Ideas La autenticidad de la imitación:
El Lejano Oriente o la prevalencia de lo comunitario

En "Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China", su libro más reciente en nuestro país, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han rescata una serie de concepciones que configuran un pensamiento alejado del esencialismo, el genio individual y la identidad fija; y que explicarían desde la falsificación de productos hasta el comunismo sui generis del gigante asiático, pasando por el patrimonio. Tres especialistas chilenos enriquecen y cuestionan la mirada del ensayista.  

Juan Rodríguez M. 

En 2007, el Museo de etnología de Hamburgo clausuró una exposición de guerreros chinos de terracota cuando sus autoridades supieron que las piezas eran copias. La Unesco eliminó de la lista de patrimonio cultural de la humanidad al Santuario de Ise, el lugar sagrado más importante del Japón sintoísta, porque aunque tiene mil trescientos años de antigüedad, el templo se reconstruye por completo cada veinte años.

Ambos casos los cuenta el filósofo surcoreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959) en su libro más reciente en Chile: "Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China" (Caja Negra). Un ensayo que revisa una serie de conceptos que revelan, según Han, la condición deconstructiva del pensamiento chino.

La verdad de lo falso

Con el permiso de los iniciados, diremos que la deconstrucción es un concepto acuñado en el siglo pasado por el filósofo franco-argelino Jacques Derrida (1930-2004). Apunta al hecho de que toda estabilidad (texto, principio, sentido) es inestable, está constituida por una serie de diferencias; no hay esencia. O si se prefiere: en las premisas de cualquier estructura vive la posibilidad de su desestructuración. Así, "deconstruir algo" no es construirlo, claro, pero tampoco destruirlo, si no más bien desarreglarlo, perturbarlo, mostrar su constitución; y por qué no, ya que todo orden es inestable, transformarlo. "El pensamiento chino no se caracteriza por concebir la creación a partir de un principio absoluto, sino por el proceso continuo sin comienzo ni final, sin nacimiento ni muerte", escribe Han.

Shanzhai es un neologismo chino que significa apropiación de una forma o idea; es decir, falsificación. El término nació para referirse a las imitaciones de celulares: Nokia, Samsung, entre otros, que se vendían con nombres como Nokir o Samsing. Pero a estas alturas hay arquitectura, comida y hasta estrellas del espectáculo shanzhai.

"Su diseño y funcionalidad no tienen nada que envidiar al original. Las modificaciones técnicas o estéticas les confieren una identidad propia. Son multifuncionales y están a la moda". De Adidas se pasa a Adadas, Adadis, Adis hasta llegar a Dasida. Es una suerte de dadaísmo que no solo expresa creatividad, sino que "también tiene un efecto paródico o subversivo frente al poder económico y los monopolios", dice Han. "Los productos shanzhai no pretenden engañar a nadie. Su atractivo consiste precisamente en que ellos mismos indican de manera expresa que no son un original, sino que juegan con este". Hasta el maoísmo sería "una forma de marxismo shanzhai"; es decir, el marxismo que se inventó en un país sin trabajadores ni proletarios: "Su capacidad de hibridación hace que el comunismo chino se apropie del turbocapitalismo", no hay espacio para la fijación ideológica. De modo que -sugiere Han- no debería extrañar que desde dentro de la dictadura china se liberen las energías antiautoritarias y subversivas que hagan surgir "una forma política que podría denominarse democracia shanzhai".

La tesis de Han es que el shanzhai es expresión de una cultura que entiende la creación como un proceso continuo, incluso colectivo, ajeno a genialidades individuales, firmas y hasta derechos de autor. Y que, en general, ve la realidad de manera no esencialista, a diferencia de Occidente. Una lógica -no solo china, sino en general del Lejano Oriente- que explica los guerreros de terracota copiados y la reconstrucción constante del Santuario de Ise: allí donde Occidente entiende la restauración y preservación como culto a las marcas de antigüedad, para el Lejano Oriente consiste en "la reconstrucción constante", tal como ocurre en la naturaleza: "El organismo también se renueva a partir de un cambio ininterrumpido de células. Al cabo de un tiempo, queda renovado".

Esa visión de mundo se expresa en el vacío del budismo chino. En el Tao, que significa camino y "presenta una contrafigura frente al ser o la esencia ". También en el derecho - quan -, que indica la capacidad de adaptarse; en lo original, zhenji , que literalmente significa "huella verdadera" y apunta a un proceso infinito. Y en la copia - fuzhi - que significa recreación. Entonces uno podría preguntar: ¿qué le puede enseñar el pensamiento oriental a Occidente? Y responder con Han: "A pesar de que la globalización genera muchas sorpresas y causa grandes disgustos al Lejano Oriente, podría liberar las energías deconstructivas".

