sábado 21 de enero de 2017  
 
El camino de santiago cabrera
 
Quiso ser futbolista y estudió psicología, pero terminó siendo uno de los actores chilenos más exitosos en Estados Unidos. Mientras se prepara para estrenar Transformers 5 y una miniserie de HBO junto a Reese Witherspoon y Nicole Kidman, habla con "Sábado" sobre el bajo perfil que maneja acá, los ocho años que esperó para ser padre, el estereotipo latino que debe enfrentar en Los Ángeles y la ruta que tomó para convertirse en una de las estrellas con más futuro en Hollywood.  

Por rodrigo munizaga fotos sergio alfonso lópez dirección de arte Manuel Godoy 

Escena 1: Los Ángeles, comienzos de 2005. En un intento por conseguir mejores oportunidades como actor, Santiago Cabrera llega a vivir a California, Estados Unidos. Su agente le había insistido en que debía instalarse allí. Los primeros meses, recuerda hoy, fueron miserables: después de ir a decenas de castings para películas y series, su teléfono no sonaba. Sin redes de contacto, se acababan los ahorros.

-"¿Qué hago yo acá?", me preguntaba. Por un momento tambaleé y dije: "Quizá esto no es para mí".
Escena 2: Los Ángeles, febrero de 2007. Es la noche de los premios Oscar y Cabrera va en una limusina junto a su mujer, la directora teatral alemana Anna Marcea, rumbo a la tradicional fiesta de Vanity Fair, que convoca a las mayores estrellas del evento. Como uno de los protagonistas de la serie de televisión Heroes, que arrasaba en audiencia, él vive su momento de mayor éxito.

-Me bajo del auto y justo llega Martin Scorsese, en otra limusina. Él acababa de ganar su primer Oscar como director por Los infiltrados. Yo me quedo parado mirándolo y alrededor había muchísima gente apostada tras unas vallas, esperando ver la llegada de los famosos. Entonces siento que empiezan a gritar todos: "¡Santiaaago!". Ahí me di cuenta del poder de la tele: estaba frente a Scorsese, pero los fans me reconocían a mí.


Santiago Cabrera (38) nunca pensó en ser actor. Afable, carismático y con un acento neutro, pero salpicado con chilenismos, recuerda que su sueño era ser futbolista y llegar a jugar en el Real Madrid o el Barcelona. Cuando chico, viviendo en España, le ofrecieron integrarse a cadetes del Atlético Madrid. Pero, como le había pasado otras veces, tuvo que dejar atrás la oportunidad y seguir la ruta de su padre, Pedro Pablo Cabrera, quien hizo una larga carrera diplomática -fue embajador de Chile en Londres, Moscú, Beijing y el Vaticano-, y a cada uno de sus destinos iba con su mujer y tres hijos. Por eso, el actor nació en Caracas y luego vivió en Toronto, Bucarest, Londres y Madrid.

Cuando tenía 2 años, en Canadá, Cabrera cuenta que hablaba mitad inglés, mitad español. Se acostumbró a dejar atrás amigos y colegios, pero siempre le dijeron que su casa estaba en Chile. Venían un par de veces por año. De hecho, hizo tercero y cuarto básico, además de toda su enseñanza media, en el Colegio San Benito, que quedaba cerca de su casa en Vitacura.

-Siempre estuve con susto de llegar a un país nuevo, colegio nuevo. Yo era tímido, lo que me significaba estar alerta en cómo iba a ser recibido. Siempre pensaba en estar acá, pero volví y a los dos años ya me quería ir. Me agarró el bichito del viaje.
Al salir del colegio estudió psicología en la Universidad Diego Portales, gracias a una beca deportiva, mientras jugaba en cadetes de Universidad Católica. El entrenador Óscar Meneses le decía que tenía condiciones. Pero, para él, ya era demasiado tarde para el fútbol.

-A nivel semiprofesional fui goleador, pero cuando me tocó fútbol más profesional, me daba cuenta de que siempre habían unos 10 gallos de un nivel superior al mío y eso me frustraba. Siempre era titular, pero no me ponían de delantero, entonces me di cuenta de que no iba a llegar a un nivel alto.

