sur, a Alemania Oriental respecto de la Occidental, a Cuba, a Venezuela".

Contra eso, cree en un "ideario transformador" para la derecha. En un "país justo -distinto de aquel de los "derechos sociales"- donde todas las personas puedan desarrollar sus talentos y ocupen el lugar que les corresponde. "Que no haya nadie destripando pescado si con una buena educación podría ser ingeniero. Hay mucho talento desperdiciado por la mala calidad de la educación estatal".

Sin embargo, ve la pista difícil para cualquiera que gobierne. Considera que Michelle Bachelet ha sido exitosa en instalar ese "otro modelo" y algunos de sus cambios son bastante "irreversibles", como en educación. También porque los movimientos sociales -"grupos de presión para mí, de donde dice Guillier que proviene"- han sido determinantes en fijar las políticas públicas. "Tenemos a los niños del Sename en exactamente la misma situación de hace 10 años, porque no marchan", grafica.

Y pone otro ejemplo: cuando la Democracia Cristiana rehusó ir a La Moneda a discutir la reforma educacional con el Presidente -entonces Sebastián Piñera- si no se sumaba a los líderes estudiantiles. "Ahí se les dio el poder a las organizaciones sociales y se desvistió al Congreso".

Para la historiadora, hoy están en juego nada más y nada menos que la democracia representativa, la economía de mercado, el crecimiento económico, la ilegitimidad de la violencia para resolver los conflictos. "La escena de la dirigenta de la CUT insultando al ministro de Hacienda no es propia de las democracias, que deben ser intransigentes respecto del uso de la violencia, incluida la verbal".

"La retórica cambia la cultura, y eso, la mentalidad"

Eso en las ideas. En la estrategia es partidaria de partir por un diagnóstico acertado de lo que está pasando. "De un proceso único de transición hacia una sociedad más justa, nos encaminamos al camino del subdesarrollo permanente, al Estado de bienestar", grafica en trazos gruesos.

A eso, la historiadora propone contraponer una visión que incluya la dimensión comunitaria, que hable de un esfuerzo colectivo por dar bienestar a todos sus miembros. Y lo aterriza en una pregunta: "¿Vamos a dar gratuidad para controlar las universidades o nos vamos a preocupar de esa desigualdad que determina a los 14 años los ingresos que las personas tendrán en sus vidas?".

La economía de mercado, continúa, tiene que ser mucho más competitiva y los recursos fiscales deben ser administrados eficientemente. "No les puedo estar quitando 19 pesos de 100 a los pobres, para malgastarlos", dice, aludiendo al IVA que todo consumidor paga.

Cree en recuperar las políticas de focalización que se ha intentado desprestigiar, porque a su juicio la clase media ha crecido pero es todavía muy pobre y vulnerable. "El sueldo promedio para una persona con educación media son $347 mil, según la Casen. Seguimos siendo un país que no es rico y no puede estar de farra".

Todo esto hay que hacerlo con "sinceridad, no se trata del poder por el poder -dice varias veces-, o de darle trabajo a alguna gente en La Moneda. Importa el país que estamos construyendo". Y también desde la cultura propia de la centroderecha, no sumándose a la retórica de la izquierda, porque "la retórica cambia la cultura, y eso, la mentalidad".

"Estamos muy complicados si, como dice la encuesta Bicentenario de la UC, la gente ha comenzado a creer que su futuro depende de los beneficios que recibe del Estado y no de su propio esfuerzo".

"Estar dispuestos a decir cosas impopulares, incluso a perder, pero clavando una bandera"

Un proyecto político robusto que proyecte el país en toda su amplitud y complejidad, sin reducirlo a variables económicas, y que tenga prisa, es la tarea que urge en la centroderecha. La prisa es porque "la presidencialización del debate será muy ruda y deja poco espacio para este tipo de reflexión. No se ha empezado a hacer el trabajo, a explicitar diferencias y llegar a acuerdos para construir un proyecto", dice el filósofo y cientista político Daniel Mansuy. "Algunos piensan que basta con ajustar tornillos, con más crecimiento y más empleo. Eso quizás puede permitir ganar la elección, pero en ningún caso gobernar, porque hoy en Chile hay muchos problemas", dice con escepticismo, desconfiado como algunos lo consideran. Su identidad dentro de la derecha "está en el aire", señala. "Tengo claro que no soy de izquierda", responde a modo de domicilio el autor de "Nos fuimos quedando en silencio", libro de cabecera de políticos, donde reflexiona sobre la transición y también sobre la derecha.

Aunque anota una mejoría con los nuevos intelectuales del sector que han emergido como respuesta a una hegemonía cultural de la izquierda, cree que falta mucho. "Basta ver el estante de LOM en las librerías", dice. Y es que piensa que la idea dominante es que Chile no vive una crisis tan difícil; eso ve tras la celebración de la noche de las municipales, y en la selfie de días después en la casa de Piñera. "Yo digo: esa complacencia y triunfalismo.... vaya".

Quizás por eso propone partir por lo elemental. Preguntas. ¿Qué se hace con las reformas de Michelle Bachelet? ¿Se corrigen? ¿Se modifican? ¿Se proyectan? ¿Se destruyen? Hasta ahora -afirma-, esa definición no se ha hecho. Es un problema de herramientas conceptuales, pero también de lo que les ha costado entender al Chile nuevo. Y es que cree que ese Chile se comprende mejor con sociólogos, psicólogos, intelectuales, disciplinas históricamente menos afines al sector. "Los 'barones' de la derecha tienen poca reflexión sobre los problemas que hoy tiene el país, que acarrea la modernización, y sobre la ciudadanía en una democracia posmoderna. Tienden a creer que es un 'no problema' ", reflexiona.

Y su diagnóstico es demasiado distinto: Chile se complejizó mucho, se modernizó, la ciudadanía se diferenció brutalmente con el mercado y se volvió hiperexigente. Su temor, confiesa, "es que la derecha gane y se encuentre en una situación análoga a 2010, con una oposición de izquierda que ya sabemos es muy mezquina, y el país hoy está más radicalizado y difícil de gobernar. Siendo franco, no me interesa tanto lo que ocurra en diciembre de 2017, sino en diciembre de 2021. Sería lamentable que la derecha le entregara el gobierno a una izquierda aún más radicalizada".

Y cree que la historia puede terminar igual si se replica lo que fue la campaña de 2009: una lista de compras, de tantas casas, tantas canchas. Mansuy plantea que Chile hoy tiene aspiraciones de justicia que van mucho más allá del crecimiento económico, que es indispensable, pero solo un piso. "Si el movimiento "No+AFP" prendió como prendió, con sus evidentes errores conceptuales, es porque hay una demanda y una aspiración. Hay que hacerse cargo y dar una respuesta".

"Un eventual gobierno de derecha enfrentará una izquierda más radical e irresponsable"

El académico de la Universidad de los Andes y del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) ve necesario fortalecer los mecanismos de participación, y defender a la sociedad civil que educa, no al mercado de la educación. La derecha debe tener claro que enfrenta al país de la post transición, que ya no se va a dejar gobernar sin más. "Si fuera Piñera nuevamente -se pregunta y nombra al candidato que más puntea en las encuestas-, ¿qué ministros lo van a acompañar? ¿Los mismos? ¿Esos mismos han pensado estas cosas, tienen un nuevo discurso?". Las mismas causas producen los mismos efectos, es su respuesta inmediata. "Un eventual gobierno de derecha enfrentará una izquierda más radical e irresponsable, que intentará encender otra vez el país".

-¿Y cómo lo enfrentaría usted si le tocara hacerlo?

-Con pedagogía, convicción y fondo político. Cuando la derecha fue gobierno, no tuvo un discurso claro, se movió según la temperatura del agua y fue débil con movimientos como Barrancones, Aysén. Eso la debilitó más. Se soluciona con un discurso robusto y estando dispuestos a arriesgar, a decir cosas impopulares que pagan a largo plazo, incluso a perder una elección o el poder eventualmente, pero clavando una bandera.

"Con esa misma claridad debe decir que va a evaluar y corregir todas aquellas cosas construidas estos años y que están mal o considera injustas. No es sacar por sacar, no a la retroexcavadora; sí cambiar la aspiración por igualdad que la izquierda ha levantado y que puede violentar mucho a la sociedad civil organizada, a los padres que no tienen derecho a educar a sus hijos como quieren, por falta de recursos. A proyectos universitarios exitosos como las universidades Alberto Hurtado y Diego Portales, que son las más perjudicadas con la gratuidad".

-¿Qué debería ser prioritario?

-Los recursos para los más débiles; el Sename, las cárceles, educación en primera infancia, las familias de más escasos recursos, la salud. Eso obliga a decir que las demandas de las clases medias ilustradas son importantes, pero no prioritarias; puede granjear mucha enemistad, pero también construir una quilla para navegar si es que ganas.

-¿Y qué decirle a la clase media que le dio el voto en las municipales y que ha inclinado la balanza en todas las últimas elecciones mundiales?

