Reedición "A pie por Chile":
Las excursiones de Manuel Rojas por los rincones de Chile

A 50 años de su primera publicación, el libro que recopila los relatos de Rojas en sus viajes por el país fue reeditado a fines del año pasado e incluye 27 nuevas crónicas y fotografías, con el fin de incentivar a los lectores, a través de la fluida prosa de Rojas, a recorrer nuestro país caminando.  

Catalina Aguilar 

"A la vuelta del primer viaje que hice, a pie, desde la quinta de El Alfalfal hasta los baños termales de Salinillas, pensé que si había por allí algo que merecía ser cantado en verso o en prosa, ese algo era el estero Relbo. (...) En un cauce de unos tres o cuatro metros de ancho corría el agua más pura y más fresca que había visto y sentido en mi vida (...), tan fresca que no podía resistirse por más de dos o tres segundos".

Infatigable fue la pasión de Manuel Rojas por caminar los recónditos paisajes de Chile, y cientos fueron las aventuras que experimentó en sus excursiones escalando cerros, enfrentando la nieve, las tormentas y el ardiente sol en unas caminatas que duraban días completos, y que Rojas disfrutaba intensamente.

Estas experiencias fueron las que el autor de "Hijo de ladrón" y "El vaso de leche" escribió en decenas de crónicas de viaje, publicadas, durante más de 50 años, en los diarios Las Últimas Noticias, El Clarín, Los Tiempos y La Prensa de Buenos Aires. Y en revistas como En Viaje, de la Empresa de Ferrocarriles del Estado; y Zig-Zag.

El propio Rojas fue quien se encargó de recopilar gran parte de estos textos en el libro "A pie por Chile" (1967), y en cuyo prólogo invita al lector a recorrer los paisajes del país: "(Los relatos) pueden inspirar, a un niño o a un adolescente, el deseo de caminar su tierra y conocerla con detención, conocer las cosas, los seres y los hechos pequeños".

Rojas hacía sus recorridos a pie, pues según él era la única manera de llegar y de conocer realmente los rincones más escondidos en la geografía chilena.

El presidente de la Fundación Manuel Rojas, Jorge Guerra, comenta el porqué de la vocación de caminante del autor: "Cuando tenía 15 años trabajó en la cordillera, ahí le tomó el gusto a la montaña. Un año después, él ya estaba cruzando la cordillera a pie". Y agrega: "La conexión con la naturaleza tiene que ver también con una impronta anarquista, que planteaba el disfrute de la actividad física, la salud corporal, la movilidad permanente y el nomadismo. Eso del caminar, además del placer, tiene una cosa existencial para Rojas".

Este año, el libro celebra su aniversario número 50 con una novedosa reedición publicada a fines de 2016 por editorial Catalonia e impulsada por la Fundación Manuel Rojas en conmemoración de los 120 años del nacimiento del escritor, quien fue Premio Nacional de Literatura en 1957.

"Rojas es una figura clave en la narrativa chilena, ya que representa a los sectores marginados de la sociedad, con una complejidad y sofisticación que no se había dado antes en la literatura nacional", dice Ignacio Álvarez, académico de la U. de Chile, y añade: "A principios del siglo XX, se hablaba de estos grupos generalmente desde la militancia, representados como el hombre proletario. Pero en el mundo popular de Manuel Rojas la psicología de los sujetos es muy importante. Relata cómo se adaptan y se mueven de acuerdo a sus experiencias". El académico afirma también que Rojas junto con María Luisa Bombal y José Donoso introdujeron, en la década del treinta, la vanguardia del realismo en la literatura chilena, en una época marcada por el criollismo y el naturalismo.

Para Álvarez, "A pie por Chile" posee un valor especial, debido a la visión del escritor sobre la identidad chilena: "Rojas experimenta el país, habla con los chilenos y recorre el territorio. No se trata del patriotismo abstracto que te llama a ir a la guerra, sino de construir Chile, viviéndolo. Rojas plantea que nosotros, como seres humanos, nos vamos construyendo cada día, y así también vamos construyendo nuestra identidad", apunta.

