Cifras de las encuestas acrecientan dudas sobre la decisión:
El dilema interno del PS frente a la apuesta por Alejandro Guillier

La inquietud que ronda hoy al partido es si la rentabilidad política del apoyo al senador será la suficiente para mitigar los costos que se han generado: el oficialismo dividido con dos candidatos presidenciales, sin claridad respecto de las listas de postulantes al Congreso y con el Gobierno incómodo frente al actual estado de tensión dentro de la Nueva Mayoría.  

C. Saldivia y M. Pinto 

La deferencia de La Moneda no fue bien recibida en el PS. El lunes desde Palacio se contactaron con la directiva de la colectividad para avisarle que la Presidenta concedería una entrevista en la que diría que no era entendible que la Nueva Mayoría fuese con dos listas de candidatos al Congreso ("Ojalá haya una única lista", dijo días después la Mandataria). Lo que no le cayó en gracia al partido fue el mensaje que vino a continuación: que era una señal, pues en el Gobierno se estimaba que el socialismo en esta materia estaba aislando a la DC de forma innecesaria. Cuando justamente en el PS estiman que son los democratacristianos los que están "presionando indebidamente".

La escena, aseguran en el socialismo, cristaliza un sentimiento que cruza hoy al oficialismo y que sindica a la directiva que lidera Álvaro Elizalde como la responsable en gran medida del crispado escenario político interno por el que actualmente atraviesa la Nueva Mayoría.

El punto de quiebre: la nominación -en la forma y la oportunidad- del senador Alejandro Guillier como su abanderado presidencial en abril pasado. Decisión que, con el correr de las semanas, aún mantiene las aguas divididas en el socialismo. En todos los sectores del partido coinciden en que la apuesta que se realizó en aquella oportunidad fue alta por las consecuencias que podría generar, pero difieren a la hora de hablar de las ganancias políticas de la jugada. Mientras algunos afirman que no ha dado -y posiblemente no dé- los resultados esperados, otros señalan que en el mediano plazo los réditos llegarán y de manera abundante, apuntalados por la esperanza de que la candidatura de Guillier finalmente despegue, como prometía en un comienzo, en las encuestas.

Pero la inquietud que ronda al partido es meridiana: si la rentabilidad política del apoyo al senador finalmente será la suficiente para mitigar los costos que se han generado, con el oficialismo dividido con dos candidatos presidenciales para enfrentar las elecciones de noviembre, sin claridad respecto de las listas de postulantes al Congreso del bloque y con el Gobierno incómodo frente al actual estado de tensión dentro de la Nueva Mayoría.

La tiranía de las encuestas

Hoy en el PS existe cierta preocupación con los números. Justamente en ellos se edificaron los cálculos para efectuar la apuesta por Guillier. Y es también en las cifras donde se juega la influencia a futuro del socialismo en la Nueva Mayoría.

Aunque en la encuesta Adimark que se conoció el jueves el senador por Antofagasta detuvo la caída que venía experimentando desde enero y subió dos puntos, llegando al 21% de las preferencias, en la CEP que se hizo pública el viernes registró solo un 12,8% de apoyo.

En ambos sondeos, Guillier se consolida como la mejor carta presidencial del oficialismo y la segunda mejor opción después del ex Presidente Sebastián Piñera, pero aún no logra posicionarse como la figura que esperan en el PS. Ello, pues en la CEP es derrotado por el ex Mandatario en el escenario de segunda vuelta y es ampliamente superado respecto de la sensación de triunfo que le otorgan los consultados.

Esta posición en las encuestas, dicen en algunos sectores del PS, ha impedido que las heridas que dejó en el socialismo la declinación de la candidatura de Ricardo Lagos puedan cerrarse de manera efectiva. Sobre todo, cuando se considera que ese episodio fue el detonante de que naufragaran las primarias legales en el oficialismo y que hoy, mientras los postulantes de Chile Vamos y el Frente Amplio estén desplegados en plena campaña para captar adherentes -con franja de TV incluida-, el senador por Antofagasta deba permanecer en un segundo plano.

En el sector que lidera Elizalde, sin embargo, no existe mayor preocupación por este panorama. Aseguran que Guiller todavía tiene un amplio margen para crecer en las encuestas y confían en que el repunte podría venir después del 2 de julio -fecha en que se realizarán las primarias- cuando se iniciará "la campaña de verdad". Incluso, en la mesa directiva del PS señalan que manejan encuestas en las que el senador se impone a Piñera en una eventual segunda vuelta y dicen que por esa época los sondeos deberían mostrar un empate técnico entre los dos candidatos.

En esa línea, en la directiva estiman que es fundamental iniciar en el mediano plazo un entendimiento con Beatriz Sánchez, que de acuerdo a los análisis del PS tiene atributos similares a Guillier y le disputa el electorado, con miras al balotaje.

Diagnóstico y confianza que no son compartidos por todos los sectores del PS. En la Nueva Izquierda y Nuestra Revolución aseguran, por ejemplo, que la situación interna de la colectividad -golpeada por la renuncia de Lagos y la polémica por las inversiones del partido- ha impedido que el socialismo pueda ser el soporte de la candidatura de Guillier.

