Park Geun-hye fue destituida ayer por el Parlamento, en medio de protestas que pedían su salida por corrupción
Chamanes, extorsiones y abusos: el escándalo que hizo caer a la Presidenta surcoreana

Acusada de haber sido cómplice de una amiga que usó su posición para enriquecerse, Park debe esperar el fallo del Tribunal Constitucional.  

Alicia Tagle Crichton 

Una vida de ascenso y una fugaz caída, provocada por un exótico escándalo de corrupción, resumen la vida política de Park Geun-hye, la Presidenta surcoreana que ayer fue destituida por el Parlamento, pasando a la historia como la primera Mandataria del país democráticamente elegida que es apartada del cargo.

Acusada de una gama de delitos, desde abuso de poder hasta de no haber protegido la vida de los ciudadanos, a Park se le culpa de haber sido cómplice de su íntima amiga Choi Soon-sil, quien usó sus vínculos con la Presidenta para enriquecerse. Consiguió "donaciones" de US$ 70 millones de los principales conglomerados familiares de Corea del Sur mediante extorsiones o a cambio de favores. Parte de este dinero fue a dos fundaciones pero el resto se lo habría apropiado.

La Mandataria fue depuesta por 234 votos a favor de la moción de los tres principales partidos opositores, y 56 en contra, lo que significa que decenas de miembros del oficialista Partido Saenuri apoyaron también el juicio político.

Los poderes de la Mandataria ya fueron transferidos al Primer Ministro, Hwang Kyo-ahn, a la espera del fallo del Tribunal Constitucional, que debe ratificar la decisión del Legislativo dentro de seis meses, en los cuales Park podrá permanecer en la residencia presidencial, la Casa Azul.

"Quiero disculparme ante todos los surcoreanos por este caos nacional que he creado por mi negligencia, en momentos en que nuestro país afronta tantas dificultades, desde la economía a la defensa nacional", declaró la Presidenta destituida ante la televisión tras la votación.

En las últimas semanas, millones de surcoreanos se tomaron las calles hasta la Casa Azul, exigiendo la caída de la política conservadora (64), quien llegó al gobierno en febrero 2013, cuando recibía las denominaciones de "dama de hierro asiática", por su sólido liderazgo, y "reina de las elecciones", por su habilidad para lograr triunfos para su partido.

El caso ha generado gran conmoción en un país donde los escándalos de corrupción son propios de la política local, principalmente por la insólita influencia, tanto estética como política y espiritual, que llegó a tener Choi sobre Park. La extraordinaria autoridad de la llamada "Rasputina" sorprendió aún más ya que la primera Mandataria mujer del país había cultivado cuidadosamente una imagen de política incorruptible, de carácter distante, que no se casó, tampoco tuvo hijos y no mantenía contacto con sus hermanos, supuestamente para evitar acusaciones de nepotismo.

La mujer -encarcelada desde principios de noviembre- heredó esta autoridad sobre la Jefa de Estado de su padre, Choi Tae-min, un chamán y líder de una secta, quien en los años 70 fue el mentor real de Park hasta el punto de "controlar su cuerpo y su alma", según un informe de la embajada de EE.UU., filtrado por Wikileaks.

En ese entonces, Geun-hye, se había convertido en la Primera Dama de su padre, el dictador Park Chung-hee, que gobernó Corea del Sur entre 1961 y 1979. Choi supuestamente ayudaba a la joven política a contactar a su madre muerta en 1974, víctima de un atentado dirigido al gobernante, quien también moriría asesinado cinco años después.

"Este caso es muy diferente de los anteriores debido al papel de la señora Choi. ¿Quién habría pensado que una extraña chamán podría socavar la política de la República de Corea en el Siglo XXI?", comentó a "El Mercurio" Richard Bush, director del Centro de Estudios Políticos del Este Asiático de Brookings Institution.

Una política diferente

Todos los presidentes de la Surcorea democrática han enfrentado investigaciones por corrupción tras dejar el poder. Uno de ellos, Roh Moo-hyun, se suicidó en 2009 cuando las acusaciones salpicaron a su familia. Pero en un país donde la clase política está estrechamente vinculada con los negocios, Park se había presentado como alguien diferente.

Ella misma había prometido cambiar el modelo de desarrollo que su padre impulsó en los años 60, basado en los conocidos "chaebols", los grandes conglomerados empresariales del país. El dictador promovió las inversiones privadas a cambio de fuertes incentivos, como créditos baratos y subsidios para las empresas capaces de generar divisas a partir de la exportación. Los grupos, que partieron vendiendo telas, maderas y hortalizas, pasaron en los años 70 a montar astilleros y terminales automotrices, mientras se especializaban en la electrónica, principal motor del desarrollo coreano.

La fuerte intervención del Estado en el proceso de industrialización permitió que el ingreso per cápita en el país pasara de menos de 100 dólares a los 27 mil dólares en 55 años; lo que ha sido conocido como "el milagro del río Han".

De los 12 "chaebols" que hoy existen en el país, los llamados "Big four" (los cuatro gigantes) son Samsung, Hyundai, LG y SK Group, con negocios tan diversos como la cosmética, líneas de ropa de lujo, inmobiliarias y centros comerciales. Su existencia, en todo caso, está tan arraigada a la sociedad que existen diversas bromas sobre las empresas.

"Corea del Sur tiene una relación de amor y odio con las 'chaebols'. Son responsables del meteórico surgimiento económico pero en los años recientes han sido culpadas de la disparidad económica y de asfixiar los emprendimientos económicos", explicó a este diario Bruce Klingner, experto de The Heritage Foundation.

Inéditamente, los líderes de los ocho mayores conglomerados -reconocidos en el país por su poder y riqueza- fueron llamados a declarar esta semana ante el Parlamento, luego que sus familias llevaran décadas siendo tratadas como verdaderas dinastías reales. "Para las corporaciones es difícil rechazar una petición de la Casa Azul", dijo Huh Chang-soo, líder del Grupo GS sobre su implicación en el caso. Las empresas "no tienen otra opción que seguir las políticas del gobierno", agregó el presidente del Grupo LG, Koo Bon-moo, dejando en evidencia la poca transparencia y la estrecha relación entre las compañías y los políticos, que en los últimos años han cansado a los surcoreanos.

 


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Foto:EFE

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