La fábula coja

 

La novela de Kazuo Ishiguro, si se lee literalmente, es una historia fantástica con un final abierto. Ambientada en Inglaterra en la época medieval posartúrica, narra el viaje de una pareja de ancianos -Axl y Beatrice- desde la aldea en que viven, en búsqueda de su hijo perdido hace años pero que, al parecer, se encuentra esperándolos en otra aldea lejana a unos cuantos días de camino. La pareja, que se manifiesta un gran cariño y respeto, padece, igual que toda las personas de la aldea y de la región, una curiosa forma de olvido -que llaman niebla- de modo que su pasado personal y colectivo es impreciso, confuso y plagado de enigmas. El causante de esa amnesia es un dragón hembra -Querig- que fue hechizado por el mago Merlín después de una triunfal y cruenta batalla entre britanos y sajones ganada por el rey Arturo varias generaciones atrás, victoria que dio lugar a una paz duradera pero ominosa. A lo largo del viaje, la pareja de ancianos se encuentra con otros personajes enigmáticos, como el caballero Gawain, el guerrero Winstan, el joven Edwin, además de ogros, duendes, perros diabólicos, monjes malvados y benignos, barqueros tramposos, arpías y otros seres reales y fantásticos que los acompañan en sus peripecias hasta que, muerta la dragona por el valiente y honorable Winstan, la pareja recupera la memoria y con ella aparece la verdad acerca del hijo desaparecido y sella el destino sentimental de los ancianos.

Ishiguro siembra el relato de acertijos a la vez que intenta generar personajes con una interioridad rica y compleja. Ese es el principal mérito de la novela.

Las peripecias exteriores -si bien se alargan en demasía- encuentran un equilibrio por la elaboración de la conciencia de Axl, Beatrice, Gawain y Winstan, marcando Ishiguro con esta profundización psicológica una distancia con la mera novela de aventuras fantásticas medievales. Es esta dimensión la que abre la interpretación de la novela a otras lecturas que la enriquecen.

Una línea importante se refiere a la interrogante por la cantidad de verdad que puede soportar el amor de una pareja. La niebla del olvido y el dragón hembra que la provoca es a la vez un obstáculo para alcanzar la verdad inasible acerca de sus vidas y el escudo protector en contra de los dolores infligidos por ambos en el pasado que, vueltos a surgir, los podrían separar. A nivel colectivo, esta lectura alegórica -inducida con bastante obviedad por el autor- igualmente plantea el dilema entre una paz fundada en el olvido de las injusticias y crímenes históricos o una memoria que abre la compuerta a un nuevo ciclo de cruentas venganzas. ¿Cuán resistente es el amor entre dos seres queridos o la paz entre dos pueblos hermanos a la verdad que trae la memoria? ¿Hasta qué punto es conveniente, tanto a nivel individual como social, recordar? Antes que Ishiguro, por cierto, muchos pensadores y narradores se han planteado estas interrogantes.

Como narrador, sobre todo en la primera parte de la novela y en algunos de sus episodios finales, el autor logra construir el punto de vista de lo que podría llamarse una "mentalidad medieval-fantástica", una mezcla confusa de racionalidad y superstición, de magia y religión, de miedo y arrojo. El lector "suspende su incredulidad" y se deja llevar por el narrador, acompañando con relativa ingenuidad a los personajes en su periplo extraordinario. Así, solo desde un punto de vista exterior y crítico, la narración tiene ese carácter fantástico, pero desde el ángulo interno del lector, es una peripecia real. Ese es el logro mayor de Ishiguro: hacer compartir al lector la visión de mundo de un hombre o mujer de esa época.

No siempre el relato mantiene ese hechizo: en no pocas ni breves ocasiones esa visión se adelgaza, la conciencia de los personajes se simplifica o desaparece y, entonces, el lector salta fuera de la historia y percibe solo su lado exterior y e irreal.

Quizás el problema de esta novela -en ningún caso por entero desechable, pero tampoco la obra maestra que para algunos pretende ser- es el exceso de claves alegóricas que se introducen en el relato -¿qué simbolizan el "gigante enterrado", el dragón hembra, el banquero y la Isla encantada-, porque esas figuras tienden a una abstracción y debilitan, por lo mismo, la concreción psicológica del relato. La mezcla de géneros (relato fantástico y novela psicológica) pierde al final consistencia y más bien se diluye en un relato alegórico en relación con un tema, que, como se dijo antes, ha sido ya tratado con bastante éxito en la tradición filosófica y literaria.

La prosa correcta de Ishiguro progresa sin la contención y refinamiento que alcanzó a deslumbrar en obras como Los restos del día o Un artista del mundo flotante .

 


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<p>Kazuo Ishiguro Nagasaki, 1954</p><p>Escritor británico nacido en Japón. Es autor de novelas, relatos y guiones cinematográficos. Entre las primeras destacan <b>Pálida luz en las colinas</b> (1982), <b>Un artista del mundo flotante</b> (1986), <b>Lo que queda del día</b> o <b>Los restos del día</b> (1989) y <b>Cuando fuimos huérfanos</b> (2000). <b>Lo que queda del día</b> fue adaptada al cine en 1993 y <b>Nunca me abandones</b> (2005), en 2010.</p><br/>Lo que queda del día fue adaptada al cine en 1993 y Nunca me abandones (2005), en 2010

Kazuo Ishiguro Nagasaki, 1954

Escritor británico nacido en Japón. Es autor de novelas, relatos y guiones cinematográficos. Entre las primeras destacan Pálida luz en las colinas (1982), Un artista del mundo flotante (1986), Lo que queda del día o Los restos del día (1989) y Cuando fuimos huérfanos (2000). Lo que queda del día fue adaptada al cine en 1993 y Nunca me abandones (2005), en 2010.


Lo que queda del día fue adaptada al cine en 1993 y Nunca me abandones (2005), en 2010

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