Crítica | "Las cenizas del juramento", de J. M. Brennan
Ambiciosa novela de aventuras

El crítico considera positivo que "este tipo de relato, tan abundante en el mundo anglosajón, se cultive también en Chile".  

hoy escribe Ignacio Valente 

Abunda hoy un tipo de novela juvenil de aventuras y fantasía, que entretiene a adolescentes con variable calidad formal. Dentro de este género se inscribe Las cenizas del juramento , la ambiciosa obra primeriza de J. M. Brennan (Exequiel Monge), que alcanza en ciertos aspectos un verdadero valor literario, a pesar de un estilo y un lenguaje todavía en proceso de formación, y de algunas serias deficiencias de principiante. De partida debe celebrarse la notable imaginación fabuladora del autor, una auténtica forma de la fantasía creadora, lastrada sin embargo por su enfadosa falta de síntesis, su consiguiente lentitud narrativa, y su pesada sobrecarga de descripciones superfluas.

La acción transcurre en una edad arcaica imprecisa y en un lugar del todo inventado, con sus tierras y mares y razas (humanas) de fantasía, en una atmósfera más legendaria que propiamente maravillosa. El "juramento" del título es una remota orden de sabios y guerreros, que se ha corrompido y solo ha dejado un residuo de nobleza y libertad en unos pocos sobrevivientes, perseguidos por la tiranía reinante. Las múltiples peripecias de su huida y restauración se relatan en estas casi cuatrocientas páginas.

El poder de la imaginación creadora ha tejido en esta novela una trama compleja y múltiple, sumamente frondosa, repleta de historias que se entrelazan, pero muy bien organizada en su conjunto, y siempre clara. Y a pesar de lo lento de la narración, el suspenso se mantiene vivo hasta el final, y la amenidad es uno de sus puntos fuertes.

Los personajes y sus jerarquías muestran esa misma inventiva de Brennan, y también lo hacen sus diálogos y su fisiognomía, a ratos muy aguda, pero en lo psicológico y moral estos protagonistas carecen de claroscuros: salvo pocas excepciones, los buenos son demasiado buenos -son héroes-, y los malos son demasiado malos -son perversos-, aunque esa simplicidad sea quizá propia del género juvenil. Algo parecido ocurre con el desesperado triunfo del ideal sobre los terribles poderes fácticos, triunfo que solo es posible en virtud del as bajo la manga que guardan siempre en estos casos, y como reserva de última hora, la sapiencia y la magia ancestrales. Y todavía es propio del género juvenil ese aliento de pureza y nobleza ética que atraviesa el relato entero, con cierta obviedad pero sin caer nunca en el moralismo ni en la moraleja.

El autor se esfuerza por mantener un realismo básico en el marco de cierta mínima verosimilitud, pues su obra no pertenece al género maravilloso propiamente dicho (Lewis, Tolkien, Ende), pero no siempre consigue contenerse en ese límite de lo todavía humano, y a ratos bordea o cae en la tentación de la magia, del ocultismo y de lo preternatural. No es claro que este sea un defecto, por las borrosas fronteras de los géneros, pero creo que el relato ganaría con aquella contención realista, que se pierde cuando lo inverosímil -lo sobrehumano- se desbanda, por ejemplo en las acciones bélicas -y sobre todo en la batalla final-, más afines a historietas de Superman que a la recia humanidad de estos sabios y guerreros.

Ahora bien, hay defectos de este relato que lo serían en cualquier género narrativo. Ya mencioné el escaso poder de síntesis del autor, la morosidad de su ritmo narrativo, debido en gran parte a su afán por multiplicar las descripciones innecesarias, y su ingrato detallismo. Los lectores no necesitamos saber exactamente cómo es cada color, olor, sabor, paisaje, tela, aposento, fachada, flor, brisa, metal, nube, etc., etc. Unas pocas pinceladas justas pueden sustituir muy ventajosamente al largo inventario de objetos descritos, que resulta tedioso. Cuanto más interesante es un episodio, más molesto resulta al lector ese continuo ralentisseur de esta novela.

Así y todo, encuentro positivo que este tipo de relato, tan abundante en el mundo anglosajón, se cultive también en Chile, y sea un estímulo para otros autores que, como Brennan, quieran trascender la frecuente puerilidad del género "para jóvenes".

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir


[+] Vea más fotos


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
0  
Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales