Publicación "¿Un cuarto cuaderno?"
Neruda antes de Neruda

Autor de varios libros dedicados a la vida del poeta chileno, Edmundo Olivares aborda su adolescencia recurriendo a la biografía y la ficción.  

Pedro Pablo Guerrero 

Ediciones NHR, sello del abogado y bibliófilo Nurieldín Hermosilla Rumié, publica este libro de forma levemente apaisada, es decir, más ancho que alto. Ancho, pero no ajeno, sino muy próximo, tan próximo que asume la apariencia de un diario íntimo. Y decimos apariencia porque, como bien se cuida de advertir su autor, Edmundo Olivares Briones, ¿Un cuarto cuaderno? Neruda antes de Neruda es una obra de ficción. No hay tal cuaderno, como sí existen los tres Cuadernos de Temuco (1919-1920), obsequiados por Neruda a su hermana Laura y que contienen la mayor colección de su poesía inicial. Subastados por Sotheby's en los 80, se publicaron como libro recién en 1997.

Olivares presenta a un Neruda adolescente escribiendo lo que le pasa, lo que siente y lo que piensa, en un grueso cuaderno fiscal que le regala su tío Orlando Mason, director del diario La Mañana, de Temuco. Es esta "una obra de invención, pero de invención apoyada en documentación real", insiste el autor.

Curioso libro este que simula ser un documento, como en el clásico recurso del manuscrito encontrado. La atribución a Neruda es plausible porque es sabido que el autor, además de poeta, fue memorialista. La consistencia de esta obra descansa en el profundo conocimiento de Olivares como biógrafo del escritor, suficientemente demostrado en la trilogía que integran Pablo Neruda: los caminos de Oriente (2000), Pablo Neruda: los caminos del mundo (2001) y Pablo Neruda: los caminos de América (2004). Cabe preguntarse por qué Olivares decidió en esta ocasión dejar el sendero conocido. Habla de biografía novelada, pero se queda corto, porque aquel híbrido textual, para muchos una quimera, rara vez asume una narración en primera persona, como sí lo hace en este caso. Olivares entra en la cabeza de Neruda, imagina su voz entre los 13 y los 22 años, supone cómo reacciona frente a un entorno hostil, en una ciudad de colonos donde solo cuentan la utilidad y el trabajo. Es cierto que testimonios hay en los textos autobiográficos de Neruda, así como en cartas y declaraciones de quienes lo trataron. Pero otra cosa es construir con estos materiales un mundo, convertir a personas en personajes, tramar con las relaciones un relato. Tal es el desafío que asume Olivares.

Sabemos, por ejemplo, de la tensa relación de Neruda con su padre, ¿pero cómo se expresaba a diario? El autor reúne gestos cotidianos de reprobación, escenas de ira, rabietas y amonestaciones que terminaban en portazos. En un cumpleaños Neruda es obligado a beber ñachi: la sangre aún tibia del animal, generalmente un cordero, recién degollado. Ritual que Neruda describirá en "La copa de sangre" (1943), prosa antologada en Para nacer he nacido (1978). El episodio que mejor resume la violencia del vínculo padre-hijo, desplazando a un sacrificio simbólico, el holocausto, el mandato y la prueba que siguen resonando desde la Biblia.

No por conocidos son menos interesantes los encuentros del joven Neruda con aquellos que alentaron sus pasos iniciales de poeta. Orlando Mason en primer lugar. Gabriela Mistral y su fervorosa recomendación de los autores rusos. Ya en Santiago, la capital -aunque Neruda diga en este libro que su capital son las palabras-, amigos capitales serán Alberto Rojas Jiménez y Tomás Lago. Más distante, pero decisivo, será Raúl Silva Castro. Cuando, en 1923, debute con Crepusculari o , desde La Nación lo apoya el crítico Hernán Díaz Arrieta, Alone. En Uruguay acusa recibo Sabat Ercasty. Leer las primeras reseñas de su obra con los ojos de Neruda aporta matices que antes se escapaban.

Encomiable es la libertad que Olivares, biógrafo cabal y minucioso, se toma al alterar el orden cronológico en que transcurrieron ciertas vivencias de Neruda. Él sabe perfectamente que en Confieso que he vivido , el episodio de "La casa de las tres viudas" es anterior al de "El amor junto al trigo" en la primera parte del libro ("El joven provinciano"). Sin embargo, en ¿Un cuarto cuaderno ? Olivares invierte la secuencia y Neruda llega al aserradero de las viejas inmigrantes francesas, después de su iniciación sexual en la trilla de los Hernández. ¿Por qué no? Son los fueros de la ficción.

"Si yo no fuera poeta, entonces creo que sería novelista", son las palabras que Olivares pone en boca de Neruda. Ignoramos si alguna vez las dijo o las escribió. Pero en el cuaderno que va llenando el joven Neftalí Reyes, antes de llamarse Neruda, resultan verosímiles. Es un privilegio inesperado ponerse en su lugar a esa edad, gracias al uso de la primera persona y de frases cortas, impresionistas, espontáneas, como son las que empleamos cuando hablamos con nosotros mismos. ¿Un cuarto cuaderno? funciona como máquina del tiempo, en un tiempo que todavía no ha sabido inventarlas. A falta de ellas, la literatura sigue siendo la única tecnología capaz de recuperar el tiempo perdido. Edmundo Olivares nos hace viajar a la primera juventud del poeta. "Neruda antes de Neruda", como dice él.

 


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Neruda en 1919, a los 15 años (Archivo Dibam).
Neruda en 1919, a los 15 años (Archivo Dibam).

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