EXPOSICIONES Muestra de arte abstracto nacional abre el jueves:
Una música de colores y formas invade La Moneda

Del 23 de marzo al 28 de mayo se exhibirá en el Centro Cultural La Moneda una muestra comisariada por Ramón Castillo que reúne por primera vez sesenta años de creación abstracta en Chile. Ofrecerá un animado despliegue de colores y formas, rescatando el ímpetu y la envergadura del movimiento de los artistas geométricos, abstractos, concretos y cinéticos, cuyas obras han sido facilitadas, en gran parte, por coleccionistas privados.  

Marilú Ortiz de Rozas 

Fue una revolución y así lo consigna la historia del arte. Vicente Huidobro fue quien la lideró inicialmente en Chile, fundando el movimiento creacionista, que propugnaba dejar atrás un arte imitativo o laudatorio de la naturaleza, para concentrarse en el acto propiamente creativo: "Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas! Hacedla florecer en el poema". Sus máximas no solo tienen eco en la literatura, sino también en las artes visuales, y una selección de obras que se desapegan de la representación realista, efectuadas desde mediados del siglo XX hasta la primera década del XXI, es lo que podrá apreciarse desde el jueves en el Centro Cultural La Moneda. Bajo el título de "La revolución de las formas. 60 años de arte abstracto en Chile", la exposición reúne 214 obras de cuarenta y dos artistas, en su gran mayoría nacionales, que dan cuenta de un capítulo fundamental, y poco explorado, de la historia del arte en Chile y Latinoamérica. Esta se relaciona directamente con lo que estaba pasando en el resto del mundo, a la vez que logró conectar la tradición precolombina y la modernidad local.

"El arte abstracto, o no figurativo, constituye un momento clave de la evolución del arte occidental al proclamar, a lo menos, cinco principios que definieron su condición de vanguardia", precisa Ramón Castillo, curador de esta exposición y actual director de la Escuela de Arte de la Universidad Diego Portales. Esos principios son acabar con una visualidad imitativa; proponer un nuevo lenguaje con vocación universal, pero con una gramática local; escribir manifiestos que expliciten la práctica y el discurso; hacer del arte una realidad autónoma; e integrar las artes con la arquitectura, la ciencia, el diseño, el urbanismo, la literatura y la música.

"Además, como decía Matilde Pérez, cuya retrospectiva (en 1999, en el Museo Nacional de Bellas Artes) fue el punto de partida de esta muestra, este arte es democrático, porque aspira a ocupar el espacio público. Y, en apariencia, es simple, al alcance de todo el mundo", agrega Ramón Castillo.

Las obras provienen en su mayoría de colecciones privadas, por lo que se realizó una larga labor para reunirlas. Incluyen pinturas, dibujos, fotografías y esculturas que rescatan la expresión del movimiento de la abstracción en Chile desde sus inicios, con la simplificación de las formas, hasta el desarrollo de un arte concreto, cinético y constructivo.

Entre sus principales figuras se cuentan Luis Vargas Rosas, considerado el primer abstracto chileno, los miembros de los Grupos Forma y Espacio, y Rectángulo, encabezados por Ramón Vergara Grez, James Smith, Claudio Román; y entre las mujeres, Matilde Pérez, Virginia Huneeus, Aixa Vicuña, Carmen Piemonte y Elsa Bolívar, así como los artistas independientes Ricardo Yrarrázaval, Iván Vial, Carlos Ortúzar, Mario Carreño, entre muchos otros. Y para ofrecer un completo panorama del arte abstracto en la región, se incluyen obras del uruguayo Joaquín Torres García y de los argentinos, Emilio Pettoruti, Claudio Girola y Ennio Iommi.

"Esta generación, por diversas razones, no pudo desarrollarse como hubiese debido, y este capítulo de la historia del arte lo hemos conocido fragmentadamente, a través de algunos de los grupos o maestros, pero, como tendencia, es muy amplia y faltan aún muchos estudios al respecto. En su tiempo no existieron ni coleccionistas, ni críticos, ni historiadores, ellos mismos editaron sus textos", manifiesta el curador. El trabajo de recuperación historiográfica y expositiva de la generación lo han efectuado investigadores y curadores durante los últimos años, desde Milan Ivelic y Gaspar Galaz, a Soledad Novoa, David Maulén, Enrique Rivera, Carlos Navarrete y Ernesto Muñoz, entre otros.

Más que maestros, líderes

La época en que surgen y florecen estos artistas fue una era de intercambios, influencias y apropiaciones. "En tal sentido, no hubo un único maestro. Todos aprendían de todos, si bien hubo líderes que establecían el método de estudio y recordaban las fuentes", explica Castillo.

Para el curador, fundacional fue la abstracción que cultivó Luis Vargas Rosas en sus obras realizadas en París y posteriormente en Chile. "Fue uno de los primeros artistas chilenos vinculados al grupo internacional "Abstraction-Création", precisa.

Hernán Gazmuri es otro de los artistas fundadores, y si bien no hay obra suya en la muestra -a raíz de un litigio con el Estado de Chile-, su influencia ha sido consignada.

Respecto a la primera exposición de arte concreto en Chile, la llevan a cabo Girola y Iommi, en 1952, en Viña del Mar, dos argentinos que estaban estrechamente vinculados a la Universidad Católica de Valparaíso.