No es copia

¿No estamos cayendo en fijaciones al hablar de "pensamiento oriental" y "pensamiento occidental"? María Montt -profesora del Instituto de Historia UC y magíster en Estudios Chinos de la Universidad de Londres- piensa que sí, o al menos plantea la inquietud. "El hecho de pensar el pensamiento 'oriental' en esos términos (como oriental) corre el riesgo de volver a situarse en esencialismos y nociones estereotipadas de países y regiones asiáticas", dice.

Sí le parece interesante mirar el pensamiento chino como una deconstrucción "desde adentro". "Han hace una propuesta que ayuda a salir de paradigmas binarios o jerarquizados en relación a la copia y original". Por lo mismo se pregunta si es posible pensar dicotómicamente o a partir de contrastes las tradiciones culturales. "Lo digo porque, desde la deconstrucción, la misma idea de 'contraste', como absoluto, se ve cuestionada. Más bien pienso en procesos por medio del cual podríamos pensar el 'shanzhai' en espacios que no son China, como las iglesias de Chiloé continuamente arregladas por carpinteros; o las esculturas al aire libre que deben ser 'arregladas' por el paso del tiempo". Además, agrega, "lo 'original' sí tiene importancia en el pensamiento chino y me parece algo minimizado en lo propuesto por Han".

Agustín Letelier, especialista en literatura asiática y cultura japonesa y profesor del Centro de Estudios Asiáticos UC, también matiza. "Eso del shanzhai es una forma de referirse a algo que se hace en toda Asia desde que hay registro cultural. El pensamiento japonés ha llegado desde China, India y Corea y una vez asimilado toma un carácter muy japonés, el procedimiento podría decirse que es shanzhai, pero no es 'copia', es una forma de asimilar el conocimiento que han adquirido los antecesores, y una vez aprendido hay que dar un paso más, avanzar", explica. "Es la razón del gran respeto que se tiene a los antepasados, es la base del profundo respeto a la historia que se tiene en Asia".

Por eso en las casas japonesas existe el tokonoma , un lugar reservado para conservar algún objeto o recuerdo que viene de un antepasado. Por eso un anciano cuyo aporte a la comunidad haya sido singularmente importante puede llegar a ser considerado un dios. Como es el caso del emperador Meiji, que abrió a Japón al mundo y trajo progreso.

La lógica de la continuidad también está presente en el confucianismo, extendido en toda Asia, según Letelier. Claudia Lira -profesora del Instituto de Estética UC y estudiosa del arte y la cultura asiáticas- explica que Confucio tiende a rechazar la ley a favor de las normas de conducta y la virtud; o sea, a favor de aquello que se aprende a través de la imitación. En el terreno del arte, lo que busca el discípulo es alcanzar el "espíritu" del maestro; es decir, "su sensibilidad, su capacidad se sintonizar y vibrar con la realidad". "Cuando logra realizar una obra idéntica a la del maestro ha alcanzado la maestría, y puede contactarse directamente con la realidad y al mismo tiempo soltar toda disciplina", explica. "Imitar los gestos de artistas, las actitudes del maestro ha sido un modelo pedagógico. Cuando veo las imitaciones de marcas y otros objetos, creo que algo tienen que ver con esta larga tradición que en parte es confuciana pero también daoísta [o sea, taoísta]".

Un palimpsesto

Desde el shanzhai hasta el respeto por los ancianos, todas estas prácticas y concepciones se pueden ver como aplicaciones, o derivaciones tangenciales, de lo que Letelier llama el "principio de prevalencia de lo comunitario". Ocurre en las empresas e incluso en el campo del respeto y estudio de la naturaleza: el mandato es aprender, descubrir y compartir. "Solo en este último tiempo, y por influencia del mundo occidental, los investigadores están inscribiendo patentes para sus inventos". Aunque Letelier hace notar que también en Occidente el arte, la cultura y la tecnología avanzan a partir de la asimilación; y recuerda que los maestros de la pintura trabajaban con ayudantes. Un punto que también reconoce Han, pues, según él, solo a partir de Leonardo se configuran en Occidente las ideas de genio y originalidad.

"Una obra de arte china nunca permanece idéntica a sí misma. Cuanto más venerada, más cambia su aspecto. Los expertos y los coleccionistas escriben sobre ella. Se inscriben en la obra por medio de marcas y sellos. De esta manera, se van superponiendo inscripciones", como las huellas que configuran una memoria, como un palimpsesto; una suerte de conversación. En cambio, dice Han, la "verdad es una técnica cultural, que atenta contra el cambio por medio de la exclusión y la trascendencia ". Quizás hay que hacerle caso a Nietzsche cuando cuenta que al eliminar el mundo verdadero no nos quedamos con el aparente o falso, sino con el único. Ese que cambia.

 


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Los guerreros de terracota están hechos a partir de módulos. Se busca la reproducción, no la originalidad. No es una casualidad que la imprenta se inventara en China, dice Han.
Los guerreros de terracota están hechos a partir de módulos. Se busca la reproducción, no la originalidad. "No es una casualidad que la imprenta se inventara en China", dice Han.
Foto:AP

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