Reapertura y construcción de bases militares y reforzamiento de la flota de rompehielos:
Rusia realiza el mayor despliegue militar en el Ártico desde la caída de la Unión Soviética

MÚRMANSK Moscú quiere reivindicar casi 1,2 millones de km {+2} del continente rico en hidrocarburos.  

ANDREW OSBORN Reuters 

El rompehielos nuclear "Lenin", orgullo y alegría del gran juego ártico de la Unión Soviética, está anclado a perpetuidad en las gélidas aguas de este lugar. Una reliquia de la Guerra Fría ahora es un museo.

Sin embargo, tres décadas después de que el "Lenin" fue puesto fuera de servicio para convertirse en una atracción turística, Rusia está nuevamente en marcha en el Ártico y construye nuevos rompehielos nucleares.

Es parte de un impulso para afianzar el dominio de Moscú en el Ártico, mientras compite por el poder y la influencia con rivales tradicionales, como Canadá, Estados Unidos y Noruega, además de China, que llegó recién.

Las entrevistas con autoridades y analistas militares, más las revisiones de documentos de gobierno muestran que este incremento militar de Rusia es el más grande desde la caída soviética, en 1991, y dará a Moscú, en algunas áreas, más capacidades militares que las que tuvo alguna vez la Unión Soviética.

La expansión tiene ramificaciones financieras y geopolíticas de largo alcance. Se estima que el Ártico contiene más reservas de hidrocarburos que Arabia Saudita, y Moscú está dando una seria señal militar.

"La historia se está repitiendo", dijo a un grupo de turistas Vladimir Blinov, un guía a bordo del rompehielos "Lenin", llamado así por el revolucionario comunista. "En esa época (la década de 1950), la Guerra Fría estaba en su punto alto y EE.UU. lideraba en algunas áreas. Pero derrotamos a los estadounidenses y construimos el primer buque nuclear del mundo (el "Lenin"). La situación hoy es similar".

Con el Presidente Vladimir Putin, Moscú se está apurando para reabrir las bases de radares y aéreas abandonadas en las islas árticas y construir nuevas, mientras avanza con una reclamación de más de un 1,2 millones de km2.

Regularmente exhibe imágenes de sus tropas entrenando en uniformes blancos, empuñando fusiles de asalto, mientras se deslizan en trineos tirados por renos.

El Ártico, según estimaciones del Servicio Geológico de EE.UU., tiene reservas de petróleo y gas equivalentes a 412 mil millones de barriles de crudo, un 22% del gas y del petróleo aún no descubierto del mundo.

Los precios bajos del petróleo y las sanciones que Occidente impuso por las acciones de Moscú en Ucrania significan que los nuevos proyectos árticos costa afuera por ahora se guardaron, pero el Kremlin está jugando un juego de más largo aliento.

Está construyendo tres rompehielos nucleares, entre ellos, el más grande del mundo, para reforzar su flota de cerca de 40 de esas naves, seis de las cuales son nucleares. Ningún otro país tiene una flota de rompehielos nucleares que se usan para despejar canales y permitir la circulación de naves civiles y militares.

La Flota del Norte de Rusia, estacionada cerca de Múrmansk, en las aguas gélidas de la bahía de Kola, también tiene que tener su propio rompehielos, el primero, y dos corbetas capaces de operar sin la escolta de un rompehielos y equipadas con misiles crucero.

Nerviosismo

La acumulación de fuerzas está causando nerviosismo en otras partes. Unos 300 infantes de marina estadounidenses llegaron a Noruega este mes, para un despliegue de seis meses, la primera vez desde la II Guerra Mundial que se permite que tropas extranjeras estacionen ahí.

Y como están frescos los recuerdos de la anexión por parte de Rusia, en 2014, de Crimea (antes de Ucrania) la OTAN está vigilando atentamente. Seis de sus miembros realizaron un ejercicio en la región en 2015.

Las FF.AA. soviéticas tenían más potencia de fuego en el Ártico, pero estaban preparadas para una guerra nuclear con EE.UU., no una guerra convencional. Las islas árticas eran zonas de estacionamiento para bombarderos de gran autonomía, con el fin de que volaran a Estados Unidos.

Sin embargo, en una época en que se está desarrollando una batalla en cámara lenta por las reservas de energía de la región, Rusia está creando una presencia militar convencional permanente y activa con capacidades distintas y a veces superiores.

Entre las instalaciones que se están alistando hay una base en la isla Tierra de Alexandra, que albergará 150 tropas capaces de sobrevivir en forma autónoma por 18 meses. Llamado el Trébol Ártico, las autoridades señalaron que tal vez ahí se desplieguen jets militares. Se consideran apropiados los MiG-31, diseñados para derribar bombarderos de gran autonomía, o el bombardero de primera línea SU-34.

Mientras, la base aérea ártica más grande de Moscú -el "Trébol del Norte"- toma forma en la isla Kotelny, a unos 4.320 km de Moscú. Su personal será de 250 personas y estará equipada con misiles de defensa aérea. Y las estaciones de radar y los aeródromos de la era soviética en otras cuatro islas se están reacondicionando y ya se han llevado a la región nuevos sistemas de misiles tierra-aire y antibuque.

 


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Foto:REUTERS

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