-No quieren que les den todo en bandeja, quieren condiciones para salir adelante con su esfuerzo. Hay que rehabilitar el acento en los deberes; los políticos prometen y prometen; echo de menos que alguno diga que viene a exigir, que proponga trabajar juntos para sacar adelante el barco. Puede haber riesgos, pero es un discurso inspirador, porque convoca y compromete a todos, a la nación. Constituye comunidad.

"No le pediría a un nuevo gobierno de derecha que arregle todo lo que el de Bachelet hizo mal en estos años"

La izquierda instaló una música y la derecha ha intentado bailarla a su ritmo, pero siempre con la melodía de la desigualdad económica que genera exclusión. Si quiere gobernar y no por una vez, sino que instalar un proyecto político sólido, debe salir del rincón y sintonizar su propia melodía.

La metáfora es de Gonzalo Cordero. El abogado y experto en asuntos públicos la emplea para graficar el marco donde su sector debe construir una nueva propuesta, basada en el "reconocimiento". Porque crecer, generar empleo, son fortalezas tradicionales de la derecha, pero constituyen "el piso que se da por descontado que hará".

"El gran tema de los chilenos hoy es el reconocimiento, la consideración en distintas dimensiones", sostiene. Y ahí, asegura, la derecha tiene una oportunidad, porque la izquierda lo enfoca hacia las minorías y deja afuera a un amplio espectro de "categorías de mayoría". En ese eje, una agenda realista pero con convicción de descentralización es imprescindible para enfrentar la insatisfacción, dice. Se trata de entregar participación en procesos de toma de todo tipo de decisiones y a todo nivel. "La legitimidad no solo se consigue resolviendo el problema, hay que hacerlo de una cierta manera, transparente y participativa".

Cordero piensa que con su "recentralización", este gobierno ha ido en contra de los tiempos, y hay que reinstalar mayor participación y autonomía de la comunidad, de padres, profesores, directores, en la gestión de la educación y salud. "El colectivo es menos estatista que los grupos de presión, como el Colegio de Profesores, los profesionales de la salud, la ANEF".

Suena difícil después del largo paro de los empleados fiscales, pero el intelectual asegura que la demanda local hoy es tan fuerte, que la comunidad va a apoyar cambios realistas. "No se puede hacer en todo Chile al mismo tiempo; pero un gobierno de derecha debería proponerse una experiencia de descentralización en dos regiones, del norte y del sur, hacer un esfuerzo de salud en una, en educación en otra. Que la gente vea que estás intentando abrir un camino de cambio para que las comunidades participen".

"Esta radicalización es el mejor de los mundos"

Así como en el siglo XX la discusión fue entre capitalismo o marxismo, Cordero ve que el gran tema hoy es la gobernabilidad. Y hay que "meterle mucha cabeza" cuando se aterriza a Chile, un país con aspiraciones. Ve a la derecha muy pegada en lo económico, en el desarrollo, en creer que el país va a tener menos problemas cuando llegue a los 30.000 dólares per cápita. "La experiencia muestra lo contrario -dice-. España estuvo 10 meses sin gobierno y ya casi llegó a esa cifra".

Paso inevitable es que el sector asuma el imperativo de construir coaliciones más diversas, con más partidos que sean capaces de lograr entendimientos. Hoy ve una oportunidad mayor que durante el gobierno de Piñera, que al frente tuvo una oposición homogénea y dura. "El afecttio societatis de la Nueva Mayoría no tiene nada que ver con el que tuvo la Concertación; hay más problemas que en la derecha".

-¿Incluye también al "Podemos" chileno, el de Boric y Jackson, que además brilla en las encuestas?

-Hay que tener creatividad para explorar otros lados de la cancha y no quedarse en la agenda de esa izquierda: minorías, desigualdad, poderosos. Como vemos en Europa, esta radicalización es un problema, pero el mejor de los mundos para la derecha. El peor fue esa imagen idílica del gobierno de Lagos: un gobierno socialista con sentido de autoridad, que gobernaba, generaba oportunidades de negocio. ¿Qué podía ofrecer la derecha? Hoy, la izquierda moderada empieza a perder espacio, crece el polo "Podemos", pero mucho más una opción moderada de derecha.

-Este gobierno puso su música y la encarnó en proyectos hoy instalados. ¿Cómo se cambia ese rumbo? ¿Con o sin retroexcavadora?