-¿Se arrepintió alguna vez de no terminar psicología?

-No, no era lo mío. Andaba puro pichangueando y carreteando. Era bien de fiestas, media botella de pisco, el pito y quedar como zapato. Pero tenía que parar. Probé ser el rebelde, el reventado, y con los años me di cuenta de que yo no soy así, y estoy tranquilo de no serlo.

En tercer año, Cabrera congeló la carrera y, con 20 años, partió a Londres a estudiar actuación. Dos años antes había descubierto que le gustaba, recuerda, luego de hacer una obra sobre Mozart. Y así, sin más, siguió aquel impulso. En Inglaterra consiguió trabajo en un bar y entró al Drama Centre, del que han egresado figuras como Michael Fassbender, Colin Firth o Tom Hardy. Después de tres años de estudio, rápidamente consiguió un agente.

-Mi primera pega fue en una obra de Shakespeare y pensé en esa vida. Yo era súper inocente sobre la industria, hice la obra y me salió Empire, que en su momento era la serie más grande y luego se fue diluyendo. Pero cuando me la dieron, en Hollywood muchos estaban esperando a ver a quién le iban a dar el papel, entonces recibí harto interés de representación. Yo era idealista, quería hacer cine arte y teatro. Miraba con recelo a Hollywood.

-En Hollywood los actores deben soportar muchos rechazos, ¿cómo sobrelleva esos "no" de los castings?

-Duelen cuando te interesa el proyecto, pero ahora rechazo harto yo.

-¿A qué dice que no?

-Al pato malo, el narco latino y cuando es por mi pinta. Trato de quebrar el estereotipo del latino, me considero un actor de carácter, y aunque siempre hay excepciones, no quiero caer en eso. Hoy, en Estados Unidos e Inglaterra, están tratando de hacer más diversos los proyectos, pero me llega la audición y estoy en la descripción del personaje que dice: "Buscamos cualquier etnicidad". Llegas al casting y son negros, latinos, indios y asiáticos. Entonces uno dice: ¿por qué estoy en esta categoría y no en un protagónico? Es súper fuerte. Ellos creen que el latino es una raza y no una cultura. Tiene que haber un día en que esto cambie, que la inclusión no vaya por cumplir con la cuota.


De los actores chilenos que viven en Estados Unidos, Cabrera ha sido el más constante en los últimos 15 años. Pedro Pascal (Game of thrones, Narcos) y Cote de Pablo (NCIS) han logrado éxito con producciones puntuales, pero no han tenido el currículo que anota Santiago: además de Heroes, participó en la serie Merlin; en Alcatraz de J.J. Abrams; en la película de Steven Soderbergh sobre el Che Guevara; en la miniserie de HBO Hemingway & Gellhorn, junto a Nicole Kidman; en la miniserie Anna Karenina; y desde hace tres años interpreta a Aramis en la serie Los mosqueteros, que se puede ver en Netflix.

Pese a codearse con proyectos de alto perfil, Cabrera tiene una fama relativa en Chile. Y él está consciente de eso.

-Acá paso súper piola, la gente sabe de mí después de un rato de mirarme. La otra vez un chileno me preguntaba qué hacía yo, le dije que había terminado Los mosqueteros y me preguntó qué personaje interpretaba. Le respondí y me miró sorprendido: "Ah, ¡eres uno de los mosqueteros!". Él me reconoció que pensó que yo era extra, y que eso ya le parecía bien. Entonces, creo que podría ser el doble de Bruce Willis e igual saldría en los medios acá. Creo que se mide todo con la misma vara en Chile. Pero lo entiendo, somos un país más chico, no estamos acostumbrados.

-¿Le importa el reconocimiento en Chile?

-Creo que si me importara tanto, habría hecho el esfuerzo por ser más reconocido. La gente me dice que debo promocionarme más, pero estoy tranquilo, porque el trabajo dicta todo. Ahora tengo una miniserie de HBO y Transformers, cosas concretas. Me siento más tranquilo hablando de mi trabajo. La revista Us Weekly ha querido hacer notas en mi casa y siempre he dicho que no. No me siento cómodo, no vendo mi vida, sino el trabajo que hago. Si acá estuviera en teleseries, probablemente estaría en más medios. Me ofrecieron varios años y siempre dije que no, creo que ya se cansaron. Pero no me cierro, solo que por ahora no.

