El joven político que quiere ser el Kennedy holandés

IMANE RACHIDI El Mundo 

Joven. Carismático. Idealista. Cercano. Jesse Klaver dio el grito de guerra delante de unos 5 mil seguidores la noche de la elección. "Estamos contando la historia positiva de Holanda", dijo. Siempre quiso ser el John. F. Kennedy de los Países Bajos y con ese ímpetu luchó en los comicios, para poner en primer plano a su partido. El líder de la izquierda verde holandesa (GroenLinks) es el verdadero ganador de estas elecciones: logró 10 escaños más de los que tenía.

A pesar de no haberse llevado ni el primer ni el segundo lugar, el mensaje de su victoria es claro: en Holanda se busca la integración de los inmigrantes y las políticas sociales, en contra de todo lo que haya dicho en estos meses el populista Geert Wilders.

A sus 30 años, su carácter campechano y su apariencia le han hecho ganarse el calificativo del "Trudeau" holandés, por el Primer Ministro de Canadá. "No vamos a acoger a todos los refugiados del mundo, porque es imposible, pero tampoco los vamos a dejar morir en el mar. Como Europa, debemos trabajar por una solución", clamó esa noche.

Su historia de vida hace aún más interesante su triunfo. Es hijo de un marroquí, la comunidad contra la que Wilders siempre predica. Creció en un barrio humilde y fue educado por sus abuelos. Su padre lo abandonó de pequeño por lo que decidió usar el apellido de su madre, de origen indonesio: Klaver.

Los 14 escaños que consiguió en el Parlamento triplican su representación actual. Y eso que Klaver es un recién nacido en la política holandesa. Entró al Parlamento en 2010 y heredó el liderazgo de GroenLinks en 2015.

Siempre con una sonrisa, contagia su liderazgo y sus ganas a sus compañeros. Tras la crisis del gobierno en 2012, y la convocatoria de elecciones, los verdes lograron apenas 4 escaños, la cifra justa para que Klaver se mantuviera como diputado.

En la pasada legislatura, consiguió el favor de los holandeses al oponerse firmemente a la evasión de impuestos. Quería poner fin a la calificación de "paraíso fiscal" por la que algunos se acercan a los Países Bajos. Y en las últimas tres semanas, volvió a ganar apoyo gracias a su campaña antirracista y proeuropea.

Admirador fervoroso del ex Presidente Barack Obama, ahora tiene delante una decisión vital: ¿Ser o no parte de la próxima coalición de gobierno? Ser el único partido de izquierda en una posible coalición de centroderecha podría acarrearle un castigo de sus votantes, como le pasó a los laboristas esta vez.

La alternativa es apostar por una oposición fuerte, pero no participar en el gobierno podría hacerlo caer en el olvido.

Pase lo que pase con el futuro gobierno, la versión holandesa de Trudeau tendrá siempre la oportunidad de promover la unidad nacional y social. "Hay una corriente que tiene suficiente odio, miedo y división, queremos darles voz para buscar soluciones que nos unan, no que nos separen" , afirmó. Para él, Holanda es de " todos los holandeses que viven en ella" . Y el electorado le dio la razón.



 


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Foto:REUTERS


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