Aniversario | La agencia de fotografía más importante de la historia:
Setenta años de Magnum Photos: celebraciones y desafíos

Fundada por Robert Capa junto al padre del fotoperiodismo, Henri Cartier-Bresson, la cooperativa internacional llevará a cabo eventos en Nueva York, Londres y París por su nueva década de vida. El más destacado es la muestra "Magnum Manifesto", que se desarrollará en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York, con las obras de 75 maestros de la imagen fotográfica, entre ellos el chileno Sergio Larraín.  

VANESSA LEAL SOTO 

Todo comenzó con champaña. En mayo de 1947, dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuatro fotógrafos documentales se reunieron en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York para brindar por el lanzamiento de la que hoy es la agencia de fotografía más importante del mundo: Magnum Photos. Henri Cartier-Bresson, George Rodger y David "Chim" Seymour se sumaron a Robert Capa en su idea de formar una cooperativa internacional que les diera mayor independencia en su campo. La llamaron así, se dice, por la gran botella de champaña que solía acompañarlos en sus celebraciones.

Para ese entonces, los cuatro amigos ya habían hecho algunas de las fotografías más icónicas del siglo XX. Cartier-Bresson (Francia, 1908-2004) había cubierto la Resistencia Francesa y Capa (Hungría, 1913-1954), la invasión japonesa de China y, posteriormente, la Guerra Civil Española, en la que Seymour (Polonia, 1911-1956) también participó. De esa asignación salió la polémica "Muerte de un miliciano", que Capa habría tomado en el momento exacto en el que un soldado republicano fue impactado por una bala, aunque algunos expertos la han calificado de puesta en escena y hasta han dudado de su autoría, atribuyéndosela a Gerda Tardo, la pareja de Capa, quien solía firmar con el nombre del fotógrafo. "Bob", como le conocían sus amigos, también hizo los registros más conocidos del Día D en las playas de Normandie. Mientras que Rodger (Reino Unido, 1908-1995) fue uno de los primeros fotógrafos en develar el horror del campo de concentración de Bergen-Belsen.

Cincos años después de su fundación, con la adición de fotógrafos jóvenes como Eve Arnold, Burt Glinn y Dennis Stock, Magnum ya llamaba la atención de diarios y revistas como Life, que publicó una gran cantidad de fotorreportajes de miembros de la agencia en los años 50 y 60. La cooperativa internacional, que partió con sedes en Nueva York y París y luego se extendió a Londres y Tokio, se alejó de las formas convencionales de la época con una organización horizontal en la que los fotógrafos eran dueños sus fotos. La novedad también estaba en que escogían sus propias historias y se sumergían en ellas durante meses o incluso años, siempre con la intención de no contaminar su trabajo con las directrices de editores y de gozar de una libertad que les permitiera dar su punto de vista sobre los eventos que estaban configurando la historia universal. Eso hizo que, en cuestión de poco tiempo, ser miembro de la agencia se considerase el punto más alto en la carrera de un fotógrafo.

Pero en esos años poco se había visto del mundo. Ya para los 70, con la consolidación de la televisión y la creciente demanda de fotografía artística, las publicaciones dejaron de invertir como antes en cobertura especializada y los reporteros gráficos empezaron a mirar a las galerías y los libros como formatos de difusión más asequibles, con lo que la era dorada del fotoperiodismo encontró su fin y Magnum experimentó sus primeros problemas financieros. Lo que el tiempo ha demostrado es que la muerte de la fotografía documental aún está lejos. La prueba de ello es que la agencia celebra este año su 70 aniversario, con 49 miembros en sus filas que continúan contando realidades tan distintas como distantes.

De las actividades que se desarrollarán durante el año, la más notable es la exhibición "Magnum Manifesto", que abrirá el 26 de mayo en el International Center of Photography de Nueva York, el museo-escuela que Cornell Capa fundó en 1974 para preservar la "fotografía preocupada" y rendir homenaje a su hermano, Robert Capa, quien murió cubriendo la Guerra de Indochina, al pisar una mina. La muestra explorará la historia de la segunda mitad del siglo XX a través del lente de 75 fotógrafos y 200 fotografías, así como también libros, revistas, videos y documentos rara vez mostrados. Entre los autores presentes en la muestra, que se convertirá en un libro de Thames & Hudson y luego hará una gira internacional, estarán Henri Cartier-Bresson, Cornell y Robert Capa, David Seymour, Elliott Erwitt, Joseph Koudelka, Martin Parr, Alessandra Sanguinetti, Alec Soth, Alex Webb y Sergio Larraín, en representación de Chile.