-¿No le importa la fama?

-No. Soy más retraído y callado, quizá, pero estoy dispuesto a ser de alto perfil si estoy en un proyecto que lo amerite. Yo veo a la gente que es muy famosa y la mayoría lo andaba buscando. Hay una confusión tremenda con ser popular hoy, no les importa el proyecto que hagas, respetan cuánto ganas por la película. Si la gente dice: "Pucha que era buen actor, pero se podría haber promocionado más", yo podría morir tranquilo.

Cabrera va a un casting para una película que le interesa. Mientras lee el libreto, la directora de casting -quien ya lo conocía- le pone una cara extraña, que él traduce como "este papel no es para ti, pero me gusta lo que estás haciendo". Entonces, ella le dice:

-Te voy a pasar otro proyecto que puede interesarte: Transformers 5.

-¿Le interesó inmediatamente? ¿No afloraron prejuicios?

-Reconozco que tuve unos prejuicios. Cuando me lo dijo, y ella es una directora que hace cosas buenas-buenas, en mi mente fue: "¿Transformers número cuánto?". Yo no había visto ni una.

Transformers 5: The last knight, que se estrena el 23 de junio próximo, es la primera superproducción en que actúa Cabrera. La película, dice, será una vitrina enorme para él: la cuarta parte recaudó más de mil millones de dólares a nivel mundial y ahora se esperan cifras similares, con un elenco donde figuran Mark Wahlberg, Anthony Hopkins, Josh Duhamel, John Turturro y John Goodman. 

-Transformers es una oportunidad para un actor, porque existe la posibilidad de que tu nombre esté ahí y luego abra otras puertas o financie proyectos. Pero también me interesó el arquetipo del personaje y el trabajo que hicimos con las fuerzas especiales norteamericanas para prepararme. Fue una gran experiencia y es lo más grande que he hecho, porque además me han puesto dentro del grupo de los protagonistas -dice sobre el filme en que interpretará a un militar retirado que ahora es mercenario y que lidera un escuadrón llamado TRF que combate la amenaza de los Transformers. Si todo resulta bien, dice, su personaje podría llegar a estar en la sexta parte de la franquicia.

Para lograr trabajar en la película -que terminó de rodar el 10 de diciembre pasado-, el actor debió entrevistarse con Michael Bay, director de la saga y conocido por cintas como Armageddon o Pearl Harbor. Inicialmente, la reunión sería en su oficina, pero a último momento decidió hacerlo en su casa. Ahí conversaron un rato en el jardín, hasta que Bay le dijo:

-Vamos a hacer un par de escenas, ¿leamos algunas?

Cabrera no se lo esperaba.

-Me paré, leí los textos, me dijo algunas cosas y luego me dijo: "Ya, estamos, ahora me tengo que ir a hablar con Anthony Hopkins por Skype", y se fue. Por su reacción, creí que no se había impresionado mucho, pero la directora de casting me miró y me subió el pulgar.

El otro gran proyecto en el que estará este año es Big little lies, una miniserie de HBO que se estrena el 19 de febrero. Basada en la novela del mismo nombre, de Liane Moriarty, y adaptada por David E. Kelley (Ally Mc Bell), está producida y protagonizada por Reese Witherspoon y Nicole Kidman, y su elenco lo completan Laura Dern y Shailene Woodley. Dirigida por Jean-Marc Vallée (Dallas buyers club), relata la historia de tres madres con hijos que se ven envueltas en un misterioso crimen, mientras Cabrera interpreta el papel de un profesor de teatro que resulta clave en la trama. Él no puede contar mucho más sobre el rol, dice, solo que casi todas sus escenas son junto a Witherspoon.

-Como casi en todas las tomas estuvimos solos con Reese, el ambiente era muy creativo, porque como ella era productora, daba espacio para jugar e improvisar. Hablamos muchísimo, es una persona aterrizada e inteligente, muy prolífica en proyectos. De hecho, me dijo que le encantaría trabajar nuevamente conmigo. Y con Nicole Kidman solo tuvimos un par de escenas, pero como ya habíamos actuado juntos, fue un abrazo grande; ella es muy buena gente.