En esta reedición de "A pie por Chile" se adhieren a la selección original 27 crónicas de viaje que Rojas publicó en diarios chilenos y argentinos.

A pie con sus hijos

La nueva edición también incorpora fotografías históricas donde aparece el escritor en sus excursiones junto a sus compañeros del Club Andino de Chile, amigos y hasta con sus propios hijos, quienes, desde pequeños, exploraron entusiasmados junto a su padre los fragosos caminos de las montañas y los amplios tramos costeros del país.

En una de ellas aparece Rojas junto a sus tres hijos asomados en la ventana del tren que los dejaría encaminados en el recorrido para descubrir el lugar exacto en que se formaba el estero cordillerano, El Coipo. Y así relata Rojas su encuentro: "Ahí, al pie mismo de la montaña, en unas arrugas del terreno, pues no alcanzaban a ser grietas, encontramos las primeras gotas de El Coipo. (...) El coipo no nacía, se hacía como podía, un self-made stream , como diría un americano".

Paz Rojas, hija del escritor, recuerda los momentos en los que viajó con su padre con apenas 8 años: "Conozco todos los alrededores y las cordilleras del Cajón del Maipo porque él nos llevaba, subíamos todos los cerros, recogíamos piedras, fósiles y buscábamos plantas", dice. Y agrega: "Se sabía de memoria los nombres de todos los pájaros, las plantas, los cerros, conocía a Chile como la palma de su mano".

Otra novedad de esta reedición son las ilustraciones a modo de mapa, que realizó el artista Rafael Edwards, donde el lector puede reconocer los lugares por los que pasó el escritor. Como el volcán Tupungato, los caminos costeros de Valparaíso hasta Isla Negra y la Laguna del Perro, entre Pichilemu y Cahuil, entre otros. Esta especie de cartografía ilustrada es una invitación a los lectores a recorrer esos lugares tal como él lo hizo, a pie.

Historias de viaje

En las 92 narraciones del libro, Manuel Rojas camina junto al lector. Cuenta cómo eran los ríos, las montañas, los lagos, el cielo y los pájaros que se encontraba en sus viajes. Cóndores, queltehues, chincoles, diucas, tordos y zorzales fueron algunas de las aves chilenas que inspiraron al autor. Aunque el más majestuoso fue, sin duda, su encuentro con cóndores en plena cordillera.

"Las negras alas de los cóndores (...), extendidas al máximo, las plumas rígidas, como si fueran de metal, zumbaban en el aire (...) Deslizándose más que volando, dieron vueltas sobre nuestras cabezas, observándonos".

Rojas también cuenta las leyendas que circulan entre los arrieros en la alta cordillera como la Lola: "Vestida de blanco, casi invisible en medio de la nieve la Lola llamaba en las cumbres al viajero solitario, y este sorprendido y atraído por aquella voz de mujer, abandonaba su camino". Y el espíritu de la montaña, que causa estragos ciertos días del año.

El libro aún no ha sido presentado y Jorge Guerra planea hacerlo a fines de este mes: "Nuestra idea es que sea en el exterior, en el cerro San Cristóbal, por ejemplo, y atraer a organizaciones de trekking para que el libro sirva de inspiración para los jóvenes que participan de estas actividades", concluye.

 


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De izquierda a derecha: Arturo Jeria, Manuel Rojas, Sergio Peña; y abajo, Patricio Rojas en la Laguna del Perro, Pichilemu, 1940.
De izquierda a derecha: Arturo Jeria, Manuel Rojas, Sergio Peña; y abajo, Patricio Rojas en la Laguna del Perro, Pichilemu, 1940.
Foto:Archivo: Fundación Manuel Rojas

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