La huella chilena

Pese a que se cree que Sergio Larraín (Santiago, 1931) fue el único chileno en la plantilla de Magnum Photos, hay que señalar que Marcos Chamudes (Santiago, 1907) entró antes. Fue a principios de los 50 que la prestigiosa agencia lo contrató para que fotografiara el levantamiento popular del Movimiento Nacional Revolucionario de Bolivia; viaje en el que también tomó fotos de la sierra. Entre esa década y la siguiente, desarrolló un cuerpo de trabajo con el registro de escenas cotidianas en Nueva York, las secuelas dejadas por la II Guerra Mundial en Europa y los incidentes fronterizos de los Balcanes. También retrató a personajes del mundo cultural como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Paul Éluard, Pablo Picasso, Joan Miró y Rufino Tamayo.

Su momento cumbre llegó en 1955, en el MoMA, cuando el fotógrafo Edward Steichen lo invitó a participar con "La efigie del minero boliviano" en "The Family of Man", una de las exposiciones de fotografía más vistas en la historia, que impulsó el movimiento humanista y situó la obra de Chamudes junto a la de destacados fotógrafos de todo el mundo, incluidos Capa, Cartier-Bresson, Seymour y Rodger.

Larraín, por otra parte, llegó a Magnum en 1959, gracias a sus fotos de niños que vagaban en las cercanías del río Mapocho. Tres años antes las había enviado al MoMA y el museo le había comprado algunas que, eventualmente, Cartier-Bresson vio. Este lo invitó a formar parte de la agencia, que le dio como primer encargo retratar al capo mafioso Genco Russo, en su casona en Sicilia, ciudad en la que Larraín también incursionó en la street photography . Otros de sus trabajos importantes, que circulaban en medios como The New York Times, Paris Match y Life, incluyeron el matrimonio del Sha de Irán con la emperatriz Farah Diba, la guerrilla en Argelia, la vida urbana en Londres y su serie "Valparaíso". Al final de su vida, ya retirado en el interior de Ovalle para dedicarse a la meditación, el yoga y la escritura, seguía enviando fotos a la agencia.

Contra la polución visual

En una época en la que, como postula el fotógrafo y teórico español Joan Fontcuberta, la fotografía ya no es tanto escritura, sino más bien lenguaje, y la dictadura de las pantallas ha impuesto un nuevo orden visual, Magnum Photos se ha visto naturalmente amenazada. Este panorama, en el que la mayoría tiene acceso a la fotografía y las plataformas para difundirla, ha impulsado la masificación de las imágenes. Así, la fotografía -como decía Susan Sontag- ya no es solo un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder. Ha pasado a ser una manera de estar en el mundo, pues si no hay registro de una cosa, no existe.

De allí la importancia de la labor de Magnum, que hasta hoy ha sido, precisamente, identificar cuáles son las imágenes que merece la pena mirar. En una entrevista que The Guardian realizó a David Kogan, director ejecutivo de la agencia, después de que vendiera impresiones de imágenes de la agencia en 800.000 dólares, tras darlas a conocer vía Instagram, dijo: "Tenemos muchos seguidores (cerca de 2 millones en esa red social). Lo que quiero hacer es tomar ese interés y expandirlo dramáticamente, creando una plataforma que tenga no solo fotografías clásicas, libros y productos, sino también trabajo nuevo, para que invirtamos más en el contenido de nuestros fotógrafos, que es al final lo que nos hace buenos".

La agencia continúa enviando fotos a diarios y revistas, exponiendo, dictando talleres, realizando trabajo corporativo, y el año pasado relanzó su sitio web e incluyó hubs con historias. Su nueva política, impulsada por Kogan, busca llamar la atención de los jóvenes que toman fotos de todo lo que hacen con sus iPhones, pero que también podrían interesarse en Capa o en Moisés Samán y, de esa forma, apreciar la continuidad que existe entre las fotos de crisis pasadas y las de refugiados en Siria, además de visualizar una calidad que las distingue. Después de todo, como ha señalado Kogan, una agencia que ha cubierto tantas veces estos temas tiene algo que decir y la habilidad para decirlo.

 


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<b>El actor estadounidense</b> James Dean se pasea por Times Square, en 1955.
El actor estadounidense James Dean se pasea por Times Square, en 1955.
Foto:DENNIS STOCK/MAGNUM PHOTOS

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