El primer día de trabajo en la miniserie, recuerda, fue particular: Cabrera llegó al set y se sentó en un escritorio para familiarizarse con el contexto de su personaje. Mientras leía, las luces bajaron y una voz gritó: "¡Acción!".

-Veo la cámara encima y quedé helado. Siento unos tacos y era Reese acercándose a mí para empezar la escena. Obviamente, la filmamos más veces, pero esa adrenalina fue increíble. Esa noche no pude dormir, son las cosas por las que uno dice: "Por eso me gusta tanto mi pega".


Desde hace 15 años, Cabrera está casado con Anna Marcea (40). Se conocieron en Londres, cuando él estudiaba actuación, y al tiempo decidieron casarse por el civil. Se tardaron dos semanas entre decidirlo y hacerlo.

-Llamé por teléfono a mi mamá, ellos estaban en Moscú, porque mi papá estaba como embajador allá, y le dije: "No este miércoles, sino el otro me caso". Hubo un silencio larguísimo. Después supe que mi papá decía: "Que escriba una carta, esto no puede ser, así no se hacen las cosas". A Anna la conocían, pero fuimos impulsivos.

-Les tomó años ser padres, ¿por qué?

-Como éramos jóvenes, al principio no teníamos plata, entonces no quisimos. Y cuando decidimos tener un hijo, no llegó. Primero fueron tres años en que no lo lográbamos, después empezamos con los tratamientos, perdimos un par, fue bien duro.

-Debe haber sido sofocante para ustedes como pareja.

-Mucho. Tanto, que conversamos un día y me dijo: "No puedo más, necesito tomar el control en mi vida". Porque físicamente le estaban afectando tantas hormonas que debía tomar y emocionalmente era terrible que no resultara. Me dijo que no podía hacerlo más. Yo estaba en Praga grabando Los mosqueteros y fue una semana bien dura. Llegamos a la conclusión de que éramos muy afortunados de estar juntos y que seríamos una pareja sin hijos. Y aceptarlo nomás.

-Entre los tratamientos para quedar embarazada, ¿ella postergó su carrera?

-Sí, pero además de retomar su carrera, también era retomar su vida, porque tenía que cuidarse todo el tiempo para quedar embarazada. Era un proyecto de vida que nos tomó años y no resultaba, entonces había una tristeza en el hogar, un vacío tremendo... Y ese mismo mes que hablamos, quedó embarazada. Imagínate: estar ocho años con reloj, con los horarios para lograrlo, el tratamiento in vitro, y que todo eso no resulte, pero que de pronto suceda de modo natural. Fue un milagro. Por eso le pusimos Kilian, que significa "guerrero". Además, fue un parto de 24 horas, nació con un nudo tremendo que podría haber complicado las cosas.

Santiago, Anna y Kilian -que nació en abril pasado- llegaron de vacaciones a Chile hace un mes. Estuvieron en casa de los padres del actor en Cachagua y ahora partirán al sur.

-Quiero asentarme acá, estuve viendo unos sitios para comprar algo en el litoral, voy a ver algo en Pucón también. En Los Ángeles también quiero comprar (allá arrienda un dúplex en West Hollywood), para estar con un pie acá y el otro afuera. No me sentía tan chileno hasta que viví acá entre los 15 y los 20 años, pero tenía un vínculo potente desde chico, y quiero darle esa oportunidad a mi hijo, para que sepa cuál es su país.

 cinco personajesIsaac Méndez en la exitosa serie Heroes; Aramis en Los mosqueteros y Camilo Cienfuegos en la película Che, de Steven Soderbergh, tres de sus roles más destacados en su carrera. Más abajo, dos personajes que se verán este año: un profesor de teatro en la miniserie junto a Reese Witherspoon (dirigidos por Jean-Marc Vallé) y un villano en Transformers 5.

Por rodrigo munizaga fotos sergio alfonso lópez dirección de arte Manuel Godoy.

   
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