Posteriormente, quiso el destino que el cubano Mario Carreño se enamorara de una chilena y terminara pasando un año en Santiago, a fines de los cuarenta; luego de una sucesión de exilios y destierros, se radicó aquí, en 1957. Venía de La Habana, tras fructíferos años en Nueva York, donde se empapó de dicha escuela pictórica. Su obra se había vuelto radicalmente geométrica y conmocionó la escena nacional. Dirá: "La pintura abstracta constructivista (no figurativa) se basa en valores puros y esenciales, libre de influencias ajenas a la propia pintura, manifestándose con una independencia comparable a aquella que goza la música. Una armonía de formas, líneas y colores, de la misma manera que la música es una armonía de sonidos, independiente de toda imitación realista".

Para Ramón Castillo, la llegada de Carreño es importante porque aporta lo que está ocurriendo en el extranjero, y eso ayuda a afianzar las búsquedas internas: "Él trae obras abstractas a fines de los 40, antes de que surja el Grupo Rectángulo, en 1955, que será el segundo momento de la abstracción nacional y se cultivó en la Universidad de Chile".

El desarrollo de la abstracción en dicha casa de estudios tendría su propio contexto histórico y las enseñanzas de los artistas del Grupo Montparnasse, que vivieron en París en los años veinte, serían recuperadas por jóvenes estudiantes que buscaban lo nuevo a fines de los cuarenta, explica el curador. Carreño no influye directamente en ellos, pero más tarde será uno de los fundadores de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, en 1959, donde sí irradiará su luminoso legado, pero sin tratar de formar discípulos, como muchos de ello.

"Respecto a Vergara Grez, fue uno más de los creadores del Grupo Rectángulo, pero hacia fines de los cincuenta ya demuestra capacidad de trabajo, gestión e investigación que lo instalan como líder, más que en la Escuela de Bellas Artes, en el Pedagógico. Desde ahí creará un grupo nuevo: Forma y Espacio, desde 1962", sostiene. Esto lo hace tras regresar de Argentina y crear una red, por lo que Castillo afirma que Vergara Grez, a través de estos grupos y manifiestos sucesivos, formó una escuela de pintura geométrica y constructiva. "Tenía en su espíritu la referencia de 'La Escuela del Sur' de Torres García", agrega.

Citas, lenguaje y belleza

En esta exposición abundan las citas, porque la curatoría quiere presentar no solo a pintores, sino también a intelectuales. "Por eso hemos recuperado el pensamiento de Carreño, de Elsa Bolívar, los manifiestos de Grez, entre muchos otros, que dan cuenta de artistas que eran muy instruidos, reflexivos y formados", destaca Ramón Castillo.

Otro aspecto interesante es que la muestra devela investigaciones comunes entre ellos, por ejemplo respecto a los "planos inestables". "En lenguaje geométrico, significa cómo el plano pictórico se subdivide a partir de la sección áurea, y luego se empiezan a trazar diagonales", explica el curador. Todos trabajaban estas diagonales, y al exhibirlas en conjunto, en cierta forma se disuelve la autoría y se vuelve una creación colectiva, que era un anhelo de estos artistas. También es un movimiento en el cual hay numerosas mujeres, otro aspecto que pone de relieve la exposición.

"Después del éxito de Picasso, que en apenas 77 días logró congregar a más de 350 mil personas -alcanzando el récord de 4 mil 500 personas por día-, creemos que el público está más preparado para una exposición de esta naturaleza. El arte abstracto chileno, hasta ahora bastante ignorado, merecía que se le dedicara una muestra de esta envergadura, con coloquios, catálogo y libro. Además, la muestra es profundamente bella", señala Alejandra Serrano, directora ejecutiva del Centro Cultural La Moneda.

En tanto, Ramón Castillo destaca que se trata de una iniciativa que reactiva la memoria colectiva e inaugura una escena de nuevos espectadores para obras que esperaron varias décadas en sus talleres. "Permite además rediseñar las narrativas de nuestro arte. Este está más conectado de lo que creemos con lo que sucede afuera, y esta exposición se suma a los esfuerzos simultáneos y colectivos que han realizado durante estas últimas décadas coleccionistas, historiadores, curadores, investigadores y artistas", sostiene.

Muchas de estas obras no se habían expuesto previamente, y, lo más importante, al momento de su hallazgo -incluso en los entretechos de las casas de los artistas-, se descubre que contienen una clave moderna de estética, matemática y ética que ha estado esperando ser descifrada. "Muy elocuente de este espíritu de comunicación ampliada es el título de un cuadro de Vergara Grez, 'Carta abierta a Europa' (1958), pues las obras de esta exposición son cartas abiertas a Chile y al mundo. Y esa es la utopía moderna que se recupera en este trabajo curatorial", concluye.

 


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Elsa Bolívar, Esquema sin objeto, 1961, óleo sobre tela, 128 x 82 cm, colección privada.<br/>
Elsa Bolívar, "Esquema sin objeto", 1961, óleo sobre tela, 128 x 82 cm, colección privada.

Foto:fotos: CENTRO CULTURAL LA MONEDA

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