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El segundo piso

Domingo 12 de marzo de 2017

¿A quién se le puede haber ocurrido algo así? ¿Mandarnos un bus de techo bajito para confirmar ese complejo de inferioridad que hemos sufrido como patología en casi toda nuestra historia?
 


 

"Segundo piso" era el nombre de fantasía con el que se bautizó a esa entidad creada en el gobierno de Ricardo Lagos que oficialmente se llamaba la Unidad de Análisis Estratégico. No era otra cosa que un equipo de tipos talentosos, con amplio conocimiento y oficio en asuntos políticos y comunicacionales que asesoraban al entonces Presidente.

El grupo -liderado por Ernesto Ottone (padre)- se granjeó buena fama y hoy no son pocos los que le dan el crédito por los éxitos de la era laguista. La prensa llegó incluso a hablar del "mítico segundo piso de Lagos".

¿Por qué se le llamaba "segundo piso"? Simplemente porque las oficinas de sus integrantes se ubicaban en esa planta del palacio de gobierno, a pasos del despacho presidencial.

El gobierno que sucedió al de Lagos fue el primer mandato de Michelle Bachelet. Como esa administración tuvo un comienzo errático y difícil, los críticos -acaso nostálgicos de la capacidad estratégica del "segundo piso" anterior- las emprendieron contra los nuevos asesores de la Mandataria. Y para hacer patente el contraste, señalaron que las antiguas dependencias habían pasado a llamarse el "entrepiso", porque los nuevos inquilinos le habían "quitado altura" al recinto.

Se me vinieron a la mente estas reflexiones cuando vi esta semana el debut del nuevo bus de dos pisos del Transantiago.

Me pareció -una vez más, cómo no- que se trataba de una metáfora perfecta de los días que vivimos en el país.

Como saben, el segundo piso del bus es bajo; un chileno de estatura media debe agacharse para caminar por sus pasillos. Los canales de TV, por hacer un truco o una travesura, enviaron a reporteros de un metro ochenta a hacer notas del vehículo y por eso los noticiarios se llenaron de periodistas informando con el cuello torcido.

¿A quién se le puede haber ocurrido algo así? ¿Mandarnos un bus de techo bajito para confirmar ese complejo de inferioridad que hemos sufrido como patología social los chilenos en casi toda nuestra historia?

¿No saben que en el mundo se burlan de nosotros porque somos los que hablamos en diminutivo? ¿Me sirve un cafecito? ¿Te puedo llamar, cortito, por teléfono? Me atrasé un poquito. Me salió un pitutito. Se ensució el potito.

Y ahora nuestro transporte público tiene buses de dos pisos... pero con techo bajito. Para los chilenitos.

¿Será que eso es lo que proyectamos? Quizás porque nos conformamos con poco.

Nuestras autoridades se dan por satisfechas cuando crecemos a un misérrimo 2%, y celebran la "resiliencia" de nuestra economía. ¿Habían visto eufemismo igual? Y tampoco se alarman cuando las encuestas les dan 20% de aprobación a su desempeño.

En algún momento nos creímos jaguares, líderes, campeones. Pero parece que ya no más. Ahora nos conformamos con poquito. Apenas con un "shiquitito".

Se nos pegó la cultura del "entrepiso".

Ahora, cuando vea pasar por la calle al nuevo bus del Transantiago, ya no le voy a decir el bus de "dos pisos", sino el bus con "entrepiso".