Este viernes se cumplen tres años desde el secuestro de 276 niñas:
La odisea de la primera joven que va a la universidad tras escapar de Boko Haram

Aunque la campaña "Bring Back Our Girls" logró visibilizar su situación, aún quedan 195 adolescentes nigerianas secuestradas por el grupo terrorista. Sa'a era una de ellas. Aquí cuenta cómo logró arrancar de sus captores y hoy intenta rearmar su vida lejos de su país.  

Margherita Cordano F. Desde Dubái 

Cuando escuchó que unos pasos se acercaban hasta el dormitorio que compartía con sus compañeras de colegio, Sa'a pensó que era extraño que los guardias que custodiaban el sector hubieran dejado sus puestos de vigilancia. Desde que en 2013 el gobierno de Nigeria declarara estado de emergencia por la amenaza de Boko Haram, los colegios del estado de Borno habían reforzado su seguridad: el grupo terrorista islámico no cree que las mujeres tengan cabida dentro de la sala de clases, por lo que atacan aquellos establecimientos que promueven la educación occidental y, en particular, femenina.

"Asumimos que eran personas de seguridad que venían a ayudarnos, porque usaban uniforme militar y cargaban pistolas. Nos decían que nos reuniéramos y que nada malo nos iba a pasar", recuerda Sa'a sobre la noche en que Boko Haram llegó hasta la Escuela Gubernamental de Chibok.

Este viernes se cumplen tres años desde ese día. Uno que terminó con 276 niñas, de entre 16 y 17 años, secuestradas y gatilló una campaña internacional para su liberación. A través de "Bring Back Our Girls" (devuelvan a nuestras niñas), desde Barack Obama hasta Michelle Bachelet pidieron que las adolescentes volvieran sanas a sus casas.

"Nos rodearon con sus armas y nos dijeron que no debíamos correr ni gritar, que si lo hacíamos nos matarían a todas. Así que los seguimos mientras quemaban el colegio; quemaron nuestra ropa, libros...todo", explicó Sa'a en el Foro Global de Educación y Habilidades que hace unos días se llevó a cabo en Dubái. Hasta ahí llegó para dar testimonio de cómo a pesar de los obstáculos, todavía tiene ganas de seguir estudiando.

Arrancar

Usando un seudónimo, con peluca, lentes oscuros y la voz entrecortada, Sa'a explicó que al darse cuenta de que sería raptada, tomó su celular y llamó a su papá. Este le dijo que esperara a que sus profesores llegaran a auxiliarlos. El problema fue que nunca aparecieron: al verse amenazados a punta de balas, arrancaron antes de poder socorrer a sus estudiantes.

"Nos apretujamos en un camión al que nos obligaron a subir. Por la falta de espacio algunas tuvimos que irnos sentadas sobre otras". El camino que siguieron era uno pedregoso y poco iluminado que se internaba en el bosque. Hasta el día de hoy, se desconoce el paradero exacto de las 195 niñas que todavía siguen en cautiverio.

"Algunas compañeras empezaron a saltar. Y entonces me puse a pensar a dónde iríamos y qué nos harían. Me di vuelta y le dije a una amiga que saltaría también. Le comenté que prefería arriesgarme y morir sabiendo que mis papás tendrían la oportunidad de encontrar mi cuerpo", explicó. Con su amiga tras ella, Sa'a se tiró del camión en movimiento.

Tras caer al suelo permaneció ahí unos minutos, hasta que escuchó que su compañera le gritaba que estaba herida de un tobillo. "No podía caminar y lloraba, ninguna sabía qué hacer ni dónde estábamos. Nos sentamos bajo un árbol toda la noche". Su amiga nunca logró dejar de llorar. "Me pedía que escapara y la dejara morir sola".

La respuesta de Sa'a fue caminar hasta encontrar el pueblo más cercano. De pronto se topó con un pastor a quien tuvo que convencer que las ayudara. Montados los tres en una bicicleta lograron llegar a una villa, donde las niñas pudieron contactar a sus familias.

Cuatro meses pasó Sa'a escondida en su casa, hasta que una organización no gubernamental la sacó de Nigeria y la llevó a Estados Unidos. Hoy, con orgullo, ostenta el título de ser la primera joven raptada por Boko Haram en entrar a la universidad; su sueño es ser médico. Aunque le pedimos más detalles de su vida, no cuenta mucho. Por haber escapado, ella y su familia siguen estando en la mira del grupo terrorista. Por eso su nueva vida es resguardada con celo.

 Más seguro

Sa'a no fue la única víctima de Boko Haram en llegar al Foro Global de Educación y Habilidades, que anualmente organiza la Fundación Varkey en Dubái. Junto a ella estaba Rachel -también un seudónimo-, una joven de 20 años quien vio morir a su padre y tres hermanos (de 10, 12 y 14 años) a manos de Boko Haram. Dirigiéndose por primera vez a una audiencia, Rachel dijo que "es triste que las niñas no puedan ir al colegio por miedo". Para luchar contra la idea de que ellas no pueden surgir, su plan es convertirse en militar "de alto rango que ayude a crear un país más seguro".



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