"Hay gente que se ha restado de participar, principalmente en el laguismo. Si no gana Guillier y nos va mal en la parlamentaria, la mesa queda en una mala posición", dice Freddy Ponce, uno de los líderes de Nuestra Revolución. "El PS enfrenta una situación compleja. Si no es capaz de rearticularse y superar este momento, no hay ninguna posibilidad de que Guillier gane las elecciones. Esto no es responsabilidad exclusiva de Elizalde; más bien obedece a un estado del partido", agrega el coordinador de la Nueva Izquierda, César Valenzuela.

Escasa influencia en el comando

"Guillier es un hombre que no se deja ayudar".

Este es el concepto que se ha ido instalando transversalmente en el PS durante las últimas semanas y que da cuenta de las dificultades que ha enfrentado la colectividad para ingresar de lleno a los equipos de campaña del senador.

La apuesta de la nominación en abril consideraba en sus cálculos que, a cambio del apoyo de la directiva socialista, Guillier se abriría a una participación importante del partido en la elaboración de los contenidos y en la estructura formal de la candidatura. Sin embargo, hasta hoy eso no ha ocurrido, lo que ha contribuido a que se acrecienten las dudas respecto de la rentabilidad política de la decisión.

Incluso, los últimos nombramientos que ha realizado el senador -Enrique Soler como su nuevo jefe de gabinete y Osvaldo Rosales como su jefe programático- provienen del mundo PPD.

Por ello, la semana pasada la directiva socialista se comunicó con Guillier para señalarle que era necesario "acelerar el tranco" con el objetivo de elevar su adhesión en las encuestas. En la conversación, se le propuso apurar la elaboración del programa, la estructura del comando, la recolección de firmas para inscribir su candidatura, el diseño de la campaña y el acercamiento a los partidos que lo apoyan y que le servirán de soporte.

En el PS explican que la primera señal en este sentido será el anuncio del comando "antes de este miércoles" y que será presentado en el acto de aclamación al senador programado para el 11 de junio en el Parque O'Higgins. Y el partido ya definió los nombres que lo integrarían: el alcalde de San Ramón, Miguel Ángel Aguilera (Renovados); el secretario general, Andrés Santander (Grandes Alamedas); la vicepresidenta de la mujer, Karina Delfino (Nueva Izquierda); el presidente de la juventud PS, Francisco Melo (Colectivo Identidad Socialista), y el ex encargado del refichaje de la colectividad, Eduardo Bermúdez (Tercerismo).

En el entorno de Elizalde aseguran que ha explicitado en privado que no necesita de "alguien que lo represente" en el comando, pues él "tiene línea directa con Guillier". Además, que su principal preocupación no es que haya una "gran cantidad" de socialistas en el comando, sino que sean militantes que conozcan el trabajo en terreno para conseguir votos. A sus cercanos les ha transmitido que está solamente preocupado de ganar la elección y que "todo lo demás es un detalle".

Recolección de firmas: la nueva esperanza

En los últimos días, con el objetivo de mejorar su posición dentro de la campaña del senador, el PS se trazó un nuevo objetivo. Ahora esperan ganar influencia con la recolección de firmas para la inscripción de la candidatura y pretenden erigirse como el partido que consiga un mayor número de ellas.

La meta es concreta. La directiva socialista instruyó a los militantes encargados del proceso para que logren un ritmo de 300 firmas diarias. Según las cifras que se manejan hasta el momento, el bloque tendría alrededor de 18 mil, por lo que resta conseguir cerca de 15 mil para cumplir con el objetivo a finales de agosto. En el PS señalan que pretenden contar con 30 mil firmas antes del 15 de julio para no sufrir con imprevistos de última hora.

Además, para las próximas semanas se contempla un amplio despliegue en terreno, sobre todo en regiones, para reforzar el trabajo que lidera el senador por Rancagua, Juan Pablo Letelier.

El acotado margen de acción de Elizalde

El principal escollo que ha debido enfrentar la actual directiva para uniformar los criterios al interior del socialismo en torno a la opción presidencial y sanar las heridas ha sido la polémica que se generó por la forma en que se invertían los dineros del partido.

Los defensores de Elizalde señalan que le tocó dar la cara en un caso complejo, cuando él no tuvo mayor injerencia en las decisiones que se tomaron respecto de los recursos. Mientras que los sectores críticos a su actuación estiman que "aplicó erróneamente" el modelo Caval para tratar la crisis, al enfrentar los cuestionamientos con la lógica de que no existía un ílicito en la forma en que se manejaron los recursos y que tardíamente se reconoció que el problema estaba en el eje de la legitimidad y la estética de las cuestionadas inversiones.

Además, en varios sectores del partido estiman que el ex ministro se preocupó de resguardar su imagen personal, más que de proteger los intereses del partido y de los ex presidentes de la colectividad. Hecho que, según esos análisis, le ha limitado el margen de negociación para aunar al PS tras la candidatura de Guillier.

 


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Foto:ATON


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