-No puedes hacer todo de nuevo. Por ejemplo, una manera de hacer un proceso constitucional es parcelarlo, jerarquizarlo y trabajarlo en base a ciertos acuerdos. En la reforma tributaria, llamaría a Alejandro Foxley, a René Cortázar, a Ricardo Escobar, y a tres personas de derecha, y les pediría una reforma de la reforma que mantenga la recaudación, pero con un sistema tributario que funcione; eso es lo más importante para las pymes, para generar inversión.

-¿Y cómo lo haría con la reforma laboral, una conquista difícil de ceder?

-No le pediría a un nuevo gobierno de derecha que arregle todo lo que el gobierno de Bachelet hizo mal en estos años. Demoler una casa toma 30 días y construirla, un año. Hay que priorizar.

Y ahí nos vamos a las expectativas, que incluso el ex Presidente Piñera ha confesado como una debilidad en su gobierno. ¿Fueron un boomerang político? Cordero se ríe, y dice que hay dos caras y que se mostró la que menos le gusta. "Me carga el gobierno de la excelencia, es parte del ADN, pero hay otros cromosomas, como el esfuerzo. Hablaría del gobierno del esfuerzo, de los más trabajadores, no del gobierno de los genios. Como son las personas comunes y corrientes, que trabajan, que se sacan la mugre, no los winners ".

Los símbolos son importantes en eso, explica. "No puedes cambiar el Gobierno a lógica meritocrática con puros niños de cuatro colegios y dos universidades; hay que hacer el esfuerzo de poner personas en posiciones simbólicas, de mucha visibilidad, para que se conviertan en símbolo del discurso. La izquierda no cree en el mérito y hace política antimérito, como prohibir la selección en los colegios, pero habla mucho de él y pone los símbolos adecuados".

"Donde la izquierda dice homogeneización, tenemos que decir diversidad"

La pregunta de fondo que se hace mira a 15 años, a los próximos dos o tres gobiernos. Ignacio Briones dice que gestión y empleo son dos activos (particularmente importantes en el contraste con el actual gobierno) que incluso podrían bastarle a la derecha para ganar en 2017. Pero no para enfrentar a su adversario político en los próximos años.

Se refiere a la izquierda que lideran Gabriel Boric y Giorgio Jackson, que está redibujando el mapa político bajo un paraguas mucho más ideológico. "Han hecho la pega", dice el fundador del think tank Horizontal y coordinador programático de la candidatura presidencial de Felipe Kast. "La derecha tampoco puede seguir haciendo lo mismo si cambió el contexto".

En su caso, el paradigma que mira es el de David Cameron, que reconvirtió al Partido Conservador inglés con un proyecto que ha sido exitoso incluso post golpe del Brexit. "La derecha tiene que articular un proyecto político que le dé credibilidad y abra la cancha de lo que ha sido hasta ahora", agrega.

-¿Hasta dónde? ¿Cuáles serían los márgenes?

-Hasta donde las ideas de la derecha lo permitan. La libertad es su idea madre, su ADN; es necesario compatibilizarla con justicia, no desde la "lógica Nueva Mayoría" de la igualdad, sino desde cómo maximizamos su ejercicio: un niño del Sename tiene muy inferiores grados de libertad para desarrollar su proyecto de vida que los niños que nacen en una familia con acceso a recursos y educación. Eso debiera estar en el centro de nuestra reflexión; generar condiciones básicas, un piso muy exigente en salud, en educación, en oportunidades laborales.

-¿En qué es distinto al piso que aseguran los derechos sociales garantizados?

-Completamente distintos. En los derechos sociales que plantea la izquierda, al menos Fernando Atria, el mercado no puede jugar ningún rol y debe impedirse el legítimo derecho a cualquier aporte extra que una familia quiera hacer. Es tratarlos como ciudadanos de segunda clase.

"Lo segundo es la focalización de los recursos. Cuando la izquierda propone pisos universales, son iguales para el que paga y para el que no. Tremendamente injusto: el foco siempre debe estar en aquellos que corren con desventaja".

Focalización de mínimos versus "sobreinvertir"

Creíble es una palabra que Briones dice mucho. "En el pasado, la derecha siempre se contentó con una focalización de mínimos, porque el país era más pobre, pero hoy hay que sobreinvertir en áreas sociales que den alas y oportunidades".

-¿Cómo recuperan el papel del mercado? El discurso anti lucro se instaló.

-Que la derecha sea promercado no es ser proempresa. Se la percibe como proempresario, y lo que tenemos que defender sin asco ni vergüenza es la competencia, al chico frente al grande. Por ejemplo, a las nuevas plataformas que permiten movilizarse a más bajo costo. ¿Por qué vamos a defender sindicatos? En eso siento que los empresarios están bastante al debe: las condenas a las malas prácticas fueron tardías e insuficientes, y se han quedado en el discurso del empleo y del crecimiento. Me falta una reflexión sobre un mundo que está exigiéndole legitimidad al mercado.

Para bien o para mal -afirma-, "el modelo que defendimos se acabó como tal hace 30 años, y la política tiene que ser realista. El desafío es cómo mantenemos lo esencial de las ideas en que creemos y nos subimos al nuevo barco que está exigiendo más participación, condiciones más justas para los más desfavorecidos, que prime la meritocracia".

Un ideal de justicia contra la desigualdad injusta es la gran bandera que Briones ve para simbolizar esta batalla, que también debe sumar la de la diversidad como valor, como expresión de que "nos gusta que haya caminos de vida distintos y que son legítimos. No hay una sola forma de vivir".

¿Y es posible que los sectores más conservadores acepten un discurso así? El decano de la Escuela de Gobierno de la U. Adolfo Ibáñez cree que la diversidad de proyectos de vida es consustancial a la libertad. "Hay que ir moviendo el cerco, y no desde la tolerancia: hay que cambiar el switch y decir que la diversidad nos gusta. Donde la izquierda dice homogeneización, tenemos que decir diversidad".

Un concepto que valora la nueva clase media que creció en Chile y que en su ADN tiene el mérito, el esfuerzo, es emprendedora, pero extremadamente celosa de las discriminaciones arbitrarias, "y lo castiga fuerte". Propone convertirlos en "socios", transfiriéndoles también poder. "Los problemas deben resolverlos los que más cerca están; es la forma para que se involucren en la sociedad, en lo público, en la política".

Ese punto es clave, porque adelanta que la gobernabilidad es y será mucho más difícil, y obliga a una reflexión profunda de cuál es el proyecto político, la hoja de ruta. "Hay que ser fieles a los principios. Sería un error comprarse a fardo cerrado lo que la calle dice", afirma, cuestionando la idea instalada de que los movimientos sociales "son representativos de lo que pasa en el país". "Eso no es así", dice, enfático. "La representatividad se juega en las elecciones. No podemos seguir respondiendo con bonos, con asistencialismo; hay que darles buenas herramientas a las personas si creemos en su capacidad de salir adelante. No es fácil, pero lo otro es pan para hoy y hambre para mañana".

Canciller impulsa alternativas al TPPAnte escenario post Trump:

Luego de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, prácticamente todas las voces han coincidido en algo: El Acuerdo Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) está virtualmente desahuciado. (Más sobre los efectos de esta situación en B 8)

En la Cancillería chilena, la opinión no es muy distinta. El ministro Heraldo Muñoz explica a "El Mercurio" que "está claro que después de la elección de Donald Trump como Presidente de EE.UU. las posibilidades del TPP son mínimas".

Sin embargo, él tiene aún esperanzas de que el contenido del acuerdo -que incluye a Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Malasia, México, Japón, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam- pueda en buena medida concretarse. ¿De qué forma? Sin incluir a Estados Unidos.

La opción de renegociar el TPP es algo que Muñoz ha estado considerando hace meses, debido a las opiniones negativas que tanto Trump como Hillary Clinton tenían del tratado. Por esto, ya ha sostenido conversaciones preliminares con algunos cancilleres, específicamente de la Alianza del Pacífico.

"Si se renegocia el acuerdo entre los 11 países restantes, hasta se podría pensar en el acceso de otros países que han expresado interés", dice.

De ahí que las reuniones que en estos días pueda sostener el ministro en el marco del foro APEC, que se realiza en Perú, serán claves para analizar si es que realmente se puede negociar un gran tratado de comercio entre los países con intereses en el Océano Pacífico sin Washington. "Hay interés en analizar juntos los escenarios colectivos", explica el canciller, quien de todas maneras reconoce que se trata de una negociación compleja, debido a que "hay países del TPP para los cuales el acceso obtenido al mercado de EE.UU. es fundamental".

Si finalmente no hay TPP, en Cancillería consideran que se podría avanzar más rápido en otros proyectos, como el Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico, que lidera China y que Chile también apoya.

"Chile debe seguir con su apertura e integración con nuestra región latinoamericana y con el mundo, pese a algunas tentaciones proteccionistas", concluye el ministro.


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El canciller, durante la ceremonia en la que el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, le entregó la Medalla Rectoral de la casa de estudios.
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