Otra vez el frío

la crítica de Pedro Gandolfo 

Mike Wilson, en Ártico , vuelve a interponer cierto atractivo temblor acerca de la escurridiza identidad de su escritura. Así, el texto está compuesto en base a tres elementos prolijamente trabados: dos epígrafes, un largo listado de versos cortos y una fotografía. Los epígrafes señalan el marco de referencia cultural que limita los sentidos del texto: el primero es la cita de la letra de una célebre canción de Haven Gillespie, "Santa Claus is coming to town", que alude a la "lista" chequeada dos veces, que separa a los buenos y malos, epígrafe que de algún modo introduce la canción entera de modo poderoso en el propio texto de Ártico , casi como contrapunto. A su vez, el segundo epígrafe, tomado de La carretera , de Corman McCarthy, alude al frío, a la "lista" que se debe hacer, a la letanía y al recordar. Los dos epígrafes son por completo pertinentes, nada ornamentales, orientando la lectura del texto que viene, sus sentidos y su forma.

La fotografía, en blanco y negro, a su vez, muestra un par de pies calzados sobre la nieve gris, áspera, hostil.

El texto que se sostiene entre los epígrafes y la fotografía sorprende por su despojamiento. Dispuesto como si fuese un poema en versos breves, máximo unas ocho sílabas, sin ningún signo de puntuación ni pausa, con un léxico directo, discurre en un solo aliento, como una caminata larga, sin referencias literarias o culturales agregadas explícitamente, áspero a veces, sin ninguna concesión a un lirismo sentimental, perturbador, desolador, rudo.

En Ártico existe una clara narratividad que, por el lado más exterior, cuenta el viaje por una ciudad invernal y baldía de un hombre que habla en primera persona y su hablar es como el confeccionar una lista, un registro de imágenes sensoriales, una enumeración de objetos, una descripción escueta de acciones. El viaje tiene como punto de partida un zoológico desierto de animales, sustituidos por animales postizos, zoológico donde el narrador poético se reviste de un disfraz abandonado de Santa Claus. El ambiente es de una Navidad estropeada, polar, solitaria, en el cual los únicos acompañantes son el guardia azul del zoo, omnipresente, que persigue, golpea y hiere al caminante sonambúlico, sin expresión de motivación o causa, y los parroquianos y la mesera coja de un bar en el cual el hablante se detiene a tomar aliento.

En medio de esa desolación, de ese páramo hostil, en que lo real, incluso el propio yo, se esfuma y tambalea, en que todo parece ser ausencia y simulacro, salvo el frío, el frío que es un anticipo simbólico del rigor mortis , brota, intempestivo, el recuerdo de un ser amado. El poema, esta letanía de imágenes, se convierte desde entonces, en una invocación y búsqueda de la amada ausente en medio del frío, la soledad y la inminencia de la muerte.

La operación insistente del "listado" que realiza Wilson parece llevar a cabo una fragmentación o vaciamiento de la realidad representada. La zozobra del hablante se produce por la escisión entre las cosas y sus significados que lo dejan sin un mundo o con un mundo degradado. Mientras más regresa la enumeración de lo sensorial y de los objetos, más estrecho, delgado y fugitivo es el mundo del poeta, que desciende sin nada a qué aferrarse sino a la memoria, al recordar, un elemento también incierto, evanescente, que avanza y retrocede y luego avanza. La racionalidad misma del narrador, como el mundo en que se espejea, se halla sumamente rarificada, sobre el límite mismo de la cordura. Los personajes se deslizan por el texto, por momentos dotados de un humor oscuro y de una extraña densidad existencial, que recuerda algunos pasajes de El Castillo , de Kafka.

Por cierto que este texto se abre a múltiples lecturas, pero no es un texto que urda una vaga alegoría que pueda dar lugar a cualquier interpretación. Wilson es un autor en nada ingenuo y el poema se mantiene asido, con gran unidad e integridad, de punta a cabo.

Es bello como, hacia el final, la ausente, la mujer amada, cuya existencia frágil pertenece solo a la memoria, es el elemento que, aunque no está y por ello puede ser invocada, acude tenuemente hasta el hablante en medio del frío de las cosas y del mundo que se agota de modo irreversible: "Trato de mantenerte/ en mi mente/ eres una luz tenue/ que huye/ un trazo elusivo/ que tenía su forma/ pero no permanece/ apenas un contorno/ que se aleja / por los paisajes remotos/ y en la mancha fría/ se extingue/ Así como las estrellas/ y su fulgor/ fantasmal/ mi dibujo ártico/ se expande/ en la nieve".

Ártico, de Mike Wilson, es un ejercicio poético logrado, consistente y sugerente, que añade una dimensión nueva y valiosa a su trayectoria literaria.

MIKE WILSON SAN LUIS, MISURI, 1974
Escritor estadounidense-argentino radicado en Chile. Profesor de la PUC, estudió Literatura Hispánica en la U. de Cornell, Nueva York. Es autor de las novelas  Nachtrópolis (2003), El púgil (2008), Zombie (2009), Rockabilly (2011) y Leñador (2013, Premio de la Crítica y Premio del Consejo del Libro) así como de los ensayos Where Is My Mind? Cognición, literatura y cine y Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